Viaje a los mejores desiertos del mundo

Google +TwitterFacebook

desierto-fotografia

No todos los desiertos son iguales. Aunque la arena predomine en todos ellos creando olas infinitas sobre la capa de la tierra, aunque apenas pueda verse vida tratando de respirar bajo el asfixiante sol del desierto, cada uno de los desiertos que he visitado tenía alguna particularidad que los hacía diferentes a los otros.

El desierto del Rajasthan, India

Binaker, Rajasthan

Binaker, Rajasthan

En la parte noroeste de la India se extiende el desierto de Rajasthan hasta llegar a los confines con Pakistán. Durante mi primer periplo por la India me desplacé hasta Bikaner donde emprendí una travesía de un par de días junto a unos compañeros de viaje que encontré por el camino.

Acordamos camellos, guía, cocinero, carpas y excursión en la misma ciudad de Bikaner y nos salió por unos 50 euros por barba. La comida fue exquisita y aunque el desierto en sí me defraudó un poco.

Era la primera vez que visitaba un desierto y esperaba esas inmensas dunas que aparecen en los reportajes. El desierto de Rajasthan, al menos la parte visitada a los alrededores de Bikaner, no ofrece inmensas dunas y la vegetación es relativamente abundante si tenemos en cuenta que nos hallamos en un desierto.

Recorriendo el desierto de Bikaner, Rajasthan

Recorriendo el desierto de Bikaner, Rajasthan

Atravesamos ciertos pueblos con casas hechas de arcilla y pozos tratando de drenar las pocas gotas de agua que fluye bajo la tierra. Me sorprendió encontrar por el mismo desierto una multitud de melones creciendo bajo el implacable sol y los camellos se desviaban continuamente del recorrido para zampárselos.

Dormimos en un lugar que en principio parecía encontrarse en el interior del desierto. No obstante, a media noche pudimos ver las luces de alguna ciudad lejana que estorbaban nuestra vista con las estrellas; uno de los mayores goces que uno puede disfrutar en un desierto.

Desierto en Douz, Túnez

Desierto en Douz, Túnez

El desierto de Douz, Túnez

Llegué a la puerta del desierto tunecina, Douz, en temporada baja. Apenas encontré agencias abiertas pero me moría de ganas de volver a visitar el desierto. Esta vez el Sahara. Tomando un té en una terraza, conocí a un local que apenas habla francés o inglés. Nos entendimos con señales, dibujitos y precios para embarcarnos al día siguiente en una travesía por el desierto de una noche.

Partimos con un par de camellos y comida suficiente para una cena y un desayuno. El Douz existe literalmente la puerta del desierto. Antiguamente venía a ser la calurosa bienvenida a los nómadas del desierto que finalmente llegaban al oasis. Hoy en día, es un lugar donde se celebran fiestas, ventas de camello, competiciones deportivas y otro tipo de actividades bien curiosas.

Durante las primeras horas la arena se mezcla junto a la vegetación que trata de sobrevivir en este difícil ecosistema. A medida que pasaron las horas llegamos a lugares más inhóspitos donde la arena lo era todo. No obstante, tampoco en Túnez hallé esas grandes dunas que anhelaba encontrar.

Naser, mi compañero y guía en el desierto, cocinó un cuscús de maravilla junto a pan cubierto por las brasas y la misma arena del desierto. Solamente de observarlo fue una experiencia por sí misma.

Lee:
Las mejores playas de Cádiz

Dormimos haciendo un vivac con el saco y un par de mantas y observamos las espléndidas estrellas que podían vislumbrarse.

Por la mañana retornamos a Douz. Me quedé con las ganas de pasar otra noche más en el interior del desierto. Me contaron que tras cuatro días de viaje se puede llegar a las grandes dunas de Argelia. Un lugar que tengo pendiente en mis próximos viajes.

Las dunas de Erg Chegaga, Marruecos

Las dunas de Erg Chegaga, Marruecos

El desierto de Erg Chegaga, Marruecos

Viajé a Marruecos, en esta ocasión acompañado junto a unos amigos y decidimos hincarle el diente al gran Sahara desde la localidad de H’amid. Acordamos en la misma población un viaje de dos noches en 4×4 y camellos hacia las dunas de Erg Chegaga.

Se trataba de mi tercer intento de poder contemplar las grandes dunas soñadas. Esta vez, la tercera, no me defraudó como las dos anteriores.

A lomos del 4×4 nos internamos rápidamente hacia el interior del desierto. Cruzamos un mar salado, alguna población perdida entre la no-vida y llegamos a campamento con haimas bien preparadas. En ellos siempre hay un tipo que cuida el lugar para que no roben y se dedica a cocinar para las visitas. Imagino que van a comisión para todas las agencias que se internan ahí.

Reserva tu viaje al mejor precio:

Haima en Erg Chegaga, Marruecos

Haima en Erg Chegaga, Marruecos

El campamento se encontraba justo en una especie de cráter protegido por inmensas dunas de arena fina y dorada. Fue una delicia trepar, saltar y bajar dando vueltas por ellas. Al atardecer arreció una tormenta de arena y pudimos observar cómo las dunas casi imperceptiblemente iban perdiendo su altura para crear nuevas dunas a su alrededor. Esa misma tormenta de arena fue la carta de defunción de la cámara de fotografías que llevaba encima, cuyo último legado, fueron estas imágenes del desierto de Erg Chegaga.

Ya refugiados del viento, en la haima comimos de maravilla y por la noche nos pegamos un partidito de fútbol bajo uno de los cielos estrellados más auténticos que he visto.

Al día siguiente proseguimos el camino en camello y llegamos a un nuevo campamento. Nuevamente las dunas nos rodeaban y probablemente se trate del mejor desierto que he visitado. A veces no hace falta ir muy lejos.

Sandboarding en Huacachina, Perú

Sandboarding en Huacachina, Perú

El desierto de Perú

En Perú uno puede ir contemplando el desierto de la costa peruana a medida que viaja en autocar por la autopista de la costa. Los barrios periféricos se unen sobre la arena del desierto y ofrece en algunos casos una imagen desoladora.

Aprecié más el desierto, no obstante, en la zona del parque nacional de Paracas.

Saltando frente al Candelabro en Paracas, Perú

Saltando frente al Candelabro en Paracas, Perú

El desierto aquí crea montañas más o menos perennes. La sal del mar solidifica la arena creando ondulaciones reales sobre el terreno. El parque nacional en su interior ofrece sorpresas como la extraña figura del Candelabro y hermosos pueblos pescadores donde la vida parece no transitar.

Lee:
5 ciudades románticas para pasar San Valentín

David, por su parte, lo disfrutó mucho más deslizándose en sandboarding sobre las dunas de Huacachina, un poco más al sur cerca de la ciudad de Ica.

El desierto de Lompoul, Senegal

El desierto de Lompoul, Senegal

El desierto de Lompoul, Senegal

Desde Dakar y Saint-Louis se extiende la gran costa Atlántica de Senegal y a medio camino se abren las dunas del desierto de Lampoul en la región del Sahel. A pie de carretera nos desplazamos en 4×4 y en apenas media hora llegamos a una zona de haimas con todo tipo de comodidades, entre ellas, un sencillo baño privado tras las carpas, con su lavabo y lavadero.

Las dunas del desierto de Lompoul superan en algunas ocasiones los 30 metros de altura y tras su largo recorrido terminan suavizando su perfil frente al océano Altántico.

Apenas dormimos una noche en Lompoul y realizamos un trayecto en dromedario por la zona. Durante la noche disfrutamos de los yembes y de una noche estrellada como pocas.

desierto-arena

Conclusiones:

Tengo unas ganas enormes de visitar desiertos pendientes como el Gobi en Mongolia o visitar el valle de la Luna en el desierto de Atacama donde Sergi pasó una de sus noches más inolvidables. También, cómo no, internarme en Libia, Mauritania o Argelia donde se levantan las dunas más altas del Sahara que llegan a la friolera de 460 metros de altura. Aunque el récord de la duna más alta del mundo la ostenta el Bolsón de Fiambalá, en el noroeste de la Argentina, con la salvajada de 1,230 metros de altura.

Por ahora, entre los desiertos visitados me quedo con el de Marruecos; por sus noches estrelladas, por sus considerables dunas y por el color dorado de la arena.

Algunos factores a considerar cuando tengáis en mente un viaje por el desierto:

1. Es importante pasar más de una noche entre las dunas; de esta manera llegaremos más lejos y cuanto más adentro se llega más sensación de aislamiento se consigue. Desaparece la vegetación y las luces de las ciudades en la distancia no os entorpecerán las noches repletas de estrellas.

2. El primer recorrido deberíais hacerlo en 4×4 y no en camello, de esta manera llegaréis más lejos, aunque el precio se dispare un poco más.

3. Como es una actividad nada recomendable para hacerla de manera independiente, os recomiendo que busquéis en la economía local, en aquellas agencias que se preocupen por el medio ambiente.

sombra-camello-desierto

4. Deberéis negociar el precio. Los principales puntos a tener en cuenta al realizar el presupuesto es la comida, el tipo de haimas o carpas donde dormiréis y el transporte utilizado.

5. Pensad que el paso de un camello es inferior a la del ser humano caminando sobre las dunas. Una jornada a camello no os llevará muy lejos y además tras un par de horas te empieza a doler todo.

6. Generalmente incluyen botellas de agua; preguntad cuántas piensan incluir en el precio acordado, no vaya a ser que os quedéis cortos.

7. Y como último consejo, ¡disfrutad de la libertad de correr por las dunas y de sus noches estrelladas!

Puntúa este artículo
,
Google + Twitter Facebook
7 Comentarios
  1. xas 23 abril 2009
  2. Quique 23 abril 2009
  3. xas 23 abril 2009
  4. Yola 23 abril 2009
  5. Quique 24 abril 2009
  6. Pau 26 abril 2009
  7. Ryal Jam 7 octubre 2015

Deja tu respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *