A solas con la naturaleza en Nueva Zelanda: La cabaña de Will

blank

Nueva-Zelanda-Will-5

Hoy ha sido otro de los días que hacen viaje. Estoy en Will’s hut (la cabaña de Will), tremendamente a gusto, escribiendo estas líneas bajo la luz de una vela y el calor de una chimenea. Pero el día ha sido… intenso

(Pasaje de mi diario)

Un día escalando en Nueva Zelanda me llegó de repente: ¿había estado alguna vez 24 horas solo? ¿Y 24 horas solo en la naturaleza, alejado de la civilización? La idea me encantaba. Qué idea tan sencilla pero cuan poderosa. La respuesta era no, en 26 años nunca había pasado ni unas míseras 24 horas solo. Desde que me llegó la idea a la cabeza sabía que era algo que tenía que hacer, ya no había más remedio. Estando en Wanaka, le pregunté a mi amiga Kristen (a la que ya presenté en “24 horas en Nueva Zelanda”) por un sitio bonito y tranquilo donde pasar algún tiempo solo. Sin dudarlo cogió un mapa y me señaló con el dedo “Will’s hut, this is your place”.

El día estaba gris, lloviznaba. El camino era relativamente llano, pero difícil. Fueron 4 horas y media de tramping por el bosque más denso por el que yo haya caminado nunca. Aunque el lugar era precioso, el suelo estaba mojado y resbaladizo. A veces tenía que escalar o desescalar paredes pequeñitas, de un metro o un metro y medio; cara mirando a la pendiente, sujetándome a raíces mojadas y con pies inciertos. Al principio disfrutaba. Luego me empezó a doler la rodilla y la mochila empezaba a pesar. La mentalidad cambió y ya sólo pensaba en llegar al sitio prometido. Por fin, 4 horas más tarde, cansado y cojeando, intuyo el final del bosque y de repente se abre un valle precioso delante de mi.

Nueva-Zelanda-Will-1

Por fin veo la cabaña, pegada al lateral derecho del valle, donde empiezan los arboles y el frondoso bosque verde. Es sencillamente perfecta. Unos 4 metros de largo por tres de ancho, dos literas a la izquierda, en frente de la puerta una mesa alargada, una estantería pequeña a la altura de la cabeza, y al lado de la puerta una mesita cuadrada con dos banquetas. En frente de las camas, una chimenea antigua. No podía ser mejor. Me cambio de ropa inmediatamente y enciendo un fuego. ¡No existe mayor placer que un buen fuego! Le calienta a uno la casa y el alma. Y allí estoy, en una cabaña de ensueño, en medio de la naturaleza más profunda, con la mochila llena de comida, buena lectura y el sonido de nada. Inmejorable.

Nueva-Zelanda-Will-3Y así paso tres días. El primero amanece lloviendo, no me importa. Tengo que descansar la rodilla. Otro buen fuego mañanero, un te caliente, un buen desayuno y me siento a devorar uno de las mejores novelas que he leído últimamente, Shinue el egipcio. Salgo a media tarde a coger un poco de agua al rio y ver el atardecer. Ahí me quedo 20 minutos, pasmado, observando, mimetizándome. Los colores son increíbles y la paz que se respira inde

Scroll al inicio