Viaje a Karlstad y Värmland: visita a Karlstad

Plaza del Ayuntamiento de Karlstad

Después de unos maravillosos días inmersos en la naturaleza sueca de la región de Värmland practicando mountain biking; construyendo una balsa de madera y bajando el río Klarälven con ella; disfrutando de un paseo por frondosos bosques y explorando, con nuestras canoas, uno de los muchos lagos de la zona; llegó el momento de volver a la civilización y cerrar el círculo de un viaje que había comenzado con una deliciosa cena de bienvenida en la ciudad de Karlstad.

Los días habían pasado como las hojas caídas de otoño azotadas por el viento. Cuando estás haciendo cosas divertidas con un grupo de gente con el que conectas desde el primer minuto: los días parecen horas. Estés donde estés. Si además estás en Värmland, se vuelven minutos.

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Literalmente nos bajamos de las canoas y cogimos la furgoneta para cubrir las 3 horas de viaje que separan Långberget de Karlstad. Esa noche cenamos y salimos un rato por los bares de la ciudad, pero éso os lo dejo para otro artículo. Durante el día siguiente descubrimos parte de los encantos de la capital de Värmland: el Värmlands Museum y el parque de Mariebergsskogen.

Värmlands Museum

A pesar de trasnochar, nos levantamos prontito para aprovechar nuestro último día de viaje. Desayuno medio zombies en el buffette del hotel y fuimos caminando al Värmland Museum.

Este museo es como el mercadillo de los pueblos: tiene un poco de todo. Como pega decir que echamos en falta algo más de información en inglés, pero nos dijeron que estaban trabajando en ello.

Pudimos aprender un poco de la historia de la región desde los días de la prehistoria hasta el momento actual pasando por la época vikinga y la neutralidad en la II Guerra Mundial.

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Zona para niños del Värmlands Museum

Todo está ilustrado con objetos rescatados por arqueólogos y maquetas o escenarios montados para representar cada época.

Hay otras salas dedicadas al arte: pintura, escultura, fotografía y diseños realizados por ordenador están incluidos en esta parte.

Acabamos nuestro paseo en una sala dedicada al entretenimiento de los más pequeños que nos llevaba de vuelta a la tienda del museo. Allí nos despedimos de nuestra guía y pusimos rumbo a la plaza central de Karlstad.

 

Parque Mariebergsskogen

En la plaza del ayuntamiento de Karlstad pudimos coger unas bicicletas que son gratuitas para todo el mundo. Sólo debes dar tu número de pasaporte y te la puedes llevar hasta la hora de cierre del kiosco. Una idea genial que dudo que triunfe en España sin dejar ningún documento o tarjeta de crédito como garantía.

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La banda con las bicis gratis. Felices como regalices.

Karlstad, como tantas otras ciudades de Europa del Norte, está óptimamente condicionada para el uso de las bicicletas.

Tomamos el carril bici y bordeamos el lago Vänern -tercero más grande de Europa- para llegar al parque de la ciudad: el Mariebergsskogen.

Es un parque enorme que ofrece entretenimiento a toda la familia a lo largo del año.

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Zonas de juegos, edificios históricos, un curioso zoo de animales de granja, mini golf y zona de baño se alternan en la extensa área de bosque y césped ideal para hacer pinnics en verano.

En Invierno la palma se la lleva el anillo de hielo sobre el que miles de jóvenes se deslizan con sus patines.

Dejamos las bicis cerca de la puerta de entrada -no se puede circular con ellas dentro del parque- y paseamos por la zona de juegos hasta llegar al Naturum Värmland.

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Las cabritas del curioso zoo de animales de granja del parque Mariebergsskogen son las estrellas.

Esta mezcla de museo, cafetería y tienda sirve para educar a los chavales sobre las riquezas naturales de la zona y cómo respetarlas y conservarlas. Todo ello jugando. Además ofrece información sobre todos los atractivos naturales de la región de Värmland.

Una senda hecha con tablones de madera parte de el mismo Naturum y recorre -de forma circular- kilómetros de zona de marismas y vegetación donde se pueden avistar decenas de especies de aves mientras paseas en un entorno fresco y saludable.

Nosotros nos dimos una vuelta por el museo y nos tomamos una consistente crema de verduras a la que echamos pasta, judías, panecillos y no se qué más. Comida ligera para rebajar un poco los festines de carne y pescado de días anteriores.

Para bajar la crema caminamos por la zona del zoo de animales de granja. Las cabritas, cerdos, vacas y ovejas campan a sus anchas e interactuan con los visitantes, para deleite de los chavales.

Al más puro estilo Verano Azul, pedaleamos, todos en fila, de vuelta al centro de Karlstad. Dejamos las bicicletas y nos dedicamos a patear las animadas calles comerciales. Lucía el Sol y la gente aprovechaba para alternar compras con una bebida en las terrazas.

Algunos saquearon un supermercado para llevarse productos suecos y nuestros últimos minutos de viaje los pasamos en una tienda de ésas que venden cosas muy originales, con cierta utilidad e ideales para regalo. Nuestro botín contenía cosas del tipo de: chicles con forma de pelotas de tenis, un estuche para guardar plátanos y que no se chafen o un sacacorchos con forma de hombre y la zona metálica haciendo de partes nobles. Para que digan después que los suecos sólo tienen IKEA.

En nuestro camino hacia el pequeño aeropuerto de Karlstad paramos a tomarnos una de las hamburguesas con las que Isra nos había estado dando el coñazo todo el viaje. Y tenía razón: buenísimas.

Maria nos dejó en la puerta de salidas y nos despedimos de ella con un fuerte abrazo y promesas de reencuentros. Los demás embarcábamos todos rumbo a Girona. Aún nos quedaban grandes risas en el avión mientras recordábamos los grandes momentos de un viaje inolvidable a esta zona diferente del Mundo donde la naturaleza es amada, respetada y disfrutada.

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