Fusión de arte y cocina en Amsterdam


Tras la visita al Westerpark Ingrid y Ángeles nos llevaron al que ha sido, sin ninguna duda, uno de los restaurantes más originales en los que he estado nunca.

El De Culinaire Wekplaats, situado en el número 10 de Fanius Scholtenstraat, es un lugar que te sorprenderá nada más cruzar el umbral de su puerta. Su decoración es muy peculiar. Una mesa blanca, enorme y cuadrada ejerce de centro de operaciones del establecimiento. Allí estaban dos de sus dueños y cocineros cuando entramos. La socia principal es una diseñadora vanguardista que ha decidido plasmar su estilo en el restaurante.

Los chefs y la dueña eligen un tema cada semana siempre relacionado con la mente y la imaginación. La comida se fundamenta en frutas, legumbres y verduras de distintos lugares y cocinas del planeta.

Nosotros mismos nos encargamos de poner la mesa y servirnos el agua como si estuviéramos en nuestra casa. Mientras los chefs nos preparaban el primer plato de un menú de 5 diferentes delicatessen, me dediqué a admirar la decoración del lugar. Paredes y mesas blancas, estanterías repletas de libros de cocina de distintos lugares con marcadores en sus páginas, una especie de corcho donde clavaban con chinchetas una serie de plásticos comestibles hechos a partir de varias frutas, vasos y botellas de agua de color azul intenso y diseño sorprendente.

Al poco llegó nuestro primer plato de un menú dedicado a la memoria, Los 5 platos del menú de la semana estaban formados por alimentos que ayudan a esta facultad de nuestro cerebro.Frutos secos, mousse de calabaza, humus y especias del norte de África, arroz negro y la extraña zanahoria negra. Estos ingredientes y varios más creaban el menú más original que he probado jamás.

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El chef explicaba cada plato a todo el grupo antes de servirlo. Las raciones no son demasiado grandes y yo llegué a pensar que saldría de allí con hambre. Nada más lejos de la realidad. A pesar de ser comida ligera y, en su mayoría, vegetariana, acabé totalmente satisfecho.

Una de las anécdotas que más me divirtió es la historia sobre el color de la zanahoria. Nos comentaba tanto Ingrid como el chef que las zanahorias originalmente eran de color negro, como las que nos habían servido y podíamos ver por la cocina. Sin embargo, cuando en Holanda gobernó la casa de los Oranje –allá por el siglo XVI- se le cambió el color por medios de alteración genética como tributo a la casa que gobernaba el país. Cuando nos lo explicó Ingrid nos reímos y apenas le creímos, pero el chef nos contó la misma historia y nos quedamos todos boquiabiertos.

Hice una nota mental para buscar esta información en internet pero no lo he cumplido. ¿Alguien se anima a mirarlo y contarnos si es verdad?.

Con las barrigas llenas nos dirigimos a tomar el barco que nos daría una vuelta por los principales canales de la capital holandesa.

Más que un restaurante, el De Culinaire Wekplaats es un centro de arte orientado hacia la cocina. Os lo recomiendo encarecidamente como lugar innovador, alternativo y comida de varios y ricos sabores.

En cuanto al precio, lo pones tú. Sí, así como suena. En el menú ellos ponen unos signos de interrogación en la casilla para el precio. El cliente debe pagar lo que crea oportuno. Nosotros íbamos invitados por la Oficina de Turismo y Congresos de Holanda pero preguntamos a los dueños qué pensaban que podría ser un precio justo para lo que nos habían preparado. Entre nosotros habíamos comentado y votado un precio también. Pues nos pasamos inclusos los más moderados; propusimos unos 35-40 Euros sin bebidas. El chef lo valoró en 20. Una ganga, pero algo me dice que este sistema no les funcionaría en España porque la gente iba a pagar verdaderas miserias.

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Es lo que hay, y la prueba de ello nos la dio nuestra compañera de Atrápalo, Elisenda. Habían sacado una campaña de promoción en la que te daban un viaje bastante bueno y después, a tu regreso, pagabas lo que creías que era justo por él. Pues hubo gente que pagó 10 céntimos de euro tras un viaje a Japón. Tanto es así que acabaron regalando otro viaje a la persona que pagó más caro su viaje. Fueron 100 euros por una semana a tutiplén en Egipto.

Lo dicho. Este restaurante en España les dura una pelá.

Pero, por fortuna para ellos, lo han montado en Amsterdam y tenéis que incluirlo en vuestra visita a la capital.

Un gran experiencia para los paladares y la imaginación.

Sitio oficial De Culinaire Werkplaats

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