5 países caros a los que viajaría si me tocara El Gordo de Navidad

Se acerca el gran día 22 de diciembre… Yo no sé para vosotros, pero para mí siempre ha sido el sorteo de El Gordo de Navidad el evento que ha marcado el principio de esta fiesta de hermanamientos varios y alguna que otra quedada de compromiso.

Escuchar a los niños del colegio de San Ildefonso cantar números y premios, con una coordinación ensayada durante meses, es para mí más representativo de la Navidad que el encendido de las luces en las calles de Alicante o el árbol del Rockefeller Center (en ese orden). Es el clásico de los clásicos de la Navidad.

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Era un retaco y ya me levantaba a las 9 para asistir a la retransmisión del sorteo por televisión, con todas las papeletas y décimos de mis padres extendidos por la mesa de la sala de estar. Me brillaban los ojos de ilusión, estando seguro de que ese año sí que nos iba a tocar. Además, en Alicante ya ha tocado varias veces y seguro que esa vez éramos nosotros los afortunados… Y así sigo hasta hoy.

El día 21 tengo una gran salida con mis amigos de toda la vida. Esa típica comida navideña que acaba convirtiéndose en copas de sobremesa, copas de barra, copas de pub, y desayuno de churrería… Pero, pase lo que pase, sé que a las 9 de la mañana del domingo encenderé la televisión para comenzar a oír la clásica cantinela numérica de las voces de los niños más esperados de España. Y estaré pensando: «¡este año sí!»

¿Y si es así? ¿Y si resulta que este año he comprado el número agraciado con los 400.000 euros al décimo del primer premio? Pues que ya estoy pensando destinos a los que viajar. Por lo que cuestan esos viajes, me quedaría con estos cinco:

1. Kenia y Tanzania

Elefante en el Kruger
Elefante en el Kruger

No es un secreto que es África el continente que me ha robado el sentido, como se suele decir para exagerar los vaivenes del corazón.

Desde que viajé por Mozambique, Malawi y Sudáfrica durante 2 meses, ya no miro a los demás continentes con los mismos ojos. Mi amor fiel es para África, con alguna canita al aire en Myanmar y Sudamérica, pero nada que tenga que contarle.

Después de esos tres países del sur de África, llegaría el turno a Etiopía, un país fascinante lleno de gente aún más espectacular.

Kenia y Tanzania llaman mi atención por dos cosas muy distintas (aunque muchas veces, tan similares): los animales y los hombres.

Aprovecharía el dinero del premio Gordo de la lotería para visitar los parques de Maasai Mara, Serengeti o Ngorongoro, por ejemplo, pero también otros menos conocidos, como Amboseli y Tarangire. Lo haría a lo grande, con excursiones todo el día, los mejores guías para que me llevaran lo más cerca posible de los animales, y quedándome, por una vez, en un buen hotel en la naturaleza. Algo tipo «Memorias de África». Hasta con la avioneta… Pero sin estrellarme en ella.

Por otro lado, me gustaría recorrer bien las poblaciones perdidas de ambos países. Quizás, también subir el Kilimanjaro, pero sobre todo perderme por esas aldeas que – según me contó Javier Reverte el día que accedió a tomarse unos vinos conmigo, al venir recomendado por su amigo, el gran Xavier Moret – eran el mejor tesoro del país. Y es que al final siempre es la gente que encuentras en la ruta la que marca la diferencia de tu viaje.

2. Australia

Sydney Opera House y Harbour Bridge, Sidney, Australia
Sydney Opera House y Harbour Bridge, Sidney, Australia

Estuve en Australia celebrando la entrada al año 2004 en la Bahía de Sídney, para regresar, por un mes, en 2011. Sin embargo, se trata de un país que bien podría ser llamado continente, y me queda mucho por ver y descubrir. Solo hay dos problemas: está lejísimos y es ultracaro. Y el primero da algo de pereza, pero se puede llevar. Sin embargo, el segundo escollo duele más.

Si me tocara el Gordo de la lotería viajaría a Australia para recorrer la zona más inhóspita y deshabitada del país. Recorrí gran parte de la costa oeste, pero desconozco el centro y norte (salvo Cairns), y también la costa este, la menos salvaje del país. También me gustaría visitar la isla de Hobart y Tasmania. Y de paso, regresar a Melbourne para ver de nuevo a la familia lejana de la que era mi novia en 2011: Tatiana. Personas que ni siquiera la habían visto a ella en décadas y se portaron con nosotros como si fueran familiares cercanos de toda la vida. Unos cracks.

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3. Japón

Luchadores de sumo en Tokio, Japón
Luchadores de sumo en Tokio, Japón

Otro de los destinos que más me apetecen en este momento y el único de corte algo más urbanita, diría.

Japón me llama mucho la atención por el gran contraste que advierto entre su cultura ancestral y sus paisajes bucólicos y naturales, y ese gran desarrollo tecnológico y su consecuencia en forma de grandes urbes ultramodernas donde la gente parece pulular, como hormigas, por cada rincón.

No iría para un par de semanas, y tampoco para un par de meses, sino que me gustaría tener una cierta inmersión cultural y pasar allí al menos 6 meses. Eso a priori. ¿Quién sabe? A lo mejor a las dos semanas ya me quiero volver porque echo de menos el humor ácido y negro irlandés. Aunque para esos momentos de morriña existe Youtube.

4. Canadá (con posible extensión a Alaska)

 

Otro sueño totalmente movido por mi amor por los espacios abiertos, las creaciones más exuberantes de la Madre Naturaleza y la aventura.

Pasaría el tiempo justo en las ciudades canadienses, dando una vuelta por Toronto y Vancouver, pero nada más. El resto del tiempo lo disfrutaría haciendo largas travesías entre lagos, praderas, valles, glaciares, montañas y lagos, siendo mi primer baño en aguas del Atlántico y el último en las del Pacífico (o viceversa, que nunca fui un maniático del orden).

Viajaría en autocaravana, caminaría, montaría en bicicleta y, sobre todo, descendería ríos – todos los que pudiera – en kayak. Me encanta moverme en kayak e internarme con él por lugares solitarios a los que es complicado acceder por tierra. Y estoy seguro de que en Canadá habrá muchos de ellos. Esto me hace recordar que otra de las cosas que haría con el dinero del premio sería apuntarme a varios cursos de kayak en aguas bravas. Una asignatura que tengo pendiente y espero poder realizar este 2019.

Y, si Trump me deja pasar con mi barba de mes y medio y mi piel morena, pues también me gustaría poder recorrer la salvaje Alaska. O al menos la parte que me dejaran. Visitar el «Magic Bus» del gran Alex Supertramp de «Hacia rutas salvajes» y admirar una de las zonas naturales más bellas y salvajes del planeta.

Es un viaje soñado que, mientras escribo estas líneas sobre él, sé que realizaré más pronto que tarde, me toque o no la lotería.

5. Antártida

¿Cómo no? Estaba dudando entre este destino o subir el Everest, pero debo ser realista y aceptar que ascender a la cima más alta del planeta, con el problema linfático que arrastro en mi pierna desde el 2001, sería, como poco, una temeridad. Si no, quizás sí que me lo plantearía, pues nunca he sufrido mal de altura a pesar de haber llegado a subir – muy mal equipado, pero con muchas ganas – hasta cotas de 4.800 msnm. Está claro que el Everest sería otro tema, pero me vería bien si no fuera por la maldita pierna.

Así que nos contentaremos con la Antártida. ¿Quién dijo que los segundones eran unos perdedores? Este año, un buen amigo mío estuvo allí como tripulación militar del buque español «Hespérides» y me comentó la posibilidad de presentar un buen proyecto periodístico para poder participar en una expedición futura a bordo de ese mismo barco. Nunca comencé a darle forma al proyecto, así que habrá que buscar otra forma de llegar a la Antártida.

Ir a la Antártida por la vía turística cuesta un dineral. Creo que pocos paquetes bajan de los 4.500€ por persona, un viaje de 10 días y con un par de acampada sobre la tierra – o el hielo – de ese continente místico y puro.

 

Cualquiera de estos cinco viajes sería, para mí, ver un sueño realizado… Y tú, ¿a qué lugares viajarías si te tocara el Gordo de Navidad? Sean cuales sean, ¡te deseo mucha suerte!

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