Viviendo la fiesta del Entierro de la Sardina en Murcia: desfile del Entierro de la Sardina

España TFW

Cada año, el fin de semana que sigue a Semana Santa, la ciudad de Murcia celebra, por todo lo alto, el Entierro de la Sardina, una fiesta popular, familiar, abierta y colorida, que pone el broche de oro a las Fiestas de la Primavera.

Los dos actos centrales del fin de semana son dos desfiles: el del Testamento de la Sardina y el del Entierro de la Sardina.

Tras haberme divertido y vibrado con el desfile del Testamento de la Sardina, el sábado me tocaba conocer, por fin, el día grande del Entierro de la Sardina.

Batucadas, pasacalles y hachoneros, protagonistas de la mañana

Aún con el recuerdo de la música, las coreografías y los fuegos artificiales del desfile del Testamento de la Sardina, desayuné y me preparé para salir a la calle.

Eran las 11 de una mañana espectacular en la que el sol primaveral anunciaba un día caluroso en una Murcia florecida y alegre. Viniendo de la zona de Floridablanca, cruzamos el Puente de los Peligros y desembocamos en una Gran Vía que ya presentaba miles de sillas dispuestas en filas ordenadas a ambos lados de la calle. Por la noche, ninguna de ellas estaría vacía.

Dejamos la Gran Vía para dirigirnos a la plaza dominada por la bella catedral barroca de Murcia. El lugar, el más icónico de la ciudad, hervía de actividad. La mezcla de marineras y percusionistas rusas que habían formado parte del desfile del día anterior, entretenía a un centenar de personas con sus poderosos ritmos de tambores.

A escasos metros de ellas, y aprovechando un descanso de las eslavas, una batucada tomó posición y comenzó a deleitar al personal con sus ritmos brasileños. Familias enteras iban de aquí para allá, esquivando puestos de globos y golosinas para seguir a estas distintas versiones de flautitas de Hamelín que les tenían totalmente hechizados.

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Todas las calles que partían de la plaza de la Catedral y se ramificaban por sus alrededores, presentaban estampas de color, luz y sonido iguales a la que habíamos presenciado.

Los encargados de animar la mañana del día del desfile del Entierro de la Sardina son los 23 grupos sardineros que dan vida a esta peculiar e intensa fiesta murciana.

Cada agrupación sardinera está compuesto por entre 20 y 30 sardineros, pero son los hachoneros los que suelen inundar el centro, incansables, para no dejar de animar al personal. Jóvenes y con sus túnicas y capirotes a rayas de colores, los hachoneros dejaban un rastro de buen rollo y alegría por todas las calles comprendidas entre el Teatro Romea y la Catedral.

Tras un buen rato disfrutando de todo aquello, decidimos tomarnos algo en la mítica plaza de las Flores murciana.

Una bella fuente decorada con flores rojas preside esta plaza, favorita entre los murcianos para tomarse algo al mediodía. Parejas, grupos de amigos de todas las edades y familias abarrotaban las mesas y barras de la plaza. Los camareros se movían a toda velocidad entre los ríos de gente, portando bandejas llenas de refrescos y marineras, ese manjar típico murciano que consiste en una porción de ensaladilla, presentada sobre una rosquilla alargada y rematada con una sabrosa anchoa.

Conseguimos una mesa y nos tomamos algo antes de emprender la caminata de poco más de diez minutos que nos separaba de la plaza Circular. Bueno, diez  minutos en condiciones normales, pues la avenida Alfonso X el Sabio se encontraba abarrotada de gente, así como todos los bares y restaurantes de esa zona de la ciudad.

Al poco de llegar a la Circular, el Gran Pez y Doña Sardina – encarnados este año por el actor Enrique Martínez Muñoz y la periodista Sandra Díaz Arcas, ambos de la tierra – se encargaron de encender una traca que marcaba el inicio de la cuenta atrás para el momento estelar de la jornada: el desfile del Entierro de la Sardina.

En las entrañas del desfile del Entierro de la Sardina

Tras asistir a la traca de la plaza Circular, regresamos al hotel para comer y descansar un par de horas. Sobre las 7 de la tarde, pusimos rumbo a la avenida San Juan de la Cruz, donde los grupos sardineros, coreógrafos, hachoneros y un buen número de operarios ultimaban los detalles de las carrozas del desfile.

Tuvimos la suerte de poder adentrarnos en las entrañas del desfile del Entierro de la Sardina, paseando entre las grandes carrozas de los 23 grupos sardineros, que ya se encontraban cargadas hasta los topes de regalos. Casi dos millones de juguetes, decenas de miles de balones…Y, además, este año, esos juguetes viajaban también hasta Líbano, ya que la Agrupación Sardinera enviaron miles de ellos a los militares españoles que realizan labores de cooperación en ese país mediterráneo, con el fin de que los chavales de la zona los pudieran disfrutar.

Las carrozas eran enormes, con decoraciones bien trabajadas que tenían que ver con sus nombres.

Los 23 grupos sardineros han tomado sus nombres de dioses, héroes o personajes  mitológicos. Así, nos encontramos con Polifemo, Hércules, Selene o Aquiles, entre otros. El buen humor de la gente con la que hablamos se mezclaba con cierto nerviosismo. Y es que todo tiene que salir a la perfección en el desfile que preside esta gran fiesta murciana.

El desfile del Entierro de la Sardina

Eran casi las 9 cuando llegamos a las localidades que teníamos reservadas, de nuevo, en la Gran Vía. El gentío que caminaba en ambas direcciones era exagerado. Un mar de gente que buscaba sus sillas reservadas, pues adquirirlas in situ a última hora era una misión casi imposible.

El desfile había partido de la avenida San Juan de la Cruz a las 8.30 p.m. y los coches de la caravana publicitaria que precede al mismo comenzaron a pasar por la Gran Vía sobre las 9.20 p.m. Después llegarían los policías locales, que recibieron los aplausos del público con sonrisas y saludos, antes de que la primera agrupación de músicos tailandeses abriera el auténtico desfile del Entierro de la Sardina.

Mientras veía a aquellos hombres procedentes de Asia, me preguntaba qué deberían de estar pensando. Si a mí me impactó tanto el grado de originalidad de esta fiesta, no me imaginaba lo que le parecería a ellos.

Tras los tailandeses llegaron las tamborileras rusas, que habían dejado de lado sus outfits de marineras para optar por unos atuendos más propios de la tundra siberiana. Dos compañías ganadoras del festival de teatro de calle de Niza y otros cuatro elementos de Francia, además de grupos llegados de Galicia, Cantabria, País Vasco, Cataluña, Castilla y León y Andalucía, también formaban parte de la comitiva del desfile.

Saltimbanquis, bailarinas, insectos gigantes conducidos por hábiles expertos, acrobacias en el aire, enormes muñecos de Playmobil y personajes de la factoría Disney, números musicales… Un espectáculo tan diverso que te mantiene con la mueca de sorpresa y fascinación en la cara durante horas.

Al pasar todos estos artistas vi que padres y niños comenzaban a sacar y agitar las grandes bolsas que habían estado guardando desde el principio del desfile. Era la señal que indicaba que llegaba el turno de las carrozas de los 23 grupos sardineros.

Y así se desató la locura.

La gente comenzó a levantarse y tomar posiciones ventajosas para la recogida de los más de 1 millón de juguetes que lanzarían los sardineros, entre ellos, 160.000 balones de cuero. Muchas personas invadían la calzada para poder acercarse a las carrozas, pero los hachoneros, que las rodeaban esgrimiendo antorchas, los conseguían mantener a raya con toda la delicadeza posible.

Los sardineros comenzaron a lanzar peluches, espadas de plástico, estuches, pelotas de goma, balones de reglamento, coches, camiones, etc. Era una lluvia constante, torrencial, y las bolsas se iban llenando rápidamente. Yo conseguí alternar con éxito la toma de fotos con la captura de cinco balones de reglamento. Mi pasado como portero fue una ventaja que quizá pueda explotar económicamente en próximos desfiles del Entierro de la Sardina.

Al pasar la última carroza, la muchedumbre invadió la calle para seguir la fiesta o regresar cansados a casa. Pero aún no había acabado todo, pues la Sardina seguía observando todo desde su catafalco, sabedora de que solo le quedaban unos minutos de vida…

La Quema de la Sardina

La Sardina aún viva

Tras acabar el recorrido, sardineros, hachoneros y público general se congregaron junto al catafalco de la Sardina.

Nosotros conseguimos acceder a pocos metros del mismo y ser testigos de excepción del momento en el que Doña Sardina (la periodista Sandra Díaz Arcas) encendió la mecha de la traca que haría prender al monumento de la Sardina. Eran la 1.30 de la mañana y las llamas devoraron la estructura en menos de cinco minutos, mientras la gente caminaba en círculos alrededor del catafalco y despedían con pañuelos a una Sardina que regresará a la vida dentro de algo menos de un año.

La Sardina en llamas

Cuando aún la emoción embargaba a los que aman la fiesta murciana, una explosión iluminó el cielo nocturno de la ciudad. El bello castillo de fuegos artificiales puso punto y final a la fiesta del Entierro de la Sardina.

Me encontraba cansado, pero muy feliz de haber podido disfrutar de una fiesta que es imposible imaginar, aunque te la cuenten. El Entierro de la Sardina hay que disfrutarlo en primera persona, ¿te vienes al próximo?


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