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Ruta de viaje por los Países Bálticos y Polonia

Recorrido de tres semanas por Helsinki, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia

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Desde que los Países Bálticos se abrieron a la Europa occidental han constituido un creciente destino turístico. La mentalidad abierta de sus gentes ha ayudado a que estos tres pequeños países se hagan un hueco entre los destinos predilectos del noreste del continente.

El pasado soviético sigue latente en algunas zonas rurales, el arte y la historia adornan ciudades como Tallinn, Riga o Vilnius con un halo especial y si todo esto lo unimos a una población joven y dinámica tenemos una mezcla perfecta que engloba modernidad, un poso cultural potente, diversión y curiosidades de un mundo comunista no tan alejado en el tiempo.

A continuación relataré un viaje de tres semanas que realicé cubriendo la distancia entre Helsinki y Varsovia cruzando Estonia, Letonia, Lituania y varios lugares claves de Polonia. Escogí Helsinki y Varsovia como puntos de inicio y final al viaje gracias a las buenas ofertas de vuelo que encontré desde Barcelona. Las casi tres semanas entre ambos aviones me permitirían conocer de forma independiente un extenso territorio cubierto por cinco países.

Medios de transporte

Existe una buena comunicación de transportes en cada uno de los países:

  • El ferry entre Helsinki y Tallinn une Finlandia con Estonia en un par de horas.
  • Las líneas de autobuses de Eurolines cubren por vía terrestre gran parte de los países bálticos.
  • El tren fue mi principal medio de transporte por Polonia gracias a su amplia red ferroviaria en el país.
barroco vilnius lituania

Una de las centenares de iglesias barrocas que encontraréis en Vilnius

Planificación y ruta del viaje por días

Pinchando en cada uno de los destinos llegaréis directamente al contenido.

Día 1: Llegada a Helsinki desde Barcelona
Día 2: Helsinki y Soumenlinna, Finlandia
Días 3 y 4: Tallinn, Estonia
Día 5: Tartu, Estonia
Día 6: Haanja, sur de Estonia
Día 7: Rouge, sur de Estonia
Días 8, 9 y 10: Riga y Jurmala, Letonia
Día 11: Sigulda y Cesis, Letonia
Día 12: Vilnius, Lituania
Día 13: El castillo de Trakai, Lituania
Días 14º y 15: Gdansk y Poznan, Polonia
Día 16, 17 y 18: Cracovia y Auschwitz, Polonia
Día 19: Varsovia y vuelta a Barcelona.

Llegada y visita a Helsinki

El vuelo a Helsinki desde Barcelona partió a la una de la madrugada. Una hora intempestiva que además de barato te ahorra la primera noche de hotel aunque debo decir que la experiencia no es muy saludable. Llegué a Helsinki tras tomar el autobús 615 desde el exterior de la terminal del aeropuerto y a las 5 y media de la madrugada me encontraba ya por las calles de la capital finlandesa. Me tocó desfilar por una ciudad fría y acompañado de fantasmas durante unas buenas horas.

La Catedral de Tuomiokirkkoi en Helsinki

Pensé que llegado el mediodía la cosa cambiaría, pero no. La ciudad es tan tranquila que casi vi el mismo número de gente a las 6 que a las 12 del mediodía. Me dediqué a buscar hostal barato y la verdad que de barato hay poca cosa por estos países del norte. Por más inri, los alojamientos más económicos parecían estar todos al completo. Me dediqué a dar tumbos por la ciudad, pateándome todos y cada uno de los hostales (no muchos, por cierto) para encontrarlos todos llenos.

Finalmente acudí a esa i internacional de turismo que encontramos en todas las ciudades turísticas. Más que i de información parece decirnos i de ¡Idiotas, acudid!. Así de estúpido me sentí tras haber obviado la reserva de la primera noche del viaje. Les pedí consejo sobre donde podía alojarme. Cinco euros por el servicio y me encontraron una pensión donde una mujer alquilaba una habitación por 40 euros. Teniendo en cuenta que me hallaba en un país nórdico y que ya estaba harto de dar vueltas, la tomé.

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el centro de Helsinki podrás hacer en el siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

Ante Helsinki se abre un archipiélago de islas diseminadas ante ella. Hay numerosos parques que le dan vida a la ciudad y los edificios son de bajas proporciones. No hay estilos arquitectónicos que nos sorprendan pero sí crean una bella armonía entre ellos.

Una de las cosas más curiosas es sin duda la luminosidad que desprende el sol en esas latitudes tan altas. Da lo mismo que el reloj marque las 5 de la mañana o las 11 de la noche que va a ser la misma. Es como si el sol fuera una bombilla cuidadosa con el medio ambiente guardando su energía.

También sorprende la tranquilidad en sus calles, encontrarse con centenares de bicicletas aparcadas sin candado, los carriles bici se respetan, incluso los peatones lo respetan.

Soumenlinna: Una fortaleza en el mar Báltico

Al segundo día de mi viaje me di un paseo por la estupenda Helsinki en un día que no esperaba ser tan clareado y caluroso. Aproveché la buena suerte para pasear por el mercado y luego dirigirme al puerto. De ahí tomé un ferry para visitar la isla de Soumenlinna.

Se trata de una de las mayores islas del archipiélago que rodean la capital finlandesa. El ferry tarda tan sólo unos 15 minutos y un billete de ida y vuelta es de unos 5 euros.

Es una buena escapada para un día. Antes la isla era una fortaleza militar dominando el mar báltico donde hoy en día viven unas cuantas familias –un total de 900 personas- y parece que no hayan cambiado mucho sus hábitos desde el siglo XVIII. Sorprende ver este estilo tranquilo de vida a 15 minutos en barco de una capital europea.

El lugar fue dominado por los suecos, por los rusos y finalmente por los finlandeses. Fue declarada Patrimonio Universal por la Unesco a principios de la década de los noventa gracias al tesoro histórico y cultural que representa para el país. Además es un lugar precioso con una costa brava, las ruinas reconstruidas de la fortaleza cuyos muros palpitan historia y unos senderos preciosos donde pasar una apetecible mañana.

Además encontrarás más de una casa por el camino donde ofrecen cafés y pastas con su propio encanto casero.

En ferry a Tallin desde Helsiniki

Salí de Helsinki con destino a Tallinn a través de uno de esos ferries que cruzan el mar Báltico. Existe más de una compañía y los precios difieren dependiendo de la velocidad con la que llegan al destino.

Había escuchado historias de ferries por estas latitudes donde la gente se monta una buena fiesta, con alcohol exento de tasas y mujeres increíbles. Creo que no tuve demasiada suerte. Escogí la Viking Line y los vikingos me depararon un viaje rápido surcando el mar Báltico hasta Estonia pero por desgracia todavía estoy esperando a que alguna vikinga se levante y con cubata en mano se ponga a bailar en la popa.

Al llegar a Tallinn me sorprendió que tuviera que olvidarme de la chaqueta y con manga corta me decidí a explorar este tesoro guardado de la Europa del este.

Escogí antes de todo el hostal más barato de la ciudad: El Old Town Hostel. Más que un hostal se trata de un par de habitaciones con literas y punto. Un baño, una cocina y sin paredes. Poco más. Si vais a vuestro rollo y no pensáis quedaros muchas horas por el hostal es sin duda lo más económico: 13 euros. Por la misma calle encontrareis otras opciones algo más “delicadas” (paredes y puertas) por algunos euros más.

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el mismo hostal que yo en Tallinn podrás hacerlo a través del siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

Visita a Tallinn

Pasear por Tallinn es un placer para los ojos (art noveau, calles empedradas, cafés modernistas, impresionantes mujeres) y también para la tripa con menús baratos y de buena calidad.

El centro histórico de Tallinn

En la plaza Raokoja se concentra el punto principal de la ciudad y sus calles más antiguas. Se trata de una de esas plazas donde uno abre la boca y no la cierra hasta pasados unos minutos. Sólo me ha pasado eso en otras plazas como la de Cracovia, el Obradoiro de Santiago, la Wenceslao de Praga o la de Tiananmen en Pekín (esta última únicamente por su tamaño, poco más).

A partir de la plaza Raokoja un sinnúmero de calles medievales se abren conectando el casco viejo con la plaza y lo mejor es leerse los puntos más importantes de la guía, olvidarse del mapa y salir a la aventura y perderse y volverse a perder por la fascinante Tallinn.

De noche, me junté con un brasileño que conocí en el hostal y disfrutamos de la Tallinn nocturna. Cuando se acerca la medianoche la ciudad vibra con un montón de clubs, bares y mucho alcohol hasta que uno busca la calle del hostal para descansar de esas vacaciones tan bien empleadas!

Tartu: Un descanso para el viajero entre Talinn y Riga

Tartu es la segunda ciudad para visitar de viaje en Estonia por excelencia. Llegué en autocar desde Tallinn en unas pocas horas y me dirigí hacia el Hostal Universitario.

En la misma universidad de Tartu ofrecen habitaciones para alquilar a precios muy razonables. Por 25 euros tienes una doble con cocina y baño compartido con otras dos habitaciones en el mismo nivel. Las instalaciones son nuevas, limpias y el precio es inmejorable. Existen dos Hostales Universitarios, uno un poco alejado del centro y el otro justo en la misma calle enfrente del ayuntamiento de la ciudad cruzando el río.

Tartu es también la capital espiritual para los habitantes del país. Una bonita y pequeña ciudad báltica que, aunque no rebose de las excelencias de Tallinn en cuanto a arquitectura, sí desprende una atmósfera agradable y goza de unos buenos cafés y terrazas para tomar algo y ver la vida pasar. Además está repleta de gente joven gracias a gozar de una de las universidades más grandes del país.

estatua tartu

Estatua frente al Ayuntamiento de Tartu

La estatua de una pareja besándose ante el Ayuntamiento enamora a más de uno. Los preciosos detalles en cada una de las farolas y la limpieza que rige las calles de la ciudad parece decirnos que la ciudad es un escaparate alejado del día a día del ser humano.

Tiene zonas verdes e incluso un monte con ruinas de la ciudad antigua y los restos de su catedral donde puede verse la ciudad desde lo más alto. El mismo río que cruza la ciudad por el centro también tiene un par de playas acondicionadas para el baño en los pocos días de verano que el país goza.

En la misma Universidad os espera una curiosa visita. Se trata de la celda de castigo donde los estudiantes eran encerrados durante los años del siglo XIX si se portaban mal. Se trata de áticos que hoy en día pueden visitarse y uno se imagina ahí encerrado por tirar una bola de papel o vete a saber tú! En las mismas paredes todavía pueden verse grabados a pluma de los mismos estudiantes que les tocó semejante calvario.

Desde la ciudad de Tartu existen buenas conexiones de tren y autocar a la mayoría de puntos de los países bálticos como Tallinn o Riga. Además, Tartu es un punto de partida ideal para explorar la zona sur de Estonia repleta de bosques frondosos y lugar todavía por explorar.

Haanja: viaje alternativo al sur de Estonia

Salí de Tartu con el autobús en un viaje que me dejó en la Estonia profunda. El sur de Estonia alberga las montañas más altas del báltico. La más alta no llega ni a los 320 metros pero ofrece unos bosques frondosos dignos de cualquier manada de elfos.

Así que, subido al bus, admiré estos parajes donde cuesta encontrarse con un pueblo y más todavía con un núcleo urbano. La población en Estonia supera por pocos números el millón de habitantes y la mayoría se halla en las mayores ciudades del país. Así que por esta zona remota y olvidada del sur abunda la naturaleza y de vez en cuando se deja ver algún pueblecito que sigue la pausada y tradicional vida de los países del este.

Llegué a Haanja donde esperaba encontrar algo de información acerca de la zona. La Lonely Planet apenas hablaba unas tres lineas del lugar así que esperaba dar con alguna información local respecto a hostales y algún bar o restaurante donde zamparme alguna cosa.

Poco encontré. Una escuela y el centro del parque natural de Haanja cerrado. La gente muy amable pero información poca. De todas maneras hallé un letrero que anunciaba un hostal por el interior del bosque y hacia allí me dirigí. Tras unas horas de camino por tierra encontré el hostal. El asfalto desaparece en estas zonas abandonadas a la naturaleza y –a pesar de la mochila- daba gusto pasearse en un día soleado por esos parajes.

estonia haanjaEl hostal se hallaba en un lugar llamado Kaldemäe. Apenas un par de casas dispersadas a las afueras de Haanja. Si queréis encontrarlo virad a la izquierda al primer desvío al salir del pueblo y caminad un kilómetro más o menos. Lo encontraréis a vuestra izquierda.

Cuando por fin arranqué la mochila de mi espalda me puse pantalones cortos, cogí la bolsa pequeña y agarré algo de comida y agua y me dispuse a trotar por la zona. Si uno tiene alma de atleta y esta en buena forma, correr es una alternativa en vuestros viajes. Especialmente en lugares donde los senderos se bifurcan continuamente por el bosque y uno carece de bicicleta para hacerlo.

Llegué al Suur Munamagi, el pico más alto de Estonia que aunque solamente llegue a los 318 metros ofrece unas vistas maravillosas de los prados y los bosques que lo rodean. Luego me dispuse a perderme por esos senderos pasando por casitas abandonadas por el bosque y viendo como el musgo se come el camino, los enormes troncos de los hayedos y parece el bosque respirar y hablar su propio idioma. Los pueblos parecen vivir felizmente en la edad media, los campos parecen ser ricos y la gente anda felizmente descalza pisando la tierra que los vio nacer. Sin duda, es un escenario idílico.

A la vuelta, ducha y hacia el pueblo. Ahí empezó el problema. En países ex-soviéticos como Estonia el culto al ocio casi se desconoce a excepción de ciudades turísticas como Tallinn o Riga en Letonia. Solamente los jóvenes en las ciudades frecuentan los bares y los restaurantes. En los pueblecitos del sur de Estonia los restaurantes casi desaparecen del mapa y los hostales son difíciles de encontrar. La generación que vivió bajo el régimen soviético no conoce la palabra ocio y es difícil encontrar algún sitio donde ver gente reunida, ya sea comiendo, bebiendo o lo que venga en gana.

Total; que me quedé sin cena. Nada encontré en el pueblo. Solamente una tienda que había cerrado hacía una hora. Así que tras la carrera que me había pegado estaba hambriento y fue duro volver al hostal sin nada que zampar. Una vez llegué al hostal empecé a requisar todos los estantes de la cocina hasta que -¡albricias!- encontré una bolsa de porridge y no dude ni un instante en calentar agua y servirme un plato de esa cosa que nunca había sido capaz de engullir antes. ¡No me costó en absoluto terminar el plato y repetir!

Rouge: Viaje a la Estonia profunda

Por la mañana me dirigí al pueblo de Haanja y fue directo al único lugar público que parecía existir en unos cuantos kilómetros a la redonda de este apartado lugar del sur de Estonia: la biblioteca. Ahí la mujer encargada se encantó de poder volver a practicar inglés y me facilitó toda una serie de detalles sobre la zona que ni por asombro aparecían en la Lonely Planet.

La mujer me recomendó encarecidamente visitar Rouge y sin duda no andaba nada equivocada. El autobús pasa cuando le apetece y eso ocurre pocas veces. Así que me recomendó hacer vía a pie y a dedo por la carretera polvorienta que une Haanja a Rouge. Fueron unos 10 kilómetros de paseo serenado por el interior de unos bosques donde más de un elfo se quedaría gratamente sorprendido.

Rouge Estonia

El paisaje verde de Rouge en Estonia

Al llegar a Rouge me dirigí al único restaurante que aparecía en la guía. Estuve dando un cuantas vueltas por el pueblo. Más que vueltas iba de un lado al otro de la única carretera que existe buscando el dichoso restaurante. Tras preguntar a una señora descubrí que el restaurante había cerrado hacía un par de años.

Me instalé en un precioso cámpingÖöbikuoru– en el mismo pueblo. Alquilé un pequeño pero cómodo bungalow por unos 20 euros. Con cocina comunitaria evité el problema del día anterior en que no había encontrado ningún lugar para comer. Así que al super y a cocinar.

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el mismo camping de Rouge podrás hacerlo a través del siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

Rouge se encuentra mecido entre lagos y pequeños valles. Sería algo así como una pequeña Suiza cambiando los enormes Alpes por curiosos montículos de 200 metros. Las casas se encuentran dispersas por los valles y los pueblos no acostumbran a superar el medio millar de habitantes como mucho. La gente se dedica al campo y parece tranquila y feliz especialmente cuando hace buen tiempo como en esta época del año.

El pueblo está repleto de chavales jóvenes. Algo que contrasta mucho con los pueblos de la España profunda. El único espectáculo de Rouge es pasarse por el lago del pueblo y ver cómo los chavales se bañan en un día soleado. Seguramente son pocos los días así y no pueden desaprovecharlos.

Si queréis perderos por el sur de Estonia, -muy recomendable si os gusta la naturaleza, escaparos de las rutas tradicionales y conoced la realidad del país- os recomiendo que alquiléis un coche. Se puede llegar a los sitios. Existen autobuses pero no son mucho de fiar y las conexiones os harán perder muchas horas y paciencia.

De marcha por Riga

Vete de marcha a Riga. No te arrepentirás. Desde que Ryanair hizo su aparición en la capital letona, las despedidas de soltero inglesas ya son casi una tónica de la ciudad para desgracia de muchos y diversión de pocos pero ruidosos. Sin embargo, todavía estás a tiempo de viajar y descubrir una joya de los países del este antes de que sea demasiado tarde.

Riga no sólo es fiesta, chicas guapas y mucha marcha. También es una ciudad medieval por cuyas callejuelas bien merece la pena pasarse unos días. Con lindos cafés art noveau y terrazas insuperables siempre y cuando el tiempo acompañe especialmente en verano cuando el sol no se despide hasta casi la medianoche. Hay multitud de zonas verdes y el río rompe la capital en dos donde se abren bellos paseos por su vera.

riga letonia

En Riga estuve con unos amigos que venían directamente de Dublín y pasamos un fin de semana fenomenal. En esta ocasión intercambié el tipo de visita más convencional por la incursión en bares de diversa calaña y siempre con un ron en la mano así que en este apartado no os podré guiar como es debido. Sin duda, fue la excusa perfecta para montarnos un buen fin de semana y realmente Riga dio mucho más de lo que en principio nos esperábamos.

Lo único negativo de Riga son los precios. Tras visitar el resto de países Bálticos, me pareció que en Riga los precios ya estaban al nivel de cualquier capital europea. De todas formas, eso cambió al salir de la capital y descubrir el resto del país, mucho más modesto y económico.

Riga es el lugar donde he visto más Bentleys con macarra en el volante por metro cuadrado de Europa. Igual tendrá eso que ver con alguna mafia rusa y con la escondida fábrica en que producen a estas bellezas bálticas. ¡No se qué manía existe en España con las suecas pero donde haya una letona que se quiten las nórdicas!

Por las calles de Riga sólo se ve a gente joven. No os extrañéis. No se trata de algún campo de exterminación para señores y señoras en la edad del imserso. El capitalismo llegó no hace muchos años y existe un substancial cambio generacional en la cultura del país. La gente que nació bajo el yugo soviético no entiende el sentido del ocio y apenas salen a restaurantes o bares. Son las nuevas generaciones de los 80 y 90 que han vivido con estos nuevos cambios y lo aprovechan. ¡Vaya si lo aprovechan! La noche es vibrante y no termina hasta que uno no puede ni moverse.

Por el casco antiguo encontrareis multitud de hostales baratos para dormir. Un consejo: Si vais de fiesta y a la barato; bien. Si vais en pareja o buscáis algo más tranquilo os aconsejo que escapéis un poco del centro ya que no os van a dejar dormir ni por el mediodía. Nosotros estuvimos en el Argonaut’s Hotel, a 5 minutos de la estación de trenes y autobuses y muy céntrico. Barato, ruidoso aunque aceptable para el tipo de viaje al que íbamos.

Sigulda y Cesis: Bosques medievales en Letonia

Desde Riga existe una excursión de un día o incluso dos que bien merece la pena. Se trata del valle de Gauja. Es uno de los parques naturales mejor conservados del país. A pesar que el pico más alto de la zona no debe superar los 200 metros, a esta zona también se le llama la Suiza de Letonia ya que alberga una naturaleza exuberante, castillos y pueblecitos medievales y sus bosques están humanamente modificados al gusto del turista: puentecitos, escaleras de madera, etc. A mi personalmente están cosas me tiran un poco atrás. Prefiero ver la naturaleza en estado puro aunque en zonas boscosas donde no da la sensación de encontrarse en alta montaña realmente tenía su encanto.

A Sigulda se puede llegar en autocar (desde la misma estación principal de autocares de Riga) y se encuentra tan sólo a 50 kilómetros de la capital. Aquí también encontraréis alojamiento, incluso un camping y zonas donde la acampada está autorizada (pateada asegurada).

Los profundos bosques del valle de Gauja

Toda esta zona es uno de los centros históricos más importantes del país. Durante la Edad Media las coronas cambiaban de cabeza en los castillos de Gauja. Sigulda es el pueblo que da inicio al parque natural del valle de Gauja. Es un bonito enclave donde se funde la vida cotidiana con el paisaje. Con un castillo medieval, un teleférico donde contemplar el valle y además ofrece lindos paseos por frondosos bosques.

Además en el parque se pueden realizar actividades deportivas como el puenting, jornadas a caballo o en bicicleta, vuelos en globo y, si es invierno y te atreves incluso puedes practicar el bobsledding!

En el interior del parque se encuentra otro pueblo más bonito todavía. Se trata de Cesis. Existe un castillo medio en ruinas donde ofrecen conciertos por la noche con una luz tenue colocada a las mil maravillas y podréis disfrutar además de una excelente cerveza. Las callecitas medievales del pueblo son una maravilla y merece la pena perderse en ellas por un buen rato. En Cesis existe la fábrica de cerveza más antigua de Letonia.

El alojamiento en el valle de Gauja es bastante caro. Si no vais con tienda, merece la pena hacer la ruta desde Riga y volver a dormir en la capital. De todas maneras, si vais en pareja bien merece la pena escapar del follón de la gran ciudad y trataros a cuerpo de rey por una o dos noches!

Jurmala: Escapada a la playa de Riga

La playa de Riga con toda la movida que ello conlleva se encuentra en Jurmala. Ideal para ver otra cara curiosa y divertida de este país emergente en tu viaje. En una escapada en tren de unos 30 minutos os plantaréis en la playa. Los trenes salen de la misma estación principal de Riga.

Lo primero que a uno se le pasa por la cabeza en la playa de Jurmala –siempre y cuando el tiempo acompañe- es que los chiringuitos, bares, vendedores ambulantes, los personajes con radio, parasol y demás elementos playeros que nos encontramos en España también se encuentran por aquí. La gente del báltico tendrá pocos días para disfrutar del sol en la playa pero cuando tienen uno de esos lo disfrutan, ¡vaya si lo disfrutan!

De puritanismo nada. Parece que el topless, los tangas al más puro estilo hilo dental y los taparrabos se afincaron en Jurmala hace tiempo ya que nadie parece realmente sorprendido de ver algunas de las cosas que se dejan ver por aquí. La playa desprende una alegría especial. Gente jugando a fútbol o a volley, otros con la cervecita, un grupito de chicos ligando, hay de todo y uno no se cansa de contemplar a los letonos disfrutar al más puro estilo latino.

Tenéis una serie de hostales y hoteles diseminados por el pueblo. Tan sólo son 30 minutos de tren hasta Riga pero si queréis hospedaros en Jurmala algunos días os tocará patear. Los hostales están bastante diseminados por la playa que es realmente ancha y por el interior del pueblo. Una opción es acercaros a la oficina de turismo y preguntar por la disponibilidad antes de enfrascaros en una aventura con mochila a la espalda infructuosa.

Viaje de Riga a Vilnius: Siguiendo la cadena báltica

Llegué a Vilnius tras unas horitas de Eurolines viajando desde Riga. El paisaje de una ciudad a otra es rural por completo y apenas se vislumbran pueblos desde la ventana del autocar. Los bosques conforman el paisaje y se dispersan hasta el infinito allá donde uno mire.

Uno viaja de Riga a Vilnius por carretera y se imagina lo que debió ser aquella cadena humana que llevó a más de 2 millones de personas a la calle. Incluso a uno le vienen escalofríos sólo de imaginárselo. Enlazados de mano, dos millones de personas cubrieron los 600 kilómetros que separan Tallinn de Vilnius, las tres repúblicas bálticas –Estonia, Letonia y Lituania-, en contra del yugo soviético y mostrado la unidad de los tres países para labrar un futuro en hermandad. Eso ocurrió en el año 1989, un año más tarde las tres repúblicas consiguieron su añorada independencia.

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La catedral de Vilnius

Según la guía de viaje Lonely Planet que llevaba comentaba que Vilnius es un lugar hostil para el viajero, alerta de posibles hurtos, dificultad de encontrar menús o gente que hable el inglés y una vida nocturna peligrosa y nada recomendable. Todo lo contrario de lo que encontré, Vilnius ofrece un ambiente fantástico por la calle, la mayoría de la gente dedicada al turismo habla inglés, el servicio es lento –pero esto es lo normal en este país- y la noche ofrece un panorama envidiable con bares, pubs y discos que cierran a lastas horas de la madrugada en buen ambiente. Al menos lo que vi.

Al llegar a Vilnius me dirigí al The Old Town Hostel. Se encuentra a unos 200 metros de la puerta del ocaso, tocando el casco antiguo de la ciudad. Al llegar me dijeron que estaba a tope pero me llevaron a un segundo hostal que están montando unos 200 metros más arriba. Supongo que tras estos meses ya estará habilitado del todo. Barato, con terracita y patio. Es buen lugar para conocer gente y una buena selección para quien se plantee un par o tres de noches en la ciudad.

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el mismo hostal que yo en Vilnius podrás hacerlo a través del siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

Vilnius es una obra de arte hecha ciudad. No me lo esperaba pero Vilnius alberga el casco antiguo con arte barroco más grande del continente. Nunca había visto tantas iglesias y catedrales en tan poco espacio. Solamente superada seguramente por Santiago de Compostela, la capital lituana rebosa de iglesias y de devotos –especialmente venidos de la próxima Polonia-.

Una buena escapada es subir al castillo desde ahí contemplar el panorama de la ciudad desde lo alto. Lo veréis fácilmente en los mapas de la ciudad, llegáis a la catedral y subís a mano derecha por el bosque hasta llegar al castillo.

Otra visita obligada es encontrar la estatua de Franz Zappa. Es la monda encontrarse una ciudad plagada de catedrales barrocas presidida por la incontestable estatua de Franz Zappa! ¡Sólo en Vilnius podía ocurrir una cosa así!

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Estatua de Zappa en Vilnius

Tampoco podéis perderos el museo de la KGB. Una visión cruda y directa de los años soviéticos en el país. El museo se encuentra en las mismas dependencias que sirvieron a la KGB realizar sus labores y los nazis unos años antes. El mal rollo en el ambiente se nota.

Trakai: Castillos medievales en Lituania

A casi todas las novias lituanas las encontrarás en Trakai. Especialmente durante los fines de semana. En este escenario casi suizo con castillo, lago y prados de un verde esmeralda vienen casi todas las familias ricas a formalizar sus relaciones amorosas a modo de compromiso, boda o como quieran llamarle. La mayoría de lituanos se casan antes de los 20 y se divorcian antes de los 30. De hecho es el país europeo con la tasa más alta de divorcios. Pero bueno, nadie les va a quitar el sueño de ser príncipe o princesa en un castillo medieval de ensueño por un día!

trakai lituania

Castillo de Trakai

Trakai significa una escapada interesante en vuestro viaje a Lituania partiendo multitud de autobuses a diario desde la estación central de Vilnius. El trayecto dura poco más de media hora y la excursión puede ser considerada como medio día o incluso tomarse un día entero disfrutando de los buenos restaurantes de la zona –pija pero con clase, por cierto-.

Trakai a su vez es un pueblo de unos 6.000 habitantes rodeado por lagos por todos los lados. La verdad es que merece la pena darse una vuelta por el pueblo y, de hecho, si venís autobús os la vais a pegar ya que la estación se encuentra justo al otro lado y deberéis cruzar el pueblo hasta llegar al lago. De todas maneras, son apenas unos 20 minutos y como decía es un paseo a su vez interesante. Podéis de paso alquilar una bicicleta si os apetece.

El héroe lituano –y aunque muchos lo piensen, no se trata de Arvidas Sabonis- fundó este castillo y se trata de Gediminas; rey de Lituania durante el siglo XIV bien entrada la Edad Media.

El castillo de Trakai se halla en medio de un lago y un puente cubre la distancia con la tierra para llegar a sus dominios. Está construido en ladrillo rojo y uno no se encuentra con la sorpresa hasta que de repente termina la tierra, se abre el lago y se levanta el castillo como aparecido de un sueño.

Visita al museo de la KGB en Vilnius

Si viajas a Vilnius no te pierdas el museo de la KGB. Se llama el museo de las víctimas del genocidio y se encuentra en el centro de la ciudad. Concretamente se halla en las mismas dependencias donde los agentes rusos de la KGB tenían a sus presos políticos, realizaban sus malas artes y tenían controlado el pueblo lituano bajo su feroz acoso policíaco. Se dice que no hay familia en Lituania que no haya sufrido alguna barbaridad o detención de la KGB. Todo lituano tiene en su familia algún familiar que ha pasado por las oscuras salas de este edificio para ser interrogado o por otra razón todavía más oscura y tenebrosa.

Colarse no es nada difícil. Basta esperar un grupo de escolares para aprovechar el revuelo que montan en la entrada. Los dos viejecitos que controlan la entrada no podrán controlar el follón existente y uno pasa felizmente a la primera sala y disimula observando atentamente los murales explicativos de los años posteriores a la segunda guerra mundial. De todas maneras, la entrada sólo cuesta unos 4 euros así que tampoco es plan de complicarse la vida.

En el museo se explica de forma detalla el curso de la historia en Lituania desde la primera Guerra Mundial, pasando por la segunda con el famoso pacto báltico entre Alemania y Rusia y los posteriores años soviéticos en Lituania y demás países bálticos. El museo se centra principalmente en esos últimos años posteriores a la segunda guerra mundial donde la guerrilla partisana desarrolló su guerra contra el comunismo ruso y se dice que fue la guerrilla más duradera de la Europa del siglo pasado.

En el sótano veréis las celdas de interrogatorio, material de tortura utilizado así como enseres y mobiliario de la época.

Realmente los textos son muy explicativos y no es necesario el audio que ofrecen en la entrada.

Viaja seguro

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Gdansk: La puerta al báltico en Polonia

Eurolines ofrece un servicio de autocar desde Vilnius a Gdansk en el norte de Polonia. Asimismo también existe un servicio entre Vilnius y Kláipeda y de ahí a su vez hasta Gdansk. Es un círculo perfecto para conocer Lituania y Polonia, sin duda.

la silueta de los históricos edificios de Gdansk

Por la noche tomé el dicho autocar desde Vilnius para llegar por la mañana en territorio polaco. Mientras felizmente dormía en el autocar noté un pequeño golpe en el hombro y desperté de repente. Un par de militares con cara de pocos amigos me pidieron el “Passporten” o algo parecido y no tuve ninguna duda sobre qué debía hacer. Con los ojos medio cerrados miré por la ventana y contemplé la frontera con más alambradas que he visto en mi vida.

Tras una paradita en ese “resort turístico” tan especial, proseguimos camino y tras echar una nueva cabezadita llegamos a Gdansk.

Dejé la mochila en una de las taquillas de la estación. Individuales y por 1 euro puedes dejar tu mochila durante todo el día. Felizmente aliviado de la carga, me dediqué primero a los asuntos de “trabajo”. Es decir, conseguir un nuevo destino para la tarde y controlar precios y horarios de trenes, autocares o lo que hiciera falta. El bingo toco para la desconocida ciudad de Poznan y a partir de ahí estuve libre para visitar la ciudad de Gdansk durante unas buenas horas.

La ciudad está situada en el mar báltico, en la zona más al norte de Polonia y no me esperaba que fuera tan bonita. Verdaderamente tenía pocas expectativas al respecto y menos sobre todo por que esta vez viajaba por Polonia sin ninguna guía ni información sobre el país en absoluto.

No vi muchos hostales con precios baratos en la ciudad y verdaderamente se puede visitar en un día y proseguir vuestro recorrido hacia otra parte de Polonia gracias a la buena comunicación de trenes y autocares que goza la ciudad porteña de Gdansk.

Desde la estación rápidamente llegaréis al centro. La puerta de Wyzynna divide la zona antigua de la ciudad con la calle Dluga, o también llamada la Ruta Real, con la mayoría de los edificios más bonitos de la ciudad. Sin duda, caminar arriba y abajo durante un unas horas esta calle creo que no cansaría a nadie de lo bella que es. Cada uno de los detalles en las cornisas, techos y columnas es distinto, cada una de las casas está pintada de un color distinto, las iglesias, las mansiones, incluso los bares mantienen el delicado estilo de la calle y la gran catedral a su izquierda da un colorido medieval de sueño a la postal.

En medio de la calle se halla también el Ayuntamiento con estilo gótico-renacentista que es una verdadera maravilla. A sus pies se encuentra el símbolo de unión de la ciudad con el mar: se trata de la estatua de Neptuno.

neptuno Gdansk

Estatua de Neptuno, Gdansk

La calle se cierra con la puerta de Grüne y tras ella se abre el canal que une la ciudad con el mar báltico. Ahí encontraréis la famosa grúa medieval portuaria de Gdansk. La única que existe en Europa de tales dimensiones y labrada en madera.

Por el interior de la ciudad también os esperan bellas sorpresas como la calle Marciacka con su basílica, la gran grande en ladrillo construida jamás en Europa o también la original iglesia de San Juan construida durante el siglo XV.

Sin lugar a dudas, Gdansk es un lugar obligado en vuestro viaje a Polonia y puede ser una interesante opción para unir Cracovia con los países bálticos gracias a su buena comunicación.

Poznan: Una alternativa en Polonia

Poznan es una ciudad polaca camino entre Cracovia, Gdansk y Berlín. Realmente ofrece la oportunidad de abrirnos un nuevo país en nuestro viaje. No está todavía abierta al turismo, eso se nota por las calles donde una marabunta de bancos y gente de negocios se confunden con el pavimento gris de la ciudad.

poznan polonia

Estatua en el centro de Poznan

De todas maneras esconde un tesoro bien interesante entre sus callejuelas. La ciudad tiene su legado medieval en su casco antiguo y merece la pena una visita de un día paseando por la plaza del mercado viejo y sus arterias. Existe un buen repertorio de iglesias barrocas en el centro. Cada una de las casas que se levantan en la plaza del mercado ofrecen un colorido precioso y las terrazas que se aúnan alrededor de la plaza sugieren un café y una cerveza cada vez que uno pasa por ahí.

Se puede considerar Poznan como una ciudad moderna dentro de la nueva Polonia europea. El turismo no ha llegado pero habida cuenta de su buena conexión con Berlín y Praga a buen seguro que se convertirá en un buen triángulo para unir Alemania, la República Checa y Polonia en futuras conexiones turísticas.

De todas maneras, por ahora os aconsejo visitar la ciudad durante unas horitas y vuelta a la estación de tren en pos del próximo destino. Más adelante, cuando el turismo se haya afincado, los hoteles y hostales proliferen, Poznan se convertirá, sin lugar a dudas, en un buen reclamo turístico.

Poznan es una de las ciudades de negocios más importante de Polonia y poco tiene de turismo. Eso lo descubrí más tarde. Al llegar a la estación el puesto de información estaba cerrado así que me quedé sin mapa para explorar la ciudad. Estuve dando vueltas por la ciudad y al primer hotel que encontré les pedí un mapa y una de esas guías de la ciudad donde aparecen listados los hostales, bares, restaurantes y todo los comercios dedicados al ocio y al turismo. Me sirvió de bien poco. No existía ningún hostal en la ciudad. Al menos, listado en aquellas páginas. Deambulando por la ciudad hablé con unas chicas que me indicaron una casa de residencia para estudiantes –lo más parecido a un hostal según ellas-. Llegué al lugar pero no me abrieron ni la puerta.

Finalmente, tras hablar con un inglés expatriado que encontré por la calle y, observar que ya era medianoche, vi que la única opción posible para dormir esa noche era sacar la visa. Así que hicimos acopio de fuerzas y me dirigí a un tres estrellas del centro. Tampoco fue para tanto: 60 euros, ducha calentita y cama en condiciones.

Viajar sin guía y al tun-tun a veces tiene esas cosas. Es muy posible –de hecho es totalmente cierto- que en esos momentos te cagas en la leche y en el día que se te ocurrió la magnífica idea de plantarte en Polonia sin guía en las manos y sin planear el viaje en absoluto.

Pero ahora, mirando atrás esos momentos; las sorpresas que aguarda la calle menos sospechada, la sensación de libertad que ofrece parar en una estación de tren o en la otra -¡da igual!-, apuntar con el dedo un mapa para saber cuál será tu destino al día siguiente y, en definitiva, cada una de las oportunidades que se te abren ante ti y aprovechas felizmente porque no le pides nada al país. Todo ello hace que cuando vuelves a casa esos sean finalmente los mejores recuerdos que atesoras de tu viaje.

Visita a Cracovia

Si disputáramos por las 10 capitales europeas por su cultura, belleza e historia, sin duda, Cracovia sería una de las candidatas a ese digno puesto. Es una ciudad que fácilmente enamora a uno. Incluso al corazón frío y sin pulso de los nazis hizo vibrar. Decidieron tras invadirla, los nazis, mantener la ciudad intacta para instalarse en ella -arios y vencedores- una vez terminada la guerra.

castillo cracovia

El castillo de Cracovia

Es tanto el turismo que se masifica en Cracovia que parece una ciudad aparte dentro del panorama polaco. Está repleto de hostales, hoteles y restaurantes. Algo que sin duda uno echa de menos en otros lugares del país. Ni tantos ni tan pocos.

Conocí una canadiense de abuela mejicana en el hostal y nos dedicamos un par de días a recorrer la ciudad.

Cracovia merece al menos dos días para visitar bien el casco antiguo, la plaza del mercado, la llamada Rynek Glowny, una de esas que te deja con la boca abierta durante un buen rato. Y un sinfín de callejuelas que desfilan de la plaza mostrando bellas iglesias y mansiones.

EXCURSIONES POR CRACOVIA Y SUS ALREDEDORES EN ESPAÑOL

¿Poco tiempo en Polonia? Quizás sea buena idea apuntarte a alguna de las siguientes excursiones por la zona. En todas ellas tendrás un guía en español, vienen con muy buenas recomendaciones de otros viajeros y parten desde el centro de Cracovia:

  1. Excursión al Campo de Concentración Auschwitz Birkenau
  2. Excursión a las minas de sal de Wieliczka
  3. Excursión a Zakopane y los montes Tatras
  4. Visita guiada y personalizada por Cracovia

No os perdías el interior de la iglesia de Santa María en el interior de la plaza. Es una auténtica maravilla con unas rosetas de colores inusuales.

Medio día entero lo ocupa el castillo de Wawel. Se llega andando tranquilamente desde el centro. Se encuentra encima de una colina donde se albiran preciosas vistas de Cracovia. La entrada es algo complicado de entender ya que venden billetes para subirse al campanario de la iglesia, otros tickets para ciertas habitaciones del palacio y otros para la torre. Uno se hace un lío con tanto tícket y tan poco descuento. Nosotros pillamos uno, no me acuerdo cuál, y nos colamos en los otros sitios.

plaza mercado cracovia

La Plaza del Mercado de Cracovia

Otro agradable paseo por la ciudad es visitar el barrio judío. También muy cerquita del centro, con una selección interesante de bares y pastelerías con una repostería y chocolates espectaculares. Caminar por estas calles hace uno recordarle historias de de deportaciones y penurias. Aquí la sociedad judía quedó completamente exterminada. No quedó ni un alma y el Campo de Concentración de Auschwitz a escasos 50 kilómetros de aquí.

Yo me instalé en el Tutti Frutti. Un hostal barato en el centro de la ciudad. Me imaginaba que sería un hostal más de los que siempre aparecen en la Lonely Planet cada año; pero no. La verdad es que los amos, jóvenes, lo cuidan bien y siempre guardan sorpresas –culinarias o fiesteras- para sus clientes. Algo inusual y que sin duda se agradece. Lo único negativo del hostal es que da directamente a una calle donde hay fiesta durante toda la noche. ¡Si es que todo no puede pedirse en este mundo!

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el mismo hostal que yo en Vilnius podrás hacerlo a través del siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

Varsovia y vuelta a casa

El último día tomé un autocar desde la estación principal de Cracovia con destino a Varsovia. El trayecto duró algo más de 5 horas y me dejó en la Marymont metro station. Tenía apenas una horita para pasear por la ciudad para seguidamente desplazarme al aeropuerto.

plaza mercado varsovia

Terrazas en la plaza del mercado de Varsovia

Lo poco que vislumbré de Varsovia me sedujo. Venía condicionado con que Cracovia es la joya de Polonia mientras que Varsovia había sido prácticamente devastada durante la segunda Guerra Mundial. No obstante, el centro histórico de la ciudad mantiene una buena parte de su bella arquitectura y ofrece preciosas plazas y un buen paseo por sus callejuelas.


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Ruta de viaje por los Países Bálticos y Polonia
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10 Comentarios
  1. Anonymous 21 Marzo 2008
  2. Quique 24 Marzo 2008
  3. Hanna 11 Abril 2011
  4. Quique 11 Abril 2011
  5. María José 23 Enero 2012
  6. Quique 23 Enero 2012
  7. AMELIA 15 Noviembre 2012
  8. Quique 15 Noviembre 2012
  9. Biki 26 Abril 2013
  10. Quique 26 Abril 2013

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