Recorrido de 3 semanas por Nueva Zelanda. Impresiones finales

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Parque Nacional de Tongariro. Una maravilla los colores de las lagunas y la tierra.

Desde mi punto de vista, Nueva Zelanda es un reducto de la naturaleza. Uno de esos pocos sitios verdaderos que quedan en este Mundo donde la civilización corrompe, contamina y destruye tantas cosas bellas.

Fue el país que inspiró mi primer viaje de larga duración, allá por el año 2003, y regresé 8 años después para comprobar que, felizmente, no muchas cosas habían cambiado.

Para explorar adecuadamente un país como Nueva Zelanda, debes dedicarle un mínimo de 4 semanas. Además, su lejanía respecto de casi todo el Mundo -es el país más alejado de España- y el elevado coste del billete de avión, también son razones que aconsejan quedarte un buen tiempo por allí.

Para los más freaks -como yo- el hecho de poder ver dónde se rodaron las escenas de El Señor de los Anillos es, sin duda, un gran plus. Igualmente, no se necesita más incentivo que la belleza de su naturaleza en sí.

A finales de Mayo aterrizábamos en la ciudad de Christchurch procedentes de Melbourne, Australia. Es el principal aeropuerto de la Isla Sur y poseía uno de los centros históricos más emblemáticos del país, pero fue tristemente destruído en la serie de terremotos que la sacudieron en 2011.

El lago cercano a Twizel, camino al Monte Aoraki.

Tras unos días en la ciudad alquilamos nuestra Toyota Estima , que se convertiría en nuestra compañera inseparable para el resto del viaje.

Pusimos rumbo suroeste para llegar al Monte Aoraki, la montaña sagrada de los maoríes y pico más alto del país. Allí conocimos al gran Greg, que nos descubrió el secreto de la reforestación como forma de ganarse la vida mientras viajas.

Después de un par de días con él, nuestros caminos se separaron y el nuestro nos llevó a Queenstown, meca mundial del deporte de aventura. La nieve aún no había llegado y las estaciones de esquí estaban todas cerradas así que subimos hacia el Norte, buscando los fantásticos glaciares de Fox y Franz Josef.

Monte Cook.

Ya con el tiempo un poco justo -o al menos eso creíamos nosotros porque nuestro vuelo a Sudamérica acabó retrasándose 15 días por las cenizas de un volcán chileno- seguimos yendo dirección Norte hasta el Parque Nacional de Abel Tasman.

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Allí recorrimos parte de sus senderos junto al mar y nos quedamos con las ganas de recorrer sus costas en kayak, tal y como hice en el 2004.

Aquí dimos por acabado nuestro recorrido en la Isla Sur y nos embarcamos, junto a nuestra Blondie, en el ferry que nos cruzó de Picton a Wellington.

Paisaje espectacular cerca del glaciar Franz Josef

Desde la capital neozelandesa fuimos hacia el Parque Nacional de Tongariro para realizar el trekking de un día más espectacular del país y de los mejores del Mundo. Nos adentrábamos en Mordor.

Y de Mordor a Hobbiton -Matamata-, pasando antes por la zona donde confluyen fuerzas geotérmicas con las hidraúlicas: Rotorua y Taupo, con sus Hukka Falls.

Matamata, la región que hospeda Hobbiton.

Acabamos nuestro periplo en las playas de la costa Oeste de Auckland. Las arenas negras de Muriwai son objeto de devoción de surfistas y pescadores que vienen de la ciudad más poblada de Nueva Zelanda a pasar los fines de semana o veranear.

Después pasamos en Auckland más días de los que pensábamos y queríamos, porque la ciudad no tiene mucho de especial.

En mi primer viaje al país también visité otros lugares preciosos como las cuevas de Waitomo, donde hicimos el black water rafting y vimos los famosos glow-worms -luciérnagas- en los techos bajos de las cuevas llenas de agua. También pasamos 4 días de duro trekking en la zona de Glenorchy (Routeburn), cerca de Queenstown.

Allí perdimos nuestra tienda de campaña en un temporal de viento y agua y pasamos grandes aventuras y mucha hambre y cansancio. Los paisajes eran para quitar el habla…¡Pero no el hambre!. Un recuerdo espectacular.

Itinerario que seguimos en el 2011

A pesar de las 8 semanas que he pasado allí -sumando ambos viajes- creo que aún me quedan muchos sitios por descubrir, como Otago, el maravilloso Milford Sound, la zona al Norte de Auckland de vastas playas desiertas o el helado extremo de la Isla Sur.

Un país maravilloso donde te fundes con la naturaleza y puedes vivir olvidándote un poco de la corrupción política, los atascos, la contaminación y tantos otros problemas cotidianos del mundo civilizado.

I love New Zealand. ¡Kia Ora!.

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Una respuesta
  1. Danie 11 noviembre 2014