Un barco rompehielos sobre el mar báltico

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Barco rompehielos en Pitea

Un par de cosas me sorprendieron -y gustaron- del blogtrip organizado por la oficina de Suecia para visitar la región de Laponia. Una fue el programa personalizado para cada asistente en alguna de las jornadas y otro el uso del transporte público para moverme de un lado a otro.

Desde Lycksele me dirigí a la estación de autobuses y adquirí un billete para llegar a Skelleftea (20 euros). El autobús llegó puntual y en más o menos una hora llegamos al destino parando en unas cuantas poblaciones por el camino. Observé que en esta región poca gente usa el autobús para ir de un lado a otro. Si ya las carreteras parecen poco transitadas, en el bus solo me acompañaban unos cuantos chavales y gente mayor.

En la estación de autobuses de Skelleftea me esperaba un representante de la oficina de turismo de la ciudad para llevarme a Pitea donde nos esperaba una experiencia que te pone los motores a punto de buena mañana: un barco rompehielos para surcar las aguas heladas del mar báltico. Mi compañera de viaje había alquilado un Volvo para el trayecto y por sus dudosos movimientos vi que se sentía un poco insegura con el coche. No desaproveché la ocasión y me ofrecí como piloto para así disfrutar de un buen coche durante la hora de trayecto que nos esperaba hasta llegar a Pitea. Las carreteras por Laponia son buenas y el límite de velocidad de 110 km/h.

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Pista de patinaje sobre el mar en Pitea. ¡Parece increíble que aquí se pongan a jugar a volley playa durante el verano!

Pitea se encuentra junto al mar báltico y sus casas desfilan ante una enorme lengua de mar que se adentra en tierras laponas. Desde noviembre hasta abril esta zona permanece bajo el hielo y en ella se practican distintos deportes de invierno. Durante los meses de verano, el hielo desaparece y en la misma oficina de turismo pude ver sorprendido unas fotos de gente jugando a volley playa. Así, tal cual: jugando a volley playa en medio de Laponia. Me quedé sin palabras. No en vano, las aguas de la llamada Riviera Nórdica disfrutan de las temperaturas más calurosas de Suecia.

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Al llegar a Pitea comimos en un buen buffet libre justo al lado de la oficina de turismo. Ensalada, pasta y plato con carne y salsas por apenas 10 euros.

Seguidamente nos fuimos hacia la lengua de mar que separa la población para probar nuestras habilidades sobre el hielo en una pista de patinaje acomodada sobre el mar helado. Se puede alquilar material en la misma de oficina de turismo de Pitea y en un chiringuito ante la pista de hielo. Hacía más de 20 años que no patinaba y creo que han cambiado las cosas desde entonces. En mis épocas te ponías unas botas con la cuchilla incorporada. En este caso nos ofrecieron unas botas y las cuchillas por separado. No me sentí igual de cómodo que en otras ocasiones -igual es que han pasado unas cuantas décadas- pero no me movía de la misma manera. Tras unas cuantas vueltas subimos al coche y nos dirigimos al plato fuerte del día.

En un pequeño muelle a las afueras de Pitea nos esperaba un barco rompehielos. En este caso, se trataba de un barco pesquero preparado para la función y nos subimos a él con la cámara preparada y a punto de disfrutar de una de las mejores experiencias del viaje a Laponia.

Emprendimos rumbo hacia el interior del mar báltico. En el mismo muelle el agua del mar no estaba del todo helada pero a medida que recorrimos los primeros kilómetros sobre el barco, el agua del mar empezó a dar paso al grueso hielo que se extendía como una moqueta blanca hacia un horizonte sin final. El crepitar del hielo bajo el barco estremecía. Desde la propa podíamos ver el fácil camino de vuelta a razón del hielo partido sobre el mar, desde la proa contemplábamos un mar blanco interminable. Si ya en marzo la belleza daña a los ojos, realizar esta experiencia en pleno invierno debe ser un espectáculo fuera de lo común.

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Al cabo de media hora aproximadamente el barco paró. Nos preguntaron si nos apetecía darnos un chapuzón bajo el hielo. No lo dudé ni un segundo. Nos fuimos a un camarote y nos pusieron unos trajes naranjas para protegernos del frío del agua. Se trata de un traje de neopreno que cubre a uno de arriba abajo sin olvidar las muñecas ni los tobillos y salvando el rostro. Una vez vestidos parecíamos auténticos teletubbies andando sobre el hielo helado. Nos sujetaron con una cadena cual perros y nos lanzamos sigilosamente al agua. Ni de coña me habría tirado de cabeza en un lugar donde apenas llegábamos a los 2 grados. Tras chapotear un rato me di cuenta que al final no había para tanto y, aunque me lo pasé de miedo, no era tanta la machada. Más bien, una de esas cosas que haces para marcar como hecho en una lista imaginaria. Con el traje de neopreno apenas noté el agua y empecé a jugar con el hielo con las manos. Me entró un poco de agua por las muñecas pero apenas sentí frío.

Tras la experiencia en el agua, volvimos al barco donde nos quitamos el traje y retomámos la cámara para disfrutar de ese desierto blanco sobre el agua. Una experiencia difícil de olvidar.

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Los barcos rompehielos solo parten con turistas los sábados. Podéis reservar y consultar precios a través de la oficina de turismo de Pitea.

Sin ningún aumento de precio te facilitamos la reserva de tu viaje:

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4 Comentarios
  1. Pau 3 mayo 2011
  2. avistu 3 mayo 2011
  3. María de O Viaxadoiro 3 mayo 2011
  4. Lidia 2 abril 2013