Rouge: Viaje a la Estonia profunda

Por la mañana me dirigí al pueblo de Haanja y fue directo al único lugar público que parecía existir en unos cuantos kilómetros a la redonda de este apartado lugar del sur de Estonia: la biblioteca. Ahí la mujer encargada se encantó de poder volver a practicar inglés y me facilitó toda una serie de detalles sobre la zona que ni por asombro aparecían en la Lonely Planet.

La mujer me recomendó encarecidamente visitar Rouge y sin duda no andaba nada equivocada. El autobús pasa cuando le apetece y eso ocurre pocas veces. Así que me recomendó hacer vía a pie y a dedo por la carretera polvorienta que une Haanja a Rouge. Fueron unos 10 kilómetros de paseo serenado por el interior de unos bosques donde más de un elfo se quedaría gratamente sorprendido.

Al llegar a Rouge me dirigí al único restaurante que aparece en la Lonely Planet. Estuve dando un cuantas vueltas por el pueblo. Más que vueltas iba de un lado al otro de la única carretera que existe buscando el dichoso restaurante. Tras preguntar a una señora descubrí que el restaurante había cerrado hacía un par de años. Así que señores de la Lonely Planet, hagan el favor de no mentir cuando dicen que su edición es del 2007!

Me instalé en un precioso cámping – Ööbikuoru- en el mismo pueblo. Alquilé un pequeño pero cómodo bungalow por unos 10 euros. Con cocina comunitaria evité el problema del día anterior en que no había encontrado ningún lugar para comer. Así que al super y a cocinar.

Rouge se encuentra mecido entre lagos y pequeños valles. Sería algo así como una pequeña Suiza cambiando los enormes Alpes por curiosos montículos de 200 metros. Las casas se encuentran dispersas por los valles y los pueblos no acostumbran a superar el medio millar de habitantes como mucho. La gente se dedica al campo y parece tranquila y feliz especialmente cuando hace buen tiempo como en esta época del año.

El pueblo está repleto de chavales jóvenes. Algo que contrasta mucho con los pueblos de la España profunda. El único espectáculo de Rouge es pasarse por el lago del pueblo y ver cómo los chavales se bañan en un día soleado. Seguramente son pocos los días así y no pueden desaprovecharlos.

Si queréis perderos por el sur de Estonia, -muy recomendable si os gusta la naturaleza, escaparos de las rutas tradicionales y conocer la realidad del país- os recomiendo que alquiléis un coche. Se puede llegar a los sitios. Existen autobuses pero no son mucho de fiar y las conexiones os harán perder muchas horas y paciencia.

Imágenes, Andresso, Mike NL

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