Una noche en la Ópera de Timisoara

La magnífica obra de Mozart, Don Giovanni, en el incomparable marco de la Ópera Nacional Rumana de Timisoara

Rumania TFW

Llamadme inculto (os oigo), pero he tenido que esperar a tener cumplidos los 42 años para disfrutar, por primera vez, de un espectáculo de ópera en vivo… Bueno, en cualquiera de sus manifestaciones, pues tampoco había visto nunca una en la televisión.

No me preguntéis por qué ha ocurrido esto. Bueno, o sí. La respuesta es sencilla: simplemente, nunca se dio la oportunidad y yo no tuve el interés de forzarla.

Ahora que me he desvirgado con la magnífica ópera Don Giovanni de Mozart, y en un marco incomparable, debo decir que tengo ganas de repetir. Siempre guardaré en la memoria con mucho cariño mi primera noche en la ópera.

Un poco de historia sobre la Ópera Nacional Rumana de Timisoara

Sin desmerecer al teatro de mi querida Alicante, me alegró mucho ver mi primera ópera en un recinto como el de la Ópera Nacional Rumana de Timisoara.

Enclavada en el majestuoso centro histórico de Timisoara – que por algo es conocida como la Viena de Rumanía -, el edificio de la Ópera Nacional Rumana luce por sí solo en uno de los extremos de la Piata Libertati (la Plaza de la Libertad) y es sede compartida, pues también se alberga aquí el Teatro Nacional Mihai Eminescu de Timisoara.

Fachada de la Ópera de Timisoara

Fachada de la Ópera de Timisoara ( Foto © David Escribano)

La construcción del bonito edificio de la Ópera Nacional Rumana de Timisoara comenzó en 1871 y fue completada en 1875. Las obras corrieron a cargo de los arquitectos Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, siendo encargada una posterior renovación (en 1923) al artista local Duiliu Marcu.

La vida del edificio ha sido tan trágica como las historias contadas por las óperas que en él se han representado.

Poco después de la inauguración en 1875 (se hizo con la magnífica ópera “Aida”, de Verdi) un fuego consumió gran parte del edificio. Era abril de 1880 y al no haber fondos privados que pudieran reparar el desastre, el gobierno decidió hacerse cargo de las labores de reconstrucción.

La reconstrucción se completó en 1882, con la creación de una fachada de estilo renacentista. Sin embargo, el lugar parecía estar maldito, pues un segundo fuego, en 1920, destruyó todo de nuevo, menos las alas laterales. En 1923, Duiliu Marcu se encargó de la segunda reconstrucción. Desde entonces, los carteles de “Prohibido fumar” se han multiplicado por todo el recinto.

Mi experiencia en la Ópera Nacional Rumana de Timisoara

La experiencia de ver mi primera ópera en Rumanía comenzó en España, cuando compré las entradas por la web oficial de la Ópera Nacional Rumana de Timisoara. Los precios son impensables para alguien que haya ido a una ópera alguna vez, y pude encontrar unos asientos de palco (aunque la visibilidad no era la mejor de todas) por 50 leus (o leis), unos 11€ al cambio actual. La entrada más cara no pasaba de los 100 leus.

Ya en Timisoara, la segunda parte del plan consistía en elegir qué ponerse para ir a la ópera. Debo reconocer que no tengo prendas demasiado elegantes en mi armario, así que elegí un jersey marrón de cuello vuelto y cambié zapatillas por zapatos. Igualmente, por mucho que lo hubiese intentado, nunca hubiera estado a la altura de la belleza de mi acompañante.

Llegamos a la puerta principal de la ópera unos 20 minutos antes del inicio de la función. Un apuesto y simpático joven comprobó las entradas en la misma puerta y nos dio paso a la zona destinada a guardar los abrigos.

Plaza de la Libertad (Foto © David Escribano)

Dos bonitas escaleras, hechas de algo que parecía mármol blanco, ascendían al segundo piso del edificio. En cada uno de los pisos, unas amables chicas te ofrecían el libreto de “Don Giovanni”, pero al estar solo en rumano, decidimos no comprarlo.

Una vez hubimos localizado nuestros asientos, me fui a explorar el resto del edificio. Un pequeño bar servía comidas y bebidas antes de comenzar y luego, en el descanso. En la tercera planta, varias pequeñas puertas daban acceso a otros palcos, y una habitación – en la que entré por error, pensando que era el baño – servía de desván, apilándose allí viejos utensilios de luz y sonido.

Todo estaba cubierto con alfombra roja y el toque señorial se contagiaba a techos, paredes y, cómo no, a los asistentes, algunos de los cuales lucían sus mejores galas.

Llegué a mi asiento justo cuando una chica cerraba la puerta de mi palco. Tuvimos suerte y, a pesar de haber siete sillas en el cubículo, pudimos disfrutar de la función a solas. Me acomodé y disfruté de un espectáculo que me llegó a emocionar.

Al tener cierto dominio del italiano, al principio intenté seguir la historia sin ayuda de la tecnología. En el panel electrónico que había sobre el escenario, solo ponían subtítulos en rumano, así que no me servía de mucha ayuda. Al final, y por temor de perderme cosas importantes, claudiqué y acabé echando mano de la omnipresente Wikipedia, que parece que vale para todo.

En mi profundo desconocimiento del género, los actores me parecieron magníficos, la ambientación excelente y el público más que correcto. Don Giovanni, sin embargo, me pareció un tipo que buscó lo que encontró al final de la trama. ¿Que no sabes cómo acaba? Pues ya sabes, viaja a la maravillosa ciudad de Timisoara y disfruta de su ópera.


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