Viajando de Mandalay a Bagan en Myanmar

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Myanmar es un país especial. Quizás el más diferente del sureste de Asia, esa zona del planeta que, hace ya unas décadas, se puso de moda en el mundo mochilero.

Su gente es infinita y genuinamente amable, sus paisajes son impresionantes y variados y su patrimonio arquitectónico es maravilloso. Con todos esos atractivos y la apertura política del país – que se convirtió en una realidad tras la victoria del NLD de Aung San Su Kyi en las elecciones de noviembre del 2015 – cada vez son más los turistas que visitan Myanmar.

La ruta habitual de estos turistas incluye dos ciudades imperiales, pero muy diferentes entre sí: Mandalay y Bagan.

Monjes en Mandalay

Mientras Mandalay es una ciudad moderna y siempre en movimiento, la sede del último rey de Myanmar poco tiene que ver con la sagrada y espectacular Bagan, ciudad donde más de 3.000 pagodas emergen entre la vegetación y los campos de cultivo.

Tan solo 180 km separan a estos dos iconos de Myanmar, pero el viaje cambia mucho si lo haces en barco o por carretera. Habiendo probado ambos, me quedo con la opción fluvial, pero aquí os cuento la experiencia en los dos casos.

El río Ayeyarwady

Escuela en Mandalay

El río Ayeyarwady es la principal arteria fluvial de Myanmar.

Con sus más de 2.150 km de longitud, atraviesa el país de norte a sur y es su principal fuente de vida desde tiempos inmemoriales. Sobre sus aguas se deslizan grandes y antiguas barcazas de carga, pequeñas chalupas con víveres, canoas de pescadores y, cómo no, también algunos barcos de transporte, tanto para turistas como para locales.

Precisamente fue la existencia y morfología del Ayeyarwady una de las razones por las que los antiguos reyes del Imperio birmano eligieron fundar Bagan en su actual ubicación. Con sus enemigos asentados en el oeste, las montañas y el río formaban una protección natural perfecta contra las posibles invasiones.

Hoy en día, los habitantes de New Bagan lavan la ropa, se bañan, riegan sus cultivos e incluso beben las pardas aguas del Ayeyarwady. En ambas orillas se asientan aldeas, estupas, pagodas, campos de palmeras, patatas o chilis. Una demostración bien clara de que la vida proviene del agua.

Yo las surqué en un barco de mediano tamaño.

Viajando en barco de Mandalay a Bagan

mandalay a bagan

La parte superior del barco de Bagan a Mandalay

Comienzo con la opción que me parece más bonita. Sin embargo, no es la más rápida.

Me presenté en el embarcadero (Jetty lo llaman allí, utilizando el vocablo inglés habitualmente en todas las ciudades con muelle) a las 6.15 de la mañana. Puede parecer muy temprano, pero lo cierto es que, en julio, en Myanmar amanece sobre las 5.30 y la ciudad rebosa actividad desde el alba.

El embarque comenzó a las 6.30 y salimos a las 7, con puntualidad británica (reminiscencias de los tiempos coloniales).

El barco tenía una parte inferior, equipada con sillones en forma de herradura y mesas, y otra parte superior, al aire libre, pero protegida del sol por una cubierta de tela.

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El día estaba medianamente nublado y el calor, a esas horas, aún no era sofocante, así que decidí quedarme en la parte superior, mucho más indicada si quieres disfrutar del paisaje.

barco bagan myanmar

Al comenzar el viaje, dejamos a nuestra derecha la imponente colina sagrada de Sagaing, uno de los centros de budismo más importantes del país. De sus faldas cubiertas de verde vegetación, emergen doradas estupas que brillan bajo la luz del sol birmano. Otras cúpulas diferentes, las de los monasterios, compiten con ellas. Hay cientos de monasterios en Sagaing e incluso algunos extranjeros vienen a ellos para aprender las enseñanzas de Buda.

Tras pasar bajo los dos puentes principales de Mandalay – uno de los tiempos coloniales británicos, aunque reconstruido tras ser bombardeado en la Segunda Guerra Mundial, y otro bastante reciente – el Ayeyarwady se abre inmenso, como un mar de color ocre.

Bagan, Myanmar

Seguimos el río hacia el sur, pero reconozco que, tras escuchar las palabras que el día anterior me comentó un guía local, me daban ganas de coger el timón y dirigirme al norte. Navegar hacia el sur te lleva a Bagan, pero hacia el norte el cauce se estrecha y puedes contemplar ambas orillas desde una distancia mucho más corta. La vegetación en esta parte norte es más densa y la naturaleza más exuberante. Además, los delfines del río te acompañan en la ruta y puedes observar la colaboración tan única que se produce entre estos inteligentes animales acuáticos y los pescadores. Los delfines van asustando a los peces y dirigiéndolos hacia las redes de los pescadores.

Algo más de 370 km al norte, ya no puedes seguir sin permiso del gobierno, ya que entras en una zona conflictiva, donde aún se mantienen algunos enfrentamientos guerrilleros.

El barco se deslizaba hacia el sur y la gente se asomaba a la barandilla para ir contemplando el paisaje.

Sin embargo, las ocho horas de recorrido van haciendo mella en el personal conforme pasa el tiempo. Es normal. Al principio te maravillas al ver pasar las antiguas barcazas de carga o las aldeas en tierra, pero después de ver unas decenas el nivel de sorpresa cae a niveles mínimos y vas buscando la manera de matar el tiempo. Lleva algún libro o música.

Bagan, la ciudad de las 3000 pagodas

En la parte superior del barco, los asientos son sillas de mimbre con una curiosa forma que hace que al sentarte te engulla y acabes en una posición bastante cómoda. Como crítica, pienso que deberían poner algún tipo de cojín o almohadilla, porque después de un par de horas ya sientes cómo se ha dibujado la forma del entramado de mimbre de la silla en tu culo.

Tras siete horas largas, comienzas a ver las primeras pagodas de ladrillo rojo, tan características de Bagan. Te acercas a tu destino y el aire comienza a convertirse en fuego. Al estar en la meseta central de Myanmar, Bagan sufre unas temperaturas sofocantes durante todo el año.

En cuestión de minutos, llegas al muelle y estás listo para comenzar a explorar Bagan, la ciudad más bonita de Myanmar y uno de los sitios más bellos de Asia.

Servicios en el barco

Junto al puente de U Bein en Mandalay

No es necesario que te lleves comida al barco. Nada más zarpar recibirás una cajita con un desayuno completo: una pieza de fruta, un par de pasteles y un huevo cocido.

Además, sobre las 12.30 de la tarde, te sirven un almuerzo que consiste en un buen plato de arroz con curry de pollo y una ensalada (al menos ese fue el menú que me tocó en suerte).

Después, por si te has quedado con hambre, llega el momento del té o café y las tostadas francesas (las típicas french toasts,  rebozadas con huevo y azúcar). Vamos, que llegas a Bagan bastante cebado y sin ganas de cenar.

Viajando de Mandalay a Bagan en autobús

Vistas desde la colina de Sagaing

La otra opción – menos romántica, pero más rápida y barata – de ir de Mandalay a Bagan es en autobús.

Si tienes la suerte de elegir una compañía que realiza pocas paradas, el trayecto puede llevar entre 4 y 5 horas. Los autobuses birmanos son bastante cómodos y ya nada tienen que ver con los que probé por primera vez en 2011, los cuales eran bastante lamentables.

Ahora tienes la posibilidad de viajar en autobuses VIP, con unos butacones realmente cómodos en los que apenas te enterarás del viaje.

Cuál es la mejor opción para viajar de Mandalay a Bagan

Pues esta es una decisión muy personal. Yo, tras haber probado las dos opciones, me quedo con el barco, pues es un viaje más romántico. Sin embargo, si tienes prisa o menor presupuesto, quizá la mejor opción sea realizar el viaje en autobús.

En cualquier caso, Bagan es un destino que no te puedes perder en Myanmar… Ni en el sur de Asia.

 


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