St Michael’s Mount, el Mont Saint-Michel de Cornualles

A veces isla, a veces no, la marea juega con el histórico castillo de St Michael’s Mount

Reino Unido TFW

Nunca he ido al Mont Saint-Michel de Normandía, pero dicen que su hermano pequeño de Cornualles es un digno reflejo del francés.

Y es que Cornualles, un destino inglés bastante desconocido para los viajeros de gran parte de Europa, guarda muchas sorpresas de gran belleza en los pliegues de sus accidentadas costas. Tuve una semana para descubrir parte de esos secretos, pero me marché de esa impactante tierra con la sensación de que me habrían hecho falta varias más para poder saborear Cornualles con la intensidad que se merece.

Tras un par de días de típico cielo encapotado inglés, la tercera mañana parecía que tampoco se levantaba de mucho mejor humor. Sin embargo, conforme nos fuimos acercando al pequeño embarcadero en el que teníamos que tomar la lancha a la isla de St Michael’s Mount, el cielo se fue abriendo, dándonos la oportunidad de comenzar a apreciar los distintos tonos de verdes y azules que se extendían ante nosotros.

Cuando descendimos al embarcadero, un recio ‘cornish man‘ (como se les llama, en inglés, a los habitantes del condado de Cornualles) nos indicó, sin ningún otro saludo previo, que nos sentáramos lo más pegados posible y que no los levantáramos en ningún momento del trayecto. No iba a ser yo quien osara llevarle la contraria.

Una isla… ¿O no?

La marea estaba alta y por eso tuvimos que coger una lancha para llegar a la isla de St Michael’s Mount. Sin embargo, cuando las aguas se retiran de la costa del pueblo de Marazion, aparece una inmensa playa que rodea la isla y la cual puede ser atravesada por un camino empedrado construido por el hombre, mucho tiempo atrás.

St Michael’s Mount es una de las 43 islas de este tipo que existen en Inglaterra. Durante el mismo día son islas durante unas horas, para dejar de serlo cuando la marea baja.

De hecho, el nombre en cornish (antigua lengua de esta zona que tiene una raíz celta y no inglesa) de St Michael’s Mount es “Karrek Loos yn Koos“, que significa “La roca gris en los bosques”. Y es que hace unos miles de años, la actual Bahía de Mount no estaba inundada. En esa época, la pequeña formación rocosa sobresalía de entre los bosques. Restos de antiguos árboles – datados del año 1.700 a. C. – han aparecido, en marea baja y tras intensas tormentas, en la playa de Perranuthnoe.

Historia de St Michael’s Mount

La isla de St Michael’s Mount, como ya os he contado, al principio no era isla, sino que se encontraba a unos 10 km de la costa. Tras la inundación de la zona, en el año 1099, su status cambió.

Pero su historia se remonta a antes de este acontecimiento. Se cree que la isla albergó un monasterio en el siglo VIII y que, a principios del XI, Eduardo el Confesor (rey de Inglaterra entre 1042 y 1046) le concedió estas posesiones a los benedictinos, misma orden religiosa que se encargaba de administrar la abadía del Mont Saint-Michel normando.

St Michael’s Mount fue un priorato de la famosa abadía francesa hasta el reinado de Enrique V (primer cuarto del siglo XV).

En 1659 la isla fue vendida al coronel John St Aubyn y, a día de hoy, nada menos que 459 años después, siguen siendo sus descendientes los que viven en ella y la administran.

El castillo de St Michael’s Mount

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Aunque parte del castillo que corona la pequeña loma de St Michael’s Mount sigue siendo residencia privada de la familia St Aubyn, el resto de la fortaleza está abierto a visitas turísticas.

Llegamos al muelle de la isla tan solo 5 minutos después de haber dejado el de Marazion. Allí nos esperaba uno de los voluntarios que trabajan allí para conducirnos hacia la caseta donde se sacan las entradas al castillo. Fue así como comenzamos el tour.

Accedimos al castillo por el hall de entrada, tras pasar bajo la arcada de un grueso portón medieval. Viejos mosquetones y abrigos se encuentran en las paredes. Armas y ropas de otra época. Como de otra época parece ser, ahora que estamos absorbidos por la inmediatez y la tecnología, la mera contemplación de la naturaleza. Y es que pasaría horas disfrutando de las espectaculares vistas que ofrece la habitación de Sir John. Antiguamente había sido una cocina, para transformarse luego en el estudio de Sir John St Auby, desde el que podía contemplar la bucólica inmensidad del océano.

La biblioteca – como siempre me ocurre cuando visito castillos y monasterios – fue otra de mis estancias favoritas. Ya formaba parte de las dependencias monásticas de la abadía en el siglo XII. Sin embargo, a partir de 1780 ya se reunían aquí los integrantes de la familia St Aubyn para echar una partida de ajedrez, cartas, tomar algo o leer uno de los libros que aún hoy pude observar, alineados en las estanterías, junto a la chimenea. Uno de esos lugares acogedores en los que no te importaría quedarte a pasar la noche junto al fuego.

Tras pasar por la habitación para fumar – en la que resalta un viejo baúl de Zanzíbar -, llegué a la pequeña capilla del castillo. Parte del antiguo monasterio del siglo XII, su interior me inspiró tranquilidad. Mientras los demás tomaban fotos, yo me dediqué a jugar a algo que me encanta hacer en lugares históricos: intentar imaginar cómo podía haber sido en la época en la que los hermanos benedictinos celebraban sus misas diarias en ella. Hoy en día, 900 años después, aún se celebran misas los domingos, pero seguro que nada tienen que ver con el misterio, la sobriedad y el secretismo de la que yo dibujé en mi mente.

La habitación del mapa, como su nombre indica, tiene un precioso mapa del XVI y un curioso gato disecado que la familia St Aubyn se trajo de uno de sus viajes a Egipto. En el cuarto de la guardia hay armaduras y armas de distintas partes del mundo, pero mi atención se desvió hacia las almenas.

Las vistas desde las almenas del castillo me impresionaron, con la costa de Marazion al este y el inmenso océano al oeste. Uno de esos lugares en los que me habría quedado varias horas totalmente embelesado… Pero no disponía de tal tiempo… De hecho, me tuve que marchar sin apenas ver la otra joya de St Michael’s Mount: sus jardines tropicales.

Los jardines de St Michael’s Mount

Pocos pensarían que en una isla inglesa iban a encontrar ejemplares de aloe vera o agave, que suelen medrar en climas subtropicales. Sin embargo, el jardín amurallado que a los pies del castillo comenzaron, en 1780, las cuatro hijas del cuarto Sir John St Aubyn tiene buenas, e inesperadas, condiciones climáticas. Y es que las rocas que lo rodean absorben el calor durante el día para soltarlo por la noche, llegando a crear temperaturas de hasta 40 grados en verano.

Pasea por el sendero que atraviesa los jardines y disfruta del colorido y las distintas fragancias que se mezclan con el, siempre relajante, aroma marino.

 

Regresamos a tierra con el pesar de no poder habernos quedado más tiempo en St Michael´s Mount. Sin duda, fue uno de los lugares que más me gustaron de mi viaje por el bello condado de Cornualles.

Si quieres visitar St Michael’s Mount consulta la web oficial para obtener toda la información sobre horarios y precios.


St Michael’s Mount, el Mont Saint-Michel de Cornualles
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