Cumpliendo un sueño: Etiopía, África auténtica

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Hoy me subo a un avión que me llevará a comenzar una aventura que comenzó a gestarse en otoño del año 2012. Fue en ese momento cuando cayó en mis manos el libro de Javier Reverte “Los caminos perdidos de África” y me enamoré de Etiopía a la vez que él narraba su viaje por este magnífico país.

Por cosas del destino, en febrero del 2013 comenzaría mi primera aventura africana en Sudáfrica, para luego pasar a Mozambique y Malawi en un viaje que nunca olvidaré. Fue tan bueno que me quedé con ganas de más y mi corazón viajero pasó a palpitar tan sólo al ritmo de los tambores africanos.

Etiopía había quedado relegada por este primer viaje al sur de África pero nunca dejé de pensar en ese país donde la historia se mezcla con la leyenda.

Tierra de guerreros que puede proclamar, con orgullo, que nunca fue colonia duradera de ninguna potencia europea. Caso aislado en África. El pueblo etíope es orgulloso, esbelto, noble, duro y valiente.

Sus leyendas vienen desde los tiempos del Rey Salomón. La reina de Saba (que era etíope) fue a visitarlo y acabó convirtiéndose al judaismo y teniendo un hijo con él, Menelik, que se convertiría en el primer emperador etíope. El vástago, además, en su viaje de regreso a la tierra de su madre, trajo con él el Arca de la Alianza. Aun hoy en día, los etíopes creen a pies juntillas que sigue estando custodiada en algún monasterio del país.

De los años imperiales, tenemos como testigos a las ruinas de los castillos de Gondar. Más al norte, en Tigray y Lalibela, iglesias excavadas en la roca entre los siglos IV y XV, asombran al viajero.

Al sur de la vibrante capital, Addis Abeba, las planicies del valle del Omo sirven de fuente de vida a las ancestrales tribus que aún viven respetando las tradiciones arcaicas. Al este las tierras quemadas de Danakil, donde la temperatura puede llegar a subir de los 50 grados pero la tierra nos recompensa con el único lago de lava perenne que existe en el mundo, el del volcán Ertale.

Las montañas están más presentes que en cualquier otro país africano. La media de altitud está por encima de los 2.000 msnm y hay muchos picos por encima de los 4.000. Las montañas Simien nos ofrece un trekking de varios días por caminos horadados por los aldeanos que se mueven entre pueblo y pueblo. Monos gelada, el quasi-extinto lobo etíope y otros animales, nos acompañarán por los verdes caminos entre valles y picos escarpados.

Y es que las imágenes televisivas de las hambrunas y sequías de los 80 nada tienen que ver con la realidad de este país. Es un lugar fértil, lleno de parques naturales como el de las montañas Bale, donde el viajero se verá sorprendido por una explosión de exuberancia, tradiciones, historia, leyendas y gente auténtica.

Tengo un mes por delante para corroborar si todo lo bueno que he oído es cierto.

Un amigo y yo nos embarcamos en esta aventura, con nuestras mochilas y tienda de campaña, para vivir Etiopía de la forma más profunda posible. Como no me llevo el ordenador, os cuento a la vuelta. ¡Qué tengáis un feliz mes!.

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Una respuesta
  1. Jorge 22 marzo 2015

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