Excursión al Parque Nacional de Timanfaya desde Corralejo en Fuerteventura

Probamos una excursión con Civitatis y os contamos nuestra experiencia

España TFW

Apuntarse a excursiones durante las vacaciones es una buena opción para poder llegar a más lugares y exprimir el tiempo al máximo. Siempre he tendido a poner por delante la independencia de mis pasos a la hora de viajar y conocer los destinos por mi cuenta. No obstante, con el tiempo he ido valorando la posibilidad de alternar esa independencia con alguna excursión en grupo. Te ayuda a economizar el tiempo, te quita dolores de cabeza en cuanto a la logística, te sientas cómodo en un autocar para disfrutar del destino y dejas que las riendas las lleve otro. Además, siempre acabas conociendo gente de los más curiosa.

Durante nuestro último viaje de diez días a Fuerteventura nos apuntamos a una excursión para visitar el Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote. Nos alojamos en Corralejo y la distancia en barco de una isla a otra es de poco más de media hora. Lo hicimos a través de Civitatis, uno de los grandes distribuidores de visitas guiadas y excursiones en castellano.

Frente al Charco Verde en Lanzarote

Como algunos ya sabréis, publicitamos Civitatis entre las páginas de Viajablog desde hace un tiempo porque tal y como aparece en su lema -llena tu viaje- creemos que es un compañero ideal para las escapadas independientes. Nos parece un complemento publicitario muy ajustado a la información específica de los destinos sobre los que hablamos.

Obviamente, lo queríamos probar para conocer la experiencia y así lo hicimos.

Por la mañana nos desplazamos al muelle de Corralejo y nos subimos en un barco con destino a Lanzarote. Se trataba de una excursión completa de más de seis horas, con varios idiomas y gente que se había desplazado desde varios puntos de Fuerteventura. En nuestro caso lo teníamos fácil al tener que acercarnos andando al muelle y ahorrarnos la hora o más de desplazamiento en autocar de un punto de la isla al otro.

Tras la travesía en barco llegamos al muelle de Playa Blanca en Lanzarote donde nos dividimos en varios autocares según la lengua de la excursión. Nosotros éramos una dócena de turistas aproximadamente. A partir de entonces, nuestro guía Álvaro, local de la isla y con muy buenos conocimientos sobre la misma, sería nuestro cicerone para las siguientes horas.

Yaiza y el cultivo del vino y el aloe vera

Atravesamos el sur de Lanzarote. La población de Yaiza y sus alrededores. Una zona que durante décadas estuvo medio abandonada y que se está recuperando gracias al cultivo del aloe vera y el vino de malvasía.

Viñas de malvasía por los alrededores de Yaiza

Tal y como vemos en las playas con fuerte viento en las Canarias, los corralitos, un conjunto de piedras en círculo protegen las viñas sobre una tierra negruzca y volcánica donde apenas caen un par de gotas de agua durante el año. La naturaleza predomina en el escenario. Aunque apenas veamos árboles a nuestro alrededor, es naturaleza pura.

Gracias a que la isla fue declarada reserva de la Biosfera, la normativa ayuda y no veréis u cartel de publicidad ni por asomo. Las casas siguen una ordenanza estricta e incluso las rotondas parecen competir entre ellas para ver cuál es la más bonita.

Durante la excursión, visitamos un centro de aloe vera para entender las propiedades de la planta y un viñedo de la zona donde aprovechamos para comer y degustar la gastronomía de Lanzarote. El tiempo en el que permanecimos en ambos lugares fue corto, algo que se agradece en una excursión cuando el plato fuerte, Timanfaya, se merece la máxima atención.

El Parque Nacional de Timanfaya

Las grandes erupciones de los volcanes de Timanfaya durante el siglo XVIII marcaron el aspecto y el carácter de la isla para los siglos venideros. A medida que nos acercábamos al Parque Nacional con el autocar la tierra se volvía más negruzca. El aspecto lunar del paisaje parecía adentrarnos en un mundo aparte.

Volcán en el Parque Nacional de Timanfaya

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El mismo símbolo de Timanfaya, un diablito creado por el artista César Manrique, simboliza el infierno que sufrió la gente durante las continuadas erupciones que asolaron la región. Una gran mayoría tuvo que emigrar al norte o a otras islas

Dentro del Parque Nacional no es posible realizar el recorrido por tu cuenta, a no ser que realices senderismo. Solamente las guaguas autorizadas pueden circular por las serpenteantes carreteras que recorren el Parque. Como la nuestra era una de ellas, nos adentramos en este mundo inóspito donde la lava hace un par de siglos lo arrasó todo y la naturaleza, aunque surgida de los infiernos y no haya un solo árbol en un radio de extensión brutal, domina a placer.

Un autboús cruzando el paisaje lunar de Timanfaya

Fueron unos 10 kilómetros de recorrido observando volcanes. El guía nos iba relatando el paisaje así como la historia de Timanfaya mientras íbamos pegados a la ventana. Contemplamos de cerca muchos volcanes, bombas volcánicas de distintos tonos y colores. Realizamos algunas paradas para hacer fotos, algo que se agradece.

Frente al restaurante del Parque Nacional de Timanfaya, donde calientan sus carnes sobre la misma piedra volcánica, nos hicieron una demostración geotérmica. La clásica fotografía que nos enseñan amigos que han estado anteriormente o en Google Imágenes cuando buscamos fotos del parque. Un guía se apostó frente a una grieta y lanzó un cubo de agua. Al instante, un geiser de agua salió desprendido a los cielos como si se tratara de una llamarada. Por otro lado, nos hicieron otra demostración ignea donde el agua dejó paso al fuego, el indiscutible protagonista de Timanfaya.

Tras visitar Timanfaya tuvimos tiempo de acercanos a dos puntos preciosos y fundamentales en una visita a Lanzarote: la curiosa Laguna Verde o Charco de los Clicos y los Hervideros. Ambos muy cercanos a Yaiza y al puerto de Playa Blanca desde donde debíamos partir de vuelta a Fuerteventura.

Conclusiones de la excursión

Fue una excursión muy recomendable. Una escapada que veo compleja si se realiza de forma independiente como nosotros desde Fuerteventura.

Si hubiéramos realizado todas estas actividades a nuestro ritmo en coche de alquiler seguramente podríamos haberlo hecho. No obstante, en el Parque Nacional de Timanfaya hubiéramos tenido que dejar el coche aparcado y subirnos a un autocar. Si contamos el precio del barco para trasladarnos de isla en isla, las tarifas para entrar al parque y otros gastos seguramente llegamos al mismo coste y sin necesidad de planificación alguna. El tiempo en vacaciones es oro puro.

Asimismo, nos hubiéramos quedado sin las explicaciones de nuestro guía, Álvaro, y tampoco hubiéramos conocido a esa entrañable pareja de Madrid medio hippy y medio loca con la que nos reímos tanto durante el viaje. Y es que en todos las excursiones en grupo siempre acabas conociendo a algún simpático personaje para recordar.


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