El Barrio de Santa Cruz, corazón de Alicante

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Hay dos estampas que se graban en la memoria de aquellos que visitan Alicante por primera vez: el castillo de Santa Bárbara, dominando todo desde lo alto del monte Benacantil, y las blancas casas del barrio de Santa Cruz.

Alicante nació en Santa Cruz. El barrio más antiguo de la ciudad se desparrama por las laderas del monte Benacantil hasta alcanzar la Rambla Méndez Núñez, una de las arterias principales de Alicante. En realidad, cuando comienzas tu camino desde las almenas del castillo de Santa Bárbara, es como si arrancaras un viaje en el tiempo.

Ese viaje lo inicias en la época medieval, cuando el castillo hervía de vida (y de muerte) en batallas protagonizadas por moros y cristianos. Al descender la ladera, caminando entre arbustos y pinos, te encuentras con el Parque de la Ereta.

El Parque de la Ereta

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Vista del Castillo de Santa Bárbara desde el Parque de la Ereta © David Escribano

El Parque de la Ereta es un lugar de relajación y recogimiento en el que podrás respirar aire puro y caminar tranquilamente entre especies florales autóctonas alicantinas.

Una zona de pinos y la terraza de los olivos, predominan entre varias gramíneas. Al recorrer un sendero zigzagueante, desembocas en una explanada principal con bellas vistas al Barrio de Santa Cruz y el mar Mediterráneo. Han sido decenas las veces que me he quedado allí, de pie o sentado en un banco, disfrutando del paisaje de mi bella Alicante. Para ayudarte a perderte unas modernas y originales fuentes de agua hacen las veces de relajada banda sonora.

El Parque de la Ereta cuenta, además, con un buen restaurante panorámico, una zona de espectáculos (con camerinos subterráneos), cafetería y sala de exposiciones.

Créditos fotografía © David Escribano

Las calles del Barrio de Santa Cruz

Dejas atrás el Parque de la Ereta al tomar una escalera que desciende a la maraña de calles estrechas y tranquilas que componen el Barrio de Santa Cruz. Entre estas pequeñas arterias, se abren, aquí y allá, miradores sobre el resto de las casas y la ciudad, y plazoletas de barrio en las que, los fines de semana, las voces de los niños aparecen para darle vida.

Créditos fotografía © David Escribano

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Las casas que se asoman a las vías son bajas, con unas fachadas blancas que se ven salpicadas de color por macetas en las que rebosan geranios, rosas y otras flores alegres. El esplendor de este juego cromático se alcanza, cada año, entre los días 1 y 3 de mayo, cuando se celebra la festividad de las Cruces de Mayo y el barrio entero se viste de largo.

Otro momento vital para el Barrio de Santa Cruz es la Semana Santa. Cada Miércoles Santo, de la pequeña ermita de Santa Cruz – que se levanta en el corazón del barrio desde el siglo XVIII – parten los nazarenos de la Hermandad de Santa Cruz, portando, por las angostas calles del Barrio, sus cuatro tronos: el Descendimiento,  el Cristo de la Fe (más conocido como “El Gitano”), la Virgen de los Dolores y el Cristo de Medinaceli (también llamado, “Cristo Cautivo”).

Se trata de la procesión más numerosa y con más solera de la Semana Santa alicantina, y la gente llega a tomar posiciones en las calles del Barrio hasta 5 o 6 horas antes del inicio de la misma. Fervor, saetas y tradición en un marco incomparable.

Créditos fotografía © David Escribano

Otro monumento religioso es la concatedral de San Nicolás, incrustada en pleno barrio y mayor iglesia de Alicante.

Pero el Barrio de Santa Cruz también posee su lado pagano. Y ese, como pasa casi siempre, suele ser más divertido.

El Barrio de Santa Cruz es como un pueblo pequeño en el que los vecinos se conocen entre sí, se saludan, tienen charlas – sentados en sillas dispuestas frente a sus casas – en las calurosas noches veraniegas y dejan que sus hijos juegues por las calles. Un aroma a libertad proveniente de una época en la que la tecnología no nos tenía atados a un sillón y con el miedo de salir a la calle a disfrutar de la vida simple.

Créditos fotografía © David Escribano

Al caer la noche, el Barrio muestra su lado más gamberro, ya que es la zona de marcha alicantina por antonomasia. La de noches que habré acabado cerrando garitos tan míticos como ‘El Coscorrón’ (donde hacen el mejor mojito de Alicante), ‘Sargantana’ o ‘La Misión’.

Hoy, además, la parte de restauración se ha ido regenerando y cuenta con bares y restaurantes de aspecto ‘cool’ que se han unido a la oferta de los de toda la vida.

Acércate a sentir el palpitar del corazón del Barrio de Santa Cruz.


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