De cayo en cayo por el parque nacional de Morrocoy

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Cayo Peraza

De cayo en cayo y tiro porque me toca. Durante tres días en Chichiriviche nos dedicamos a conocer las diferentes islas que se diseminan por las aguas caribeñas del parque nacional de Morrocoy.

Desde el mismo puerto de Chichiriviche parten multitud de lanchas a los diferentes cayos y solamente tienes que ir ahí, regatear un precio o apuntarte con cualquier otro grupo que esté interesado en ir al mismo cayo que tú para abaratar el precio. Eso sí, no te olvides de un protector solar potente y un anti-repelente para mosquitos -aunque en nuestro caso apenas sirvió de gran cosa-.

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Una vez en la lancha, se acuerda la hora de recogida entre todos los pasajeros. Para asegurarte que el mismo lanchero te vendrá a recoger en el cayo es importante hacer alguna de las siguientes recomendaciones:

  • Tener el morro suficiente para decirle al lanchero que solo le pagarás a la vuelta. Aunque a mi me costó seguir este estilo, algunos lo hacían sin problemas.
  • Pagar la mitad del trayecto a la ida y el resto a la vuelta.
  • Quedarte con el nombre y el número de teléfono de la lancha. Es un servicio oficial y cada lancha tiene su permiso para operar desde el puerto.
  • Recordar al menos la cara del tipo o el color de la lancha.

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En una ocasión, nosotros no hicimos ninguna de las recomendaciones expuestas y nos dejaron tirados en cayo Peraza. Afortunadamente, pudimos subir a otra lancha que retornaba a Chichiriviche.

Por la mañana solíamos ir a desayunar en alguno de los establecimientos cercanos al puerto y, con la habitual y sana costumbre venezolana de compartir mesa, hacíamos nuevos amigos. De esta manera conseguíamos compañeros de viaje para compartir lancha y desplazarnos económicamente al cayo que tocara ese mismo día.

Cayo Sombrero

palmera-cayo-sombreroEl favorito prácticamente para todos los turistas que conocimos en Venezuela. Cayo Sombrero se encuentra a más de 30 minutos en lancha y nos salió por 150 bolívares para dos personas compartiendo lancha con otra pareja. El precio de inicio era de 400 bolívares en su totalidad. El primer trayecto en lancha por el parque nacional de Morrocoy nos sorprendió. Aunque no parecían existir olas considerables, empezamos a saltar en la lancha al más puro estilo toro mecánico.

Coincido con la mayoría de venezolanos que encontramos por el camino. Cayo Sombrero resultó ser el cayo más bonito de los que visitamos. Las aguas turquesas hablan por sí mismas y ofrece rincones bajo cocoteros dignos de cualquier playa paradisíaca donde realizar unas buenas portadas para la Cosmopolitan. Sin ir más lejos, fue un divertimento observar como las adolescentes posaban sobre el cocotero para renovar sus perfiles en el Face.

En Cayo Sombrero existen tres zonas bien diferenciadas. Al llegar al mismo puerto existe una playa convencional con un chiringuito. A mano derecha encontramos una gran playa con gente acampada y más chiringuitos. Y finalmente, a mano izquierda del muelle veréis una zona más despoblada, con poca playa pero donde disfrutaréis de soledad, mosquitos y de las fotografías más fotogénicas de cayo Sombrero.

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Vendedores de marisco y pescado por los cayos

En cualquiera de los cayos, veréis circular por la arena a gente vendiendo comida, equipos de snorkeling y demás útiles de playa. Era nuestro primer día en el Caribe venezolano y nos dimos el capricho de comernos una langosta. Nos salió por 200 bolívares y venía con arroz y aguacate. En pocos minutos los mosquitos pegones no tuvieron piedad de nosotros ni de la langosta y se abalanzaron sin piedad. Nunca me había comido una langosta tan velozmente y una vez terminada nos lanzamos al agua en busca de alivio. Al día siguiente contábamos con casi 50 picaduras cada uno. Al finalizar el viaje pasaríamos de las 300…

Cayo Sal

Cayo Sal es una de las islas más cercanas a Chichiriviche y consecuentemente sus playas están atestadas de gente. Junto con otra pareja el trayecto de ida y vuelta nos salió por 75 bolívares (dos personas) y apenas tardamos unos 15 minutos en llegar a la costa.

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Cayo Sombrero

En cayo Sal existe mucha más infraestructura que en los otros cayos con chiringuitos, baños y sombrillas por doquier. El agua no es tan limpia y el coral, como en todos los cayos que vimos en el parque nacional de Morrocoy, está bastante muerto y apenas muestra colores. Eso sí, algunos peces de distintos tamaños sí pueden vislumbrarse.

Cayo Sal es bastante popular y cuesta encontrar un buen lugar a primera linea de playa. A unos metros al interior de la playa principal existen explanadas con sombra bajo los árboles y una bonita extensión de palmeras.

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La gente se montaba estupendas barbacoas y podías ver y oler la pasión que tienen los venezolanos por el ron. En más de una ocasión compartimos lanchas con parejas que llevaban una botella por cabeza y, tras pasar el día, volvían con las botellas vacías y sin síntomas de haberse pasado con la bebida. ¡Encomiable aguante el venezolano!

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Repasando la Lonely Planet de Venezuela tranquilamente en las aguas de cayo Peraza

Para buscar un lugar un poco alejado nos internamos y encontramos una gran laguna. Tratamos de bordearla para dar con una buena cala pero no tuvimos suerte. En el mismo pantanal de agua muerta los mosquitos volvieron a acribillarnos y no dimos con un camino fácil por donde cruzar el bosque y encontrar la ansiada playa con palmeras que pudimos albirar desde el bote al llegar a la isla.

Volvimos a la playa principal de cayo Sal. Nos dimos un baño y tomamos la decisión de cambiar de isla.

Nos fuimos al pequeño muelle y acordamos con un lanchero que nos llevara a Cayo Peraza por 150 bolívares.

Cayo Peraza

La indiferente impresión que nos dejó cayo Sal desapareció al encontrarnos en este pequeño cayo -el más minúsculo de los que visitamos- cuyas aguas turquesas auguraban un merecido relax.

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Una "modelo" espontánea posando sobre una palmera

Los vendedores pregonaban su mercancía y aproveché para preguntar precios:

  • Una docena de ostras a 30 bolívares.
  • Una docena de Kiua o Kiva (me pareció que eran grandes caracoles de mar) por 60 bolívares.
  • Una langosta por 200 bolívares.

Nos sentamos en una sombrilla al extremo de la isla. Habitualmente encontraréis sombrillas diseminadas por la playa con cuatro o cinco sillas de plástico. Si te apetece, te sientas y luego vienen a cobrarte. El precio varía y puede subir hasta los 100 bolívares como máximo.

Entre chapuzón y chapuzón, me di una vuelta por el cayo Peraza y apenas tardé 5 minutos en rodearla por completo. Al igual que los otros cayos, el arrecife se encuentra muy próximo a la orilla y para hacer snorkel debes hacer peripecias para atravesar la primera línea de rocas y ahí, a unos 100 metros de distancia de la orilla, podrás ver un buen número de peces y coral medio muerto de opacos colores.

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Playa principal de Cayo Peraza

A la hora de volver, el lanchero pasó de nosotros completamente. Recordamos entonces que no habíamos seguido las recomendaciones que os expuse al inicio del post y maldecimos su nombre que no sabíamos, escupimos ficticiamente en el rostro del sujeto que no recordábamos y en definitiva, nos lamentamos de haber sido tan despistados y habernos subido a la lancha tan felizmente.

Preguntamos a las diferentes lanchas que volvían a Chichiriviche si les sobraba espacio y afortunadamente, tras preguntar a media docena, una familia nos acogió y volvimos juntos a tierra firme. Era el 31 de diciembre. Pasar la nochevieja en una isla desierta de entrada parecía idílico. No obstante, como es habitual en la ficción, la realidad hubiera sido muy distinta. Ni de locos nos hubiéramos quedado a dormir en Cayo Peraza sin preparativos, sin comida, apenas con media botella de agua bajo el brazo y miles de mosquitos salivando antes del ansiado festín de nochevieja!

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