Visitando el Valle de Lecrín en Granada

Uno de los tesoros escondidos, tanto patrimoniales como paisajísticos, de la provincia de Granada

España

Al suroeste de las estribaciones de la bella Sierra Nevada, el valle de Lecrín nos regala un sinfín de atractivos paisajísticos y culturales que lo convierten en un completo destino turístico cuya belleza aumenta, precisamente, por ser muy desconocido. Y es que apenas encontramos referencias sobre este lugar cuando buscamos información para preparar nuestro viaje. Sus frescas huertas de cítricos y olivos, ríos, montañas, bosques, antiguos castillos e iglesias, humedales y encantadores pueblos blancos parecen haber sido ocultados por la neblina proveniente de los altos picos de Sierra Nevada, como un tupido manto que no quiere desvelar los preciosos secretos que oculta. Mejor así, visitar el valle de Lecrín fue una fresca sorpresa que nos permitió volver a casa con otro tesoro viajero en la memoria.

Antes de comenzar con los pormenores de las muchas cosas que vimos en el valle de Lecrín, vamos a dejaros algunas cuestiones prácticas que os pueden ayudar a planificar vuestro viaje a esta bella parte de Granada.

VIAJA TRANQUILO, VIAJA ASEGURADO
El seguro de viajes de Iati incluye COVID-19 y cuarentena por contacto directo
Haz click para más info y llévate un 5% de descuento.

Cómo llegar al valle de Lecrín

que ver en valle de Lecrín

Puente sobre el río Dúrcal. Foto © David Escribano

Aunque los pueblos del valle se encuentran comunicados por transporte público, lo cierto es que la mejor manera de llegar – y recorrer – al valle de Lecrín es en tu propio vehículo. Las carreteras son sinuosas y estrechas (típicas carreteras comarcales de montaña) y lo mejor es que viajes sin ninguna prisa.

Desde Granada al corazón del valle tendrás que conducir unos 42 minutos (38 km), pero si quieres ver los distintos puntos interesantes que te vamos a recomendar, prepárate para unas cuantas horas más al volante.

Cuál es la mejor época para visitar el valle de Lecrín

Barranco de la Luna. Foto © David Escribano

La mejor época del año para visitar el valle de Lecrín es la primavera, seguida por el otoño. En primavera, la explosión de colores es espectacular. Las fragancias del campo se mezclan con las de las huertas, creando un ambiente idílico acompañado por temperaturas agradables.

El verano suele ser demasiado tórrido durante el día, mientras que el invierno es bastante frío. En otoño, los árboles de hoja caduca (aunque no son mayoría) brillan bajo la luz del sol otoñal, convirtiendo parajes naturales como el del río Dúrcal o el barranco de la Luna en lugares en los que querrás quedarte un buen tiempo.

Cuántos días necesito para visitar el valle de Lecrín

Nosotros recorrimos el valle de Lecrín en poco más de una jornada y media. Sin embargo, nos quedaron cosas por ver y en algunos lugares nos habría gustado quedarnos más tiempo. Para conocer el valle en profundidad necesitarás, al menos, tres días. Eso te permitirá detenerte con tranquilidad en los sitios que más te atraigan y podrás profundizar en las raíces culturales, patrimoniales y paisajísticas de la zona.

Dónde dormir en el valle de Lecrín

Fuente en Nigüelas. Foto © David Escribano

A la hora de buscar dónde dormir en el valle de Lecrín, podrás elegir entre un estupendo abanico de casas y hoteles rurales, así como apartamentos ubicados en los bellos pueblos de la zona. Algunos que te podríamos recomendar son los siguientes:

  • Casa Limón: preciosa casa rural situada en la población de Pinos del Valle. Ideal para practicar senderismo, esquí y ciclismo, así como para descansar y desconectar. Los anfitriones son realmente amables y el desayuno un espectáculo.
  • El Secreto del Olivo: un lugar familiar en el que la dueña, Inmaculada, se muestra inmensamente cercana y amable con todos sus huéspedes. Las habitaciones son rústicas y acogedoras, contando con bellas zonas comunes entre las que destaca su antiguo patio interior. Posee restaurante que opera los fines de semana y un servicio de masajes que merece la pena probar.
  • La casa de Almocita: apartamentos que cuentan con todo lo necesario para pasar unas vacaciones maravillosas e independientes en el valle de Lecrín. Se encuentran en el pueblo de Dúrcal, pudiendo disfrutar de los muchos senderos que se hallan junto al precioso río Dúrcal.

Dónde comer en el valle de Lecrín

En el valle de Lecrín podrás degustar estupendas carnes y verduras, destacando el codillo de cerdo, las chuletitas de cordero a la brasa, distintas variedades de queso y buenos vinos. Algunas de las mejores opciones donde comer en el valle de Lecrín son:

  • Restaurante Venta Natalio: una casa familiar fundada en 1938 que ya va por su cuarta generación. Se encuentra en Talará y ofrece unos platos exquisitos, entre los que destacan el bacalao Natalio, el choto, la pierna de cordero, el cochinillo o el codillo de cerdo.
  • Bio-Dúrcal: con una cocina basada en los platos tradicionales elaborados con los productos cultivados en las huertas que rodean al restaurante. Cuenta con varias zonas de restauración (restaurante Tahona, restaurante del Lago y un bar).
  • Señorío de Nevada: ofrece un diseño moderno totalmente fusionado con su entorno, y unas espectaculares vistas a Sierra Nevada, que se alza sobre un manto de viñedos. En sus platos, un poco de todo lo comprendido en la cocina mediterránea, elaborado con imaginación y estética.

Los mejores lugares que ver en el valle de Lecrín

Y ahora que ya tienes controlada toda la logística para poder viajar al valle de Lecrín con garantías, llega el momento de contarte las cosas que más nos gustaron de nuestro viaje por esa zona.

Móndujar y el castillo de Zoraya

que ver valle de lecrin

Vistas de Móndujar desde el cerro donde se encuentra el castillo de Zoraya. Foto © David Escribano

La pequeña localidad de Móndujar aparecía tranquila la tarde que la visitamos. Unos ancianos, cuyas miradas rebosaban curiosidad y vitalidad, nos observaban con interés desde su puesto privilegiado a la sombra de un gran naranjo. Uno de esos puntos estratégicos descubiertos por su vasta experiencia y desde el que se controlan todos los movimientos de la gente del pueblo y los «extranjeros».

Fuimos a visitar la iglesia parroquial de San Juan Bautista, dedicada a la Encarnación y que cuenta con una sola nave y un hermoso retablo del siglo XVII. Como solía ser habitual, se construyó sobre los restos de una mezquita, en el siglo XVI.

NO ESPERES A RESERVAR TU COCHE DE ALQUILER
No esperes hasta el último momento para reservar tu coche de alquiler. A través de Rentalcars encontrarás el mejor precio del mercado y servicio de cancelación gratuita.
Pincha aquí para hacer tu reserva.

Dando un corto paseo desde la iglesia, llegamos a las Termas Romanas de Feche, que fueron descubiertas al realizar excavaciones para colocar los cimientos de una vivienda. Según las piezas encontradas, los arqueólogos han determinado que fueron utilizadas entre los siglos I y IV, pudiendo formar parte de una gran villa (por lo que serían privadas). Los restos pertenecen a las dependencias dedicadas a baños calientes y una piscina semicircular de unos 7 metros de diámetro.

Ruinas del castillo de Zoraya. Foto © David Escribano

Sin embargo, el tesoro de Móndujar que más nos gustó fueron las ruinas del castillo de Zoraya. Eso sí, no es sencillo llegar a ellas. Para hacerlo, dejamos el coche aparcado cerca de la autovía (junto a unos campos de naranjos) y anduve entre terrazas de olivos teniendo como referencia la gran cruz que corona la cima de uno de los cerros de Móndujar. Junto a la cruz se hallan las ruinas del castillo. Para explorarlas de cerca tuve que trepar por una ladera bastante empinada, pero mereció la pena.

Se dice que en esta fortaleza fue construida para la bella Isabel de Solís, una doncella cristiana de quien quedó prendado el rey árabe Muley Hacén. Ella se convirtió al islam y tomó el nombre de Soraya (o Zoraya), originando el odio eterno de la sultana Aixa, primera esposa de Muley Hacén y madre de Boabdil. Finalmente, el rey perdió su reino y se refugió en ese castillo con su amante.

Ya atardecía cuando alcancé la cima y las vistas desde allí eran espectaculares.

Nigüelas

nigüelas lecrin

Iglesia de San Juan Bautista en Nigüelas. Foto © David Escribano

Llegamos al pueblo de Nigüelas una tranquila mañana de domingo. Las estrechas callejuelas del centro estaban silenciosas y la gente bostezaba en las casas de fachadas blancas que se asomaban a ellas. Así, en medio de un silencio sepulcral tan solo interrumpido por el canto de algún gallo despistado o el sigiloso caminar de los omnipresentes gatos de Lecrín, llegamos a la bella plaza de la iglesia de Nigüelas.

La iglesia de San Juan Bautista fue construida en la segunda mitad del siglo XVI, entre 1550 y 1560 (década en la que se construyeron la gran mayoría de las iglesias que se pueden ver hoy en el valle de Lecrín). Destaca su torre (restaurada en el siglo XVIII), el retablo de la capilla mayor (siglo XVIII) y los bellos atriles.

Por lo demás, es un pueblo ideal para tomarte unas tapas y disfrutar de la vida a un ritmo pausado.

El río Dúrcal

Río Dúrcal. Foto © David Escribano

Cerca de Nigüelas se halla el río Dúrcal y una pequeña población homónima. Llegamos a él con el coche, justo casi en la zona en la que las frescas aguas del río corren por debajo del famoso puente de metal que fue construido en 1924.

El río Dúrcal de alimenta de las aguas proveniente de las nieves de Sierra Nevada, en la vertiente de la sierra de Dúrcal, que posee picos de más de 3.000 metros de altura. Nace en la laguna del Carnero, a 2.700 msnm, y desciende hasta la vega de Dúrcal tras dar impresionantes saltos por pendientes pronunciadas. Antes de unirse al Guadalfeo para morir en el Mediterráneo, pasará también por las poblaciones de Conchar, Melegís, Restabal, Béznar, Pinos e Izbor.

Nosotros visitamos la zona cercana al pueblo de Dúrcal, donde existen cortijos, campos de cultivo y casas de campo. Desde allí partían varios senderos que seguimos durante un rato, aspirando el fresco olor de esa mañana otoñal y disfrutando del espectáculo visual que nos brindaban los árboles de hoja caduca.

Si dispones de más tiempo y te gusta la aventura y el deporte activo, quizás quieras buscarlos saltos de agua que hay más adelante, como los del Tigre, Poyos y Triplete (de difícil acceso y para los que necesitarás cierta experiencia y equipo técnico) y los del Canal de Fuga, Los Bolos y Tres Chinas (algo más sencillos y accesibles).

También encontrarás antiguos molinos, casas rurales y restaurantes (como el Molino de Lecrín).

La laguna de Padul (o laguna de El Padul)

que ver en el valle de lecrín

Foto © David Escribano

El mayor humedal de la provincia de Granada (ocupa una extensión de unas 60 hectáreas y es el segundo mayor carrizal que posee Andalucía, tan solo superado por Doñana) nos recibió con un colorido brillante bajo el sol otoñal. Se trata de un heredero del amplio lago que ocupaba su cuenca hace miles de años.

Una pasarela de madera une los distintos puntos ideales para avistamientos de aves. Y es que en la laguna de Padul se han llegado a contabilizar más de 150 especies de aves diferentes, entre las que destacan la garza real, el martín pescador, el zampullín chico o el aguilucho lagunero. Además, se pueden realizar visitas guiadas a la laguna contactando con el Aula de la Naturaleza El Aguadero (también conocida con el nombre de Estación Ornitológica de Padul).

Aquí también disfrutan sin medida los paleontólogos, pues aparecen, con cierta frecuencia, restos de mamuts y otros animales que habitaron el lugar durante la Prehistoria.

Los fines de semana y festivos, la laguna de Padul se convierte en uno de los mejores destinos para las familias locales, ya que incluso cuenta con algunas mesas de picnic y los paseos son aptos para gente de todas las edades y condiciones físicas.

El Barranco de la Luna

Parte del Barranco de la Luna. Foto © David Escribano

La del Barranco de la Luna es una de las mejores rutas senderistas que se pueden hacer en el valle de Lecrín. El trazado discurre por una garganta natural, excavada por el agua, que se encuentra junto a la localidad de Saleres.

Se trata de una senda corta, de poco más de 700 metros (aunque el recorrido total de la ruta se amplia a 4,14 km), pero de una belleza impactante. El camino es estrecho e irregular, colándose por angostos pasos custodiados por altas paredes de rocas de distintos colores. En los días soleados, la luz se filtra por las oquedades sacando magníficos colores de la piedra y la vegetación que la cubre aquí y allá. En períodos de lluvias, la garganta se suele encontrar inundada, siendo necesario salvar algunas pozas y saltos de agua, pero sin exigir unas habilidades técnicas especiales. Sobre todo en verano, es una ruta refrescante y cautivadora.

Hay varios lugares más que ver en el valle de Lecrín, pero los dejaremos para nuevas visitas en una tierra que nos maravilló.

Mapa de los mejores lugares que ver en el valle de Lecrín

Quizás te resulte útil este pequeño mapa con los lugares de los que te hemos hablado en este artículo:

blank

5/5 - (1 voto)

TFW

Política de transparencia: En Viajablog encontrarás información para viajar repartida en 6000 artículos como este, que abarcan todos los continentes y que son fruto de nuestro tiempo y esfuerzo, además de pasión. En esos artículos pueden aparecer enlaces a productos y servicios de utilidad para tus viajes (como hoteles, seguros de viaje, etc.) que nos proporcionan una pequeña comisión si los compras o contratas a través nuestro, pero que en ningún caso suponen un aumento de precio para el lector.


Deja tu respuesta

Como usuario nos encantaría que participaras en la conversación. Siguiendo la normativa de protección de datos RGPD podrás encontrar toda la información relativa a los términos y condiciones legales que definen las relaciones entre los usuarios y Viajablog en la página dedicada a la política y privacidad.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *