Viaje a Túnez de 3 semanas - Viajablog

Viaje a Túnez de 3 semanas

Recorrido completo de un viaje independiente por Túnez

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El siguiente es un recorrido viajando por Túnez por libre realizado durante tres semanas con la mochila a cuestas y sin alquilar coche ni usando guías turísticos.

Túnez es un destino cercano a apenas un par de horas de vuelo desde España. Aun así, con este corto desplazamiento nos sumergimos en una cultura y religión distinta. Túnez ofrece un paisaje dispar, con parte del desierto del Sahara al sur, ruinas romanas en gran estado de conservación como en Dougga, El Djem o Sbeitla, oasis repletos de bosques de palmeras y una costa mediterránea capaz de rivalizar con otros destinos más habituales en las listas de los mejores enclaves del sol y playa.

Columnas romanas en Sbeitla

Los últimos acontecimientos, especialmente tras el atentado en el Museo del Bardo ocurrido en marzo de 2015, pueden haber cambiado la perspectiva de muchos turistas a la hora de escoger sus vacaciones. Túnez ya no recibe tantos turistas como antaño. Aun así, a día de hoy, desgraciadamente la total seguridad no nos la puede asegurar ningún destino. La menor afluencia abarata precios, expande las posibilidades de alojamiento y nos permite realizar una ruta por el país al margen de las habituales hordas turísticas.

Como comentamos anteriormente la buena comunicación de transporte en Túnez con autocares, trenes y sobre todo louages (taxis compartidos en forma de furgoneta) ofrece la oportunidad de viajar de manera independiente sin tener que acogeros a un pack turístico y disfrutar de vuestro viaje a un precio mucho más económico y a vuestro aire.

Como podréis comprobar viendo el recorrido al ir solo uno coge buen ritmo y casi no descansa ni un segundo. De todas maneras, tanto si deseáis conocer Túnez a un ritmo tranquilo como rápido espero que os sirva a modo de referencia para planear vuestros viajes por Túnez.

Túnez, Cartago y Sidi Bu Said

Al llegar a la capital de Túnez, encontré los hostales más baratos alrededor de la plaza de Barcelone. Me alojé en uno de los primeros que vi que disponía de habitaciones individuales a precios decentes con lavadero pero sin ducha.

Por la mañana me dirigí al baño comunitario y me encontré un lavabo y una manguera. No parecía haber un agujero para drenar el agua así que deduje que no existía ducha en el hostal. Comprobé distintos lavabos comunitarios por el hostal y me encontré con la misma disposición: Un lavabo, una manguera y un suelo completamente liso sin salida para el agua. Comprobé que nadie andaba por los pasillos y me decidí a darme una rápida ducha con esa manguera, agachado para poder lavarme la cabeza y con la ropa colgando de la puerta.

Salí limpio y fresco y me vino de repente una mujer regordeta que me pegó la primera bronca en musulmán de mi vida. Con cuatro palabras en catalán en acento afrancesado acabamos siendo un poco más amigos y la mujer incluso me permitió usar su propio baño para ducharme en una de las suites del hostal.

Junto con Marcelo, un charrúa que conocí camino a Túnez desde el aeropuerto, salimos a la calle y nos dirigimos a la plaza de Barcelone de donde salen todos los tranvías de la ciudad.

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el mismo centro de Túnez podrás hacer en el siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

Un hombre pescando en la orilla de Cartago

Desde Túnez nos dirigimos a Cartago y a la ciudad costera de Sidi Bu Said. Son de hecho los tres lugares más turísticos de la capital Túnez –a excepción del centro y el bazar- y bien pueden ser visitados en un mismo día. La conexión de tranvías y autobuses por toda la ciudad permite a uno desplazarse sin problema alguno.

Cartago decepciona un poco si esperáis encontrar los restos de un pasado glorioso. Por mucha imaginación que le ponga uno es difícil construir en el aire el enorme puerto romano que regía la ciudad. Levantar columnas y anfiteatros con la imaginación en Cartago está sólo al alcance de Kandinski u otros artistas surrealistas. En Cartago ya sólo quedan cuatro piedras de su glorioso pasado.

Un poco más al norte, a dos paradas de tren, se llega a Sidi Bu Said. Una bella localidad turística pintada de blanco y azul donde los cruceros hacen parada para pasear por sus tranquilas calles y comprar souvenires.

Es un lugar idóneo para terminar un recorrido de un día que nos ha llevado por los lugares más emblemáticos de la capital de Túnez. Como premio final, una cena tranquila en una de las muchas terrazas que se esparcen por Sidi Bu Said con vistas al Mediterráneo y a Sicilia.

La mediterránea Sidi Bu Said

Las espectaculares ruinas romanas de Dougga

Uno de los lugares más espectaculares de Túnez -y que nadie en sus cabales debe perderse en su viaje al país africano- son las ruinas de Dougga.

Es uno de los mejores ejemplos de villa romana en Túnez en un gran estado de conservación y su lugar estratégico sobre un altiplano ofrece vistas inacabables en sus cuatro puntos cardinales.

Anfiteatro romano en Dougga

Lo más aconsejable es visitarla con transporte propio ya que el lugar está perdido de la mano de Dios en el interior del país. De todas maneras, bien se puede llegar en transporte público.

Primero debéis llegar a la estación principal de autobuses en Túnez. Para ello debéis bajar del tranvía un par de paradas antes de la estación del museo del Bardo en la capital tunecina y ahí subís a un autocar con destino a Le Kef. A medio camino tenéis que parar en la ciudad actual de Dougga. Las ruinas se hallan a unos cuantos kilómetros de la carretera principal por lo que es necesario pedirle a un aldeano que os suba por un módico precio hasta las ruinas.

Aproveché una terraza para tomarme un té, entablé conversación con los locales y un chico se ofreció para llevarme en moto hasta las ruinas y esperar para devolverme al pueblo por un módico precio.

Vistas al valle desde las ruinas romanas de Dougga

El espectáculo está garantizado. Apenas se pasean turistas por el lugar debido a su difícil acceso. Existen baños romanos, templos y un anfiteatro que se halla en un estado casi impecable. Entre las ruinas no os sorprendéis al encontraros una moto medio abandonada o algún campesino paseando las ovejas. A la vuelta podéis seguir camino y dormir en Le Kef.

Viaja seguro

A la hora de cruzar la frontera es conveniente que tengamos un seguro contratado para evitar desagradables sorpresas. Es importante llevar encima una poliza en condiciones que nos cubra durante el viaje por si ocurre lo inevitable: un accidente, pérdida de equipaje, robos o contraer una enfermedad. En nuestros viajes, los editores de Viajablog, solemos usar un Seguro de Viaje de InterMundial cuya cobertura es amplia, responden rápidamente, ofrecen diferentes modalidades según el viaje que vayas a realizar y sus precios son muy asequibles en comparación con otras aseguradoras. Podéis contratar un seguro con ellos de nuestra parte a través de este enlace.

Le Kef: escapando de la ruta turística

Le Kef es un pueblo apartado en el oeste de Túnez ideal para todo aquél que quiera escapar de la ruta turística habitual. Uno, cuando pone los pies a tierra en la polvorienta estación de autobuses, piensa que vendrá el pueblo entero a saludarle y ofrecerle sus servicios. Sin embargo, todo marcha tranquilo y nadie atosiga al viajero en Le Kef. Alguna sonrisa de un niño, un par de miradas que tratan de no tomar contacto directo con tus ojos y todo parece transcurrir tranquilamente y con respeto.

La gente es muy respetuosa con los extranjeros y dejan hacer vía libre. Si quieres información tratarán de ayudarte, siempre y cuando os entendaís en árabe o francés.

Atardecer en Le Kef

Parece que en el pueblo pocos turistas se aproximan y verdaderamente es una buena opción conectando con Túnez en autocar y haciendo el misma día una paradita en las espectaculares ruinas romanas de Dougga.

Le Kef es un lugar árido. Con un cierto desnivel sobre el mar, parece ser la última ladera del Atlas.

Los romanos se pasaron por aquí y en el mismo centro del pueblo pueden admirarse ruinas a un lado y a otro. Las calles son estrechas y con elevados desniveles y su bella medina da gusto recorrer en hora punta.

Lo mejor de Le Kef es subirse a la fortificación a lo alto del pueblo y admirar el extenso paisaje que se abre. Un infinito paisaje árido que parece nunca acabar.

Cuscus tunecino en Le Kef

Un buen lugar para comer es El Andalus y si os pedís el cuscús especial (algo caro teniendo en cuenta que estamos fuera de la capital) disfrutaréis de lo lindo.

Para dormir encontraréis un par de hostales a buen precio muy cerca de la escuela. Preguntad por ella.

Visita a las espectaculares ruinas romanas de Sbeitla

Las ruinas romanas de Sbeitla

De Le Kef me fui hasta Sbeïtla en louage (taxis compartidos que sin duda son la mejor manera de viajar por Túnez). Realmente es un lugar perfecto para estructurar nuestro viaje en Túnez. Se halla en un punto y está bien conectada con los oasis del sur y el desconocido noroeste del país.

Sbeïtla es una de las maravillas de Túnez. Posiblemente las ruinas romanas que albergan la ciudad son una de las mejores preservadas del país. No obstante, me quedo con las de Dougga por el inigualable paisaje en el que se encuentran. Las de Sbeïtla están a pie de carretera, de todas maneras, el lugar si se encontrara en Italia a buen seguro se convertiría en uno de las manifestaciones de arte romano más importantes del país.

Las poco visitadas ruinas romanas de Sbeitla

El lugar ha conseguido atravesar los siglos con una entereza envidiable. Los tres impresionantes templos del Capitol siguen en pie y su color dorado con los primeros rayos del amanecer te dan los buenos días de la mejor manera posible.

El foro, las antiguas casitas que se dejan entrever, algunas incluso con su tejado más o menos estable, un teatro de pequeñas proporciones pero ben reformado son ejemplos de arte romano en muy buena preservación.

En la ciudad no hay gran cosa y conviene hacer la paradita para contemplar las ruinas y seguir camino hacia Gafsa, Le Kef o incluso a lugares más alejados como Tozeur.

Una buena recomendación para comer, curiosamente lleva el mismo nombre que el restaurante que conocí en Le Kef, es El Andalus. Buen cuscús a precio baratísimo.

El oasis de Gafsa

Pocos turistas visitan Gafsa. Se trata de uno de los oasis algo olvidados por los turistas ya que no muy lejos se encuentran los oasis más conocidos de Túnez como el de Tozeur o Nefta.

Escena en Gafsa

De todas maneras, no está nada mal el destino para ver los entresijos de la vida habitual de un pueblo tunecino del interior con sus mercados diarios, el ajetreo por su medina y el inabarcable oasis de palmeras que lo cobija.

Llegué proviniente de Sbeïtla en un mismo día. Me había levantado en Le Kef, me había desplazado en louage hasta las ruinas de Sbeïtla y tras visitarlas seguí mi camino en louage hasta Gafsa.

En el mismo louage conocí a una chica que estudiaba en la ciudad y con quien pude realizar unas buenas clases de fonética árabe. Hablar un mínimo de palabras es necesario y casi obligatorio por las zonas remotas del país y encima quedas bien. Como es lógico, la gente en todas partes del mundo siempre agradece que le hables en su lengua.

Gafsa es una ciudad de trabajadores. No es para nada un destino turístico. No obstante, pasarse unas horas por el lugar es muy recomendable. Además en la estación de autocares de la ciudad hay una consigna donde podéis dejar la mochila y así podréis visitar la ciudad durante un par o tres de horas tranquilamente y relajar las piernas.

Un paseo por el casco antiguo, visitar la fortificación del Kasbah que separa la impresionante extensión del palmeral con más de cien mil ejemplares de palmeras y la ciudad. Mientras os deis un paseo por Gafsa no os perdáis visitar las piscinas romanas del centro, especialmente en verano, ya que los chicos y chicas del pueblo se tiran desde altos trampolines caseros.

No os perdáis los pistachos de Gafsa. Según dicen; son los mejores del país. ¡Y viviendo de Túnez es mucho!

El oasis de Tozeur

Tozeur son cuatro calles. Largas, pero al fin y al cabo, cuatro. Salí de la estación de autobuses después de unas horitas en camino desde Gafsa y me dirigí a la ruta que la guía Footprint me iba marcando para encontrar un hostal. En el primero, encontré una doble con baño que tras el regateo quedó por unos magníficos 6 euros y no busqué más. Además, tuve la coincidencia de volver a encontrarme con mi amigo uruguayo con quien había compartido los primeros días en Túnez.

Tozeur al atardecer

Juntos le dimos un repaso al extenso palmeral que se ensancha tras el pueblo de Tozeur. Miles y miles de palmeras se levantan de la arena en el oasis más importante de Túnez. La calma del lugar contagia a una fácilmente. Parece el lugar estancado, contento del presente y sin ganas de mover un dedo. Pasa un turista y nadie parece hacer el esfuerzo para convencerlo y comprar alguna cosa. Es una delicia tomar un té por la calle tranquilamente y ver la vida pasar.

El Chott el Djerid, un mar salado gigantesco que parece no terminar nunca, se une con el enorme palmeral del oasis para acunar el pueblo de Touzeur en la más absoluta calma.

Oasis con Tozeur y el Chott El Djerid al fondo

El pueblo tiene poco que visitar. Lo bueno además es que todos los mega hoteles construidos para realizar travesías por el desierto en camello, en quads o cualquier cosa que traiga consigo a la señorita visa están apartados y parecen no mezclarse con la calma que reina en el pueblo.

Si estáis un día pasaréis de largo. En cambio, si os quedáis un par o tres, empezaréis a notar la delicia del no hacer nada y os preguntaréis qué es lo que os retiene ahí.

A su vez, Tozeur es un lugar ideal para explorar el oeste más remoto del país. A pocos kilómetros se halla el vecino pueblo de Nefta donde se nota que el turismo por fortuna no ha hecho demasiada mella. Podéis además realizar buenas excursiones en camello por el desierto de Zaafrane, uno de los mejores del Sahara, y también hacer alguna incursión por el Chott el Djerid; el mar salado que os dejará más de una vez asombrados con sus espejismos.

El oasis de Nefta

Nefta se halla a pocos kilómetros del gran oasis de Tozeur, posiblemente el más famoso de Túnez, y representa una escapada ideal para un día desde Tozeur. Podéis montaros en un autobús que realizará el trayecto de 25 kilómetros por apenas medio euro.

Nefta tiene la fama de ser uno de los lugares espirituales más conocidos del país y vale la pena perder un día por sus calles. Desprende sin duda esa espiritualidad y uno se relaja sin que nadie lo atosigue.

Carretera que cruza el el palmeral de Nefta

En su interior hay casi medio millón de palmeras. Es la llamada Corbella, un gigantesco oasis justo en medio del poblado. Este nutre y da vida a la población y ofrece un inigualable panorama para el viajero. Además, si tenéis la paciencia de subir al otro lado del pueblo, desde el norte de Nefta tendréis una panorámica espectacular con el oasis de la Corbella en medio, el pueblo y al fondo el lago de sal El Chott el Djerid eclipsando el cielo. Una maravilla.

En Nefta todavía no ha llegado el masivo turismo que se ha establecido en la vecina Tozeur. Todavía rige la vida tranquila y sosegada así que merece la pena visitarla antes de que sea demasiado tarde.

El pueblo fantasma de Kebili

En Kebili no vas a encontrar ni al señorito que se inventó la Lonely Planet. El pueblo original fue devastado por unas inundaciones hace unos 30 años y parece un pueblo fantasma. Se halla a camino entre Tozeur y Douz y es una interesante parada en el camino para contemplar un pueblo abandonado y devorado casi literalmente por el oasis y la arena del desierto.

Puedes bajarte del louage en el pueblo actual de Kebili, a unos 20 minutos andando del poblado original. No es mala idea si puedes dejar la mochila ya que se hace algo pesado llevarla encima todo el rato. Lo ideal y, que muchas veces funciona, es tomarte algo más que en un té en un local y encantados los dueños os guardarán la mochila para ese par o tres de horas que dispondréis para visitar el lugar.

Zonas en buen estado en la ciudad fantasma de Kebili

La antigua Kebili está abandonada a los designios del Sahara y sorprende ver como la arena va comiéndose las paredes y el interior de las casas abandonadas. Es como entrar en el interior de un poema romántico al estilo de Shelley o prerrafaelita como los de Rossetti. Sin grandilocuencias pero con un tempo alejandrino que nos abate y acuna en ese lento devenir del tiempo que impulsa el reloj de arena del desierto.

Es un oasis deshabitado. Las palmeras lloran esa amarga despedida. No vas a encontrar a nadie. Simplemente rodea el pueblo, disfruta de la soledad, escucha las paredes. Siente los siglos de existencia abandonados a la suerte del desierto.

A la vuelta, puedes volver al mundo de los humanos y encaminarte hacia otros oasis más habitados como el de Douz o el de Tozeur.

El desierto de Douz

Llegué a Douz siguiendo la carretera que atraviesa el sensacional y vastísimo Chott El Djerid. Gracias a la insólita combinación de agua, sal y el contacto con el aire se pueden vislumbrar espejismos a través de él. La carretera corta el lago de sal en dos y en sus lados se almacena una gran cantidad de sal que va apilándose con el tiempo.

En Douz me instalé en un hostal llamado Le Tent donde conseguí una habitación con cama grande por muy buen precio. Compartía una bonita terraza con Rika, una japonesa que llevaba tres años circulando por Europa y tenía que escaparse un tiempo de Europa para poder volver al viejo continente de nuevo por tema de visados. Llevaba días instalada en el hostal pintando cuadros que luego pensaba vender en París. Compartimos unos cuantos días en Douz -yo también decidí descansar un poco y aparcar la mochila por un rato- paseamos bajo las arcadas de la plaza de Souk, visitamos las tiendecitas del pueblo, desayunamos cada mañana en nuestra terraza con vistas al oasis, todo fluía de manera soñada y romántica… hasta que decidí pegarle un buen bocado al desierto y me fui con un par de camellos y un tal Naser que solamente sabía hablar árabe pero que cocinaba un cuscús de maravilla!

Mercado en la plaza central de Douz

Douz es el último reducto de vida antes de que el Sahara abra sus fauces y devores cualquier signo vital con sus olas de arena. Históricamente ha sido el lugar de despedida y encuentro para muchos beduinos antes o después de embarcarse en una larga macha por el desierto.

Y el lugar está claramente señalado. La última palmera del oasis de Douz agita sus ramas en señal de despedida y tras ella se levanta una puerta blanca, fría, sin detalles. Tras ella se abre el desierto ya sin palmeras y apenas vegetación.

Douz es muy turístico. Tiene todo lo que puede poseer Túnez: Desierto, oasis y buena comida. Aquí encontraréis multitud de agencias y particulares que os podrán enseñar el desierto. Podéis hacer travesías en quads, en 4×4, en motos, en camello, a caballo y lo que os venga en gana. Hay multitud de agencias que se dedican así que el regateo es la nota predominante. Antes de casarte con uno conviene preguntar a otros turistas por el precio que han pagado para así hacerte una idea de la realidad del precio que te piden.

Adentrándonos en el desierto del Sahara tras cruzar la Puerta de Douz

Os aconsejo que os quedéis al menos dos o tres noches en el desierto. Saliendo de Douz y durmiendo la primera noche al raso –siempre y cuando lo hagáis en camello- la luz de la ciudad os va a robar la espléndida noche que esperabais rodeados de estrellas. Además os vais a encontrar bastante maleza por el camino y las grandes dunas no hacen su aparición hasta pasadas unas buenas horas de travesía. Así que para tener una buena idea del desierto del Sahara es conveniente pasar un par o tres de noches para así llegar a esas dunas gigantes, a esos lugares de soledad infinita en un silencio abrumador.

Si te encuentras en diciembre en Douz, no te pierdas el festival del Sahara. Un importante festival que se celebra en la ciudad donde se realizan carreras a camello, hay demostraciones acrobáticas e incluso peleas entre camellos estilo pressing catch!

Las características puertas en la arena de los poblados cercanos a Matmata

Matmata: Donde se rodó La Guerra de las Galaxias

George Lucas escogió el cavernícola escenario de Matmata para rodar escenas del famoso planeta de Tatooine. Precisamente Tatouine es un pueblo de esta región al extremo sur abandonado de Túnez. Fueron muchos los días que se rodaron escenas de La Guerra de las Galaxias en Túnez y los lugares escogidos fueron el lago de sal del Chott el Djerid y el hotel Sidi Driss en el pueblo de Matmata entre otros. Hoy en día uno puede visitar el hotel por una propina.

El paisaje parece lunar y a su vez tiene reminiscencias del cañón del Colorado de Arizona y otros directores como Steven Spielberg se pasaron por ahí, en su caso, para rodar escenas de otra película no menos mítica que la de En Busca del Arca Perdida.

Hoy en día Matmata parece –al menos en temporada baja- una especie de decorado western de Almería medio abandonado.

Vistas a Matmata

Posiblemente lo mejor que podéis hacer si sois fans de George Lucas es realizar el viaje a través de una agencia turística. Podéis hacerlo desde Gabés o Tozeur y evitaros la dificultosa combinación de louages que existe en esta zona. Para llegar a Matmata hay que llegar a Gabés y ahí cambiar. Para ir después a Tatouine hay que volver a Gabés y de ahí volver a bajar en otro louage. Por esta región los únicos turísticas que veréis serán aquellos que llegaron a través de un autocar turístico y además, con un par o tres de días por la zona tenéis más que suficiente para haceros una idea del lugar.

En Matmata, hoy en día, apenas quedan hoteles y los que persiguen a los turistas son muchos más que los turistas por sí mismos. O eso parece ser la tónica general en época de baja temporada. Da una sensación extraña, algo surrealista. Aunque el pueblo es bonito después de la fama que Star Wars le dio, la gente montó sus casas al exterior de la tierra y hoy en día ya son pocas las familias que viven bajo tierra. Para eso merece más la pena irse a pueblos vecinos menos contaminados por el turismo donde la realidad troglodita de la región es mucho más palpable como El Haddej o Tamerzet.

Casas a pie de carretera partiendo de Matmata

El Haddej: La Tatooine de La Guerra de las Galaxias verdadera

El Haddej es una buena opción si quieres quitarte el mal gusto de boca de Matmata. Al menos, personalmente a mí me lo dio. Pensé que iba a un lugar especial teniendo en cuenta que George Lucas y Steven Spielberg se habían fijado en él para rodar películas tan famosas como En Busca del Arca Perdida y La Guerra de las Galaxias, pero me encontré un pueblo donde poco quedaba de su legado y patrimonio histórico, poca oferta turística y apenas casas trogloditas como habían antaño. Un ejemplo más de cómo la industria comercial puede destruir culturas y hábitos de un pueblo.

El Haddej se encuentra a unos kilómetros al norte de Matmata y se puede ir andado si os apetece. Van a ser un par de horitas. Para ello, deberéis llegar hasta el inicio del pueblo de Matmata y ahí virar a la derecha. Seguiréis un fácil camino que os va dejar a los pies del mismo pueblo.

Merece la pena para haceros una idea de cómo era Matmata antes de que R2D2, el yoda, los Siths y demás personajes descubrieran el lugar. A simple vista parece que no hay nadie pero las casas están bajo tierra y lo sabréis al ver camellos y burros apostados junto a un montículo de tierra.

En el pueblo encontraréis locales que os pueden enseñar el pueblo. Hay tres cosas básicas que ver aquí: la prensa de aceite, la cueva del matrimonio y la típica casa troglodita. Controlad el regateo y le dais vuestros dinares a quien más se lo merezca o simplemente a quien os caiga mejor.

Visita a Tamerzet: una alternativa de viaje

Está alejada de las rutas tradicionales en Túnez y bien merece la pena pasearse por la laberíntica y deliciosa Tamerzet. Está muy cerca de Matmata, donde rodaron escenas de La Guerra de las Galaxias y En Busca del Arca Perdida y es un auténtico pueblo escavado bajo piedra. El entorno; Un vastísimo océano de áridos valles y al fondo el desierto del Sahara.

Escena en Tamerzet

La lengua más frecuente de la zona no es el árabe sino el Amazigh de los bereberes. Pasarse unas horitas paseando por las laberínticas calles del pueblo es algo que no podéis perderos y todavía menos el museo que han abierto recientemente. No aparece ni el la Lonely Planet. Me encontré al dueño del museo en el autobús de Matmata en dirección a Tamerzet y me convenció para echarle un vistazo. Cuenta la historia del pueblo a partir de una casa troglodita excavada en el centro del pueblo. El precio: la voluntad.

Para llegar en transporte público os aconsejo que preguntéis por los horarios en la oficina de turismo de Matmata. Aun así, a mi los horarios me los dieron mal; suerte y sino sacad el dedo del bolsillo para volver.

Visita a Sfax

Sfax es una sorpresa que pocos esperan. Lejos de ser una de las ciudades más visitas en Túnez, Sfax es un indispensable para el viajero independiente que busca una vía alternativa en Túnez.

Sfax significa Pepino y según las guías veréis que se trata de un motor económico del país gracias a su industria de fosfato. Como es natural, estas credenciales no son demasiado halagüeñas para el turista, pero sin duda, su medina es la mejor de Túnez.

Merece la pena pasearse por ella y olvidarse de todos esos artículos turísticos que se ven en las medinas más importantes del país como Túnez, Hammamet o Sousse. Aquí se respira la vida tunecina al cien por cien y nadie te atosiga con las compras. Sigues el ritmo paulatino que lleva la gente encima y vas haciendo tu visita y tus compras tranquilamente por la ciudad.

Una calle de Sfax con bolsas representando los colores del equipo de fútbol de la ciudad

Es un lugar imprescindible si queréis conocer la vida real tunecina durante vuestro viaje. Herreros, afiladeros, ropa, especies, hay de todo en su gran y laberíntica medina.

Para orientarse: La estación de trenes está a unos 300 metros de la muralla que separa la medina de la nueva ciudad. Una vez en la puerta principal de la medina tiráis hacia la derecha y os encontrareis los hostales baratos. Dejáis la mochila y a merodear por sus deliciosas calles.

Una recomendación: Existe un bar estilo patio donde darle a la chicha y al buen té que se encuentra siguiendo la calle hacia la izquierda justo pasada la puerta principal de la muralla. Es una auténtica gozada. Un oasis en medio de la ajetreada medina de Sfax.

El gran coliseo de El Djem

Entrada que realizaban los gadiadores al Coliseo de El Djem

El Djem es un impresionante coliseo romano, el cuarto más grande del mundo, con una capacidad de 35.000 espectadores. Se encuentra en un estado de conservación envidiable y se halla a tres horas al sur de la capital tunecina. Tiene buena comunicación a través de tren y autobús y es una visita obligatoria viajando por Túnez.

La ciudad no tiene mucho más así que es ideal para visitar el lugar e irse a alguna otra parte del país después de la visita como Madhia, Sfax o Hamammett.

Los arcos y muros están construidos con piedra ocre y dejará con la boca abierta a más de uno. Especialmente cuando se sale a la arena desde una de sus bocas interiores y se imagina a los leones y gladiadores luchando a vida o muerte en su interior.

Madhia: la alternativa turística a Hammamet

Escapa de los puertos más turísticos de Túnez y relájate en la alternativa Madhia. Un auténtico pueblo pesquero donde incluso los muertos descansan con las vistas más privilegiadas del Mediterráneo.

El cementerio de Madhia con vistas al mar

Verdaderamente se trata de un escape a lugares tan concurridos en Túnez como Sausse o Hammamet. Posiblemente la razón sea que puse los pies en Madhia durante noviembre pero aun así es un lugar perfecto para dejar la mochila aparcada unos días, disfrutar del pescado de la zona y pasear por sus mercados y la perfilada costa que bordea el pueblo.

Durante el invierno el único inconveniente que encontraréis en Túnez es que los días son cortos. De todas maneras, la gente se encierra en casa a las siete, así que tampoco haríais mucha cosa por la calle si el día fuera más largo.

El mar rodea el pueblo de Madhia por tres lados y en su punto más septentrional yace un cementerio donde reposan sus muertos con vistas privilegiadas desde Algeciras a Estambul.

Si vais a por lo barato encontraréis poca oferta en Madhia. Os aconsejo meteros en el interior de la medina del pueblo. Existen un par de hostales a buen precio y la calma está garantizada en ambos lugares. Hay en El Jazihra y el Medina. Ambos en el centro.

Yo opté por El Medina ya que en el otro no me abrían la puerta y después de instalarme en mi habitación individual, ver la limpieza y la terraza del local, no me hubiera mudado de sitio por nada del mundo.

Si quieres evitar búsquedas y reservar alojamiento en el mismo sitio que yo lo podrás hacer en el siguiente enlace sin ningún aumento de precio:

La ciudad sagrada de Kairouan

Kairouan es la ciudad sagrada de Túnez por excelencia. Visitar hasta un total de siete veces la ciudad de Kairouan significa, para todo creyente musulmán, visitar la Meca por una vez. Fue fundada durante el siglo VII por los conquistadores árabes y permanecieron durante un buen tiempo siendo una de las capitales más importantes del Magreb.

Toallas secando en la terraza de un haman céntrico de Kairouan

A nivel turístico es aquel tipo de lugar que se llena de golpe durante un par de horitas durante el día. Se trata del momento en que los autocares de viaje por tour estacionan y los turistas van en busca de la alfombra y de la chicha. Entonces los vendedores se ponen en posición, actúan y cuando los turistas han dado su vueltecita por la medina, visitado la mezquita de las tres puertas, el mausoleo de Sidi Abid y tomado su té, se vuelven al autocar que los devuelve a Túnez, Hammamett o en dirección al El Djem.

Durante las otras horas en Kairouan se respira tranquilidad y religiosidad. No se ven demasiados turistas que se queden una noche.

Si os apetece pernoctar en la ciudad, os recomiendo el hotel Sabra. Se encuentra justo ante las puertas de la muralla que divide la medina y en su interior existe un hamman que por menos de cuatro dinares os va a dejar como nuevo. Una doble con baño más o menos decente salía el año pasado por unos 12 dinares.

Visita a Zaghouan

Los romanos construyeron un enorme sistema hidráulico en Túnez que se extiende desde Cartago en un largo viaje hasta Zaghouan. Ahí es donde recogían el agua fresca de las montañas para abastecer la enorme ciudad de Cartago, hoy en día en ruinas.

El pueblo de Zaghouan significa una interesante alternativa en Túnez. La montaña de Djebel a más de mil metros ofrece un paisaje completamente distinto al que nuestra mente evoca cuando pensamos en Túnez. Las callejuelas ascendentes y el sereno transitar del pueblo parecen decirnos que nos hallamos en un país muy distinto al que a pocos kilómetros nos da entender la capital tunecina.

El Templo de las Ninfas en Zaghouan

Es una buena excursión de una día desde los puntos más turísticos de Túnez en el norte. No os perdáis el templo de las ninfas, a unos dos kilómetros de bonito paseo desde el pueblo. Desde ahí se iniciaba un camino aéreo de acueductos en la época romana que llegaba hasta la remota Cartago en la costa tunecina. Cuando la visité se encontraba en obras, imagino que hoy en día ya estarán terminadas y la visita será más placentera.

Para desplazaros de manera independiente podéis tomar un louage desde Hammamet, Túnez o Sousse y en un mismo día visitar el pueblo y volver a vuestros respectivos hostales u hoteles. El autobús no lo recomiendo ya que a la vuelta estuve esperando más de dos horas junto con algún tunecino que parecía no tener ninguna prisa y acabé por hacer lo que tenía que haber hecho desde un principio: tomar un louage.

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Viaje a Túnez de 3 semanas
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