China (9) De Kanding al gran Buda de Leshan


Kanding, un pueblo entre montañas a medio camino entre tibetanos y la civilización china. Un pueblo históricamente de intercambio cultural entre las dos civilizaciones que continúa ejerciendo su cometido. Los tibetanos bajan a Kanding (muy a pesar de encontrarse a 2500 metros de altura) para vender su mantequilla y piel de yak y los chinos lo compran todo y hacen fotos a cada metro.

Famosa por una canción tradicional china de amor, Kanding se enclava en un precioso valle con picos de hasta 7000 metros a su alrededor y tiene dos templos budistas en activo con vistas fantásticas de la ciudad. Da la sensación de estar a medio camino de la civilización, con tiendas, menús en pinyin (en inglés ni hablar por supuesto todavía) y se agradece no tener que entrar en las cocinas y ver que tienen en la nevera para comer. Por fin puedo utilizar de nuevo el diccionario chino y olvidarme por una temporada del tibetano!

Conocí una australiana con la que fui a cenar y en el mismo restaurante aprendimos a contar hasta 100 con una niña que merodeaba por ahí alucinada con mi barba de 4 días y el pelo rubio de la chica.

Me quedaban dos jornadas para terminar con la llamada “back road“, la carretera de montaña que une Yunnan con Sichuan, que he estado siguiendo esta última semana, abierta a los turistas desde 1999 donde se puede entrar en la vida tibetana sin tener que entrar en Tibet.

Al día siguiente quería llegar a Chengdú (capital de Sichuan) haciendo parada en Leshan donde se encuentra una escultura labrada en la roca misma de una montaña del Buda mas grande del mundo midiendo 71 metros. Una salvajada.

No salió bien del todo… El autocar tardó mas de lo esperado para variar y al llegar a las 3:30 a Leshan compre billete para Chengdú para las 7:30 pero dejé la mochila en la oficina de equipaje donde cerraban a las 5:30. Así que tenía dos horas para llegar al Buda, besarlo y volver a la estación. Cogí el autobús en dirección al gran Buda y llegue a la entrada. Ahí le compre a un tipo el billete y me hizo sentar en una silla. Le dije en inglés-chino-catalán que tenía prisa, que quería ver al Buda y no podía estar ahí esperando. El tío ni caso. Tuvimos una discusión de 20 minutos en todos los idiomas posibles hasta que descubrí que el tipo no me había vendido la entrada al Gran Buda sino que me había vendido un billete a Chengdú! Entonces sí que me cagué en sus muertos en catalán, español, italiano y todo lo que se me venia a la cabeza! Finalmente me devolvió la pasta tras mucho insistir y tuve que volver a la estación sin Buda entre las manos…

Dos horas más de carretera para llegar a Chengdú, esta ver una autopista de las de verdad y me dí cuenta que durante las dos últimas semanas no había tenido la oportunidad de leer ni dos lineas seguidas sin dar saltos del asiento! La autopista fue como una bendición! Así como el water con asiento del hostal donde me encuentro ahora! Hacía meses que no había visto ninguno! Y la verdad es que los lavabos en China son otro episodio aparte que contar.

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