A raíz del artículo que publicamos sobre cómo encontrar trabajo en un barco pesquero en Alaska, mucha gente nos ha escrito pidiendo más información y experiencias reales.
Nosotros no hemos trabajado en un pesquero en Alaska, pero una de nuestras lectoras sí lo hizo. Se trata de Elisa, que un buen día decidió cruzar el continente americano y probar suerte en uno de los trabajos más duros —y míticos— del mundo.
Ojo: esta experiencia ocurrió hace años, pero sigue siendo muy representativa. Eso sí, hoy en día hay aspectos importantes que han cambiado (sobre todo en temas legales y visados), que iremos comentando para poner todo en contexto.
Para todos los que queráis conocer de primera mano una experiencia de trabajo en un barco pesquero en Alaska, os dejamos con sus palabras:
Es difícil saber por dónde empezar este texto que, aun siendo más información que historia, cuenta lo que fue para mí la gran aventura de mi vida.
La primera vez no escuché nada sobre este tipo de trabajo: vi la foto de una mujer con una sonrisa impresionante que había estado trabajando en la pesca comercial del salmón en Alaska.
Por entonces yo estaba en la selva amazónica de Ecuador y conseguir más información era complicado. Un año más tarde, trabajando en Chile, conocí a un escalador que pescaba salmón en Alaska durante el verano para poder escalar el resto del año. Me explicó lo básico: dónde ir, cuándo hacerlo y cuánto se podía ganar.
Para mí fue suficiente.
En mayo de 1996 volé desde Santiago de Chile hasta Anchorage, hice autostop hasta la península de Kenai y desde allí tomé un ferry hasta la isla de Kodiak, famosa por sus osos grizzly.
Los que llegábamos sin trabajo montábamos una especie de campamento improvisado cerca del puerto. Allí convivíamos viajeros, pescadores y buscavidas mientras intentábamos encontrar un barco.
Pasábamos los días aprendiendo lo básico: coser redes (algo fundamental), entender cómo funciona un barco y memorizar términos en inglés que luego escucharíamos gritados en mitad de una tormenta.
Mi nivel de inglés era muy básico al llegar… y mejoró más por necesidad que por estudio.
[Nota 2026]: hoy en día sigue siendo clave manejar algo de inglés, pero también hay más recursos online y comunidades que facilitan el proceso.
Cuando eres extranjera, mujer y sin experiencia, las opciones no son muchas. Algunos capitanes buscan gente desesperada o sin alternativas. Otros, simplemente, necesitan completar tripulación.
Pero si trabajas duro, eso se nota rápido. En Alaska todo corre de boca en boca, y si cumples, acabarás encontrando mejores oportunidades.
Cambiar de barco es habitual. Puedes empezar en uno malo y acabar en uno mucho mejor en pocos días o semanas.
Una vez conseguí trabajo, el capitán me pidió la Fishing License, la licencia necesaria para trabajar en pesca comercial.
Y aquí viene una de esas anécdotas que hoy en día han cambiado bastante.
En aquel momento, la licencia se podía conseguir fácilmente en supermercados como Safeway, y el control era bastante laxo. Hoy en día, la normativa es mucho más estricta y necesitas documentación válida y permiso de trabajo en EE.UU.
[Importante 2026]: actualmente necesitas visado adecuado (como J-1 o H-2B) para trabajar legalmente en Alaska.
El sueldo se negociaba por porcentaje. En mi caso, rondaba el 5% por no tener papeles, aunque podía subir al 7% o más si demostrabas tu valía.
De ese porcentaje se descontaban gastos como combustible o comida, algo que sigue ocurriendo hoy en muchos barcos.
Los ingresos dependen totalmente de la pesca. No todos los años son iguales.
También es importante saber que no todos los capitanes hacen la campaña completa. Elegir bien el barco puede marcar la diferencia entre ganar dinero… o no.
Factores como fenómenos climáticos tipo El Niño o La Niña afectan directamente a la cantidad de pescado y, por tanto, a lo que ganas.
Cuando termina la campaña del salmón, algunos continúan con la pesca del halibut. Yo tuve la suerte de hacerlo en 1997, navegando más allá de las Islas Aleutianas.
Allí lanzábamos líneas de fondo y las recogíamos cada dos días cargadas de peces enormes. La talla mínima rondaba el metro, pero muchos superaban el 1,30.
El trabajo era extremadamente duro, repetitivo y agotador. Frío constante, manos destrozadas, pocas horas de sueño… pero también una sensación difícil de explicar.
Porque, a pesar de todo, aquello fue una de las experiencias más intensas de mi vida.
Reflexión final (2026)
La experiencia de Elisa refleja bastante bien lo que sigue siendo trabajar en un barco pesquero en Alaska: duro, incierto y potencialmente muy rentable.
Hoy existen más recursos, más información y más control legal, pero la esencia no ha cambiado.
Si estás pensando en hacerlo, infórmate bien, hazlo de forma legal y prepárate para una experiencia que, probablemente, no olvidarás nunca.
¿Te planteas vivir esta experiencia? En este artículo te explicamos paso a paso cómo conseguir trabajo en un barco pesquero en Alaska, incluso sin experiencia.
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