Vive la India, ¡dale gas!

No hay duda, durante la primera hora de la mañana es la mejor hora para viajar por la mayoría de lugares de la India. Ya sabemos que eres un pedazo de mandril, especialmente durante tus vacaciones, pero si estás en India, como dijo un tal Cristo, “¡levanta el culo y anda, Lázaro!” Especialmente si te encuentras por el sur del país donde los termómetros pueden estallar del calor.

Durante la mañana, el aire es fresco y la luz es cristalina. Al sur de Chennai, en dirección a Mahabalipuram, Pondicherry y Cuddalore hay arbodelas con bayans de tamaños gigantescos acompañados de cocoteros y palmerales. En enero y febrero, durante la época de la recolecta, también disfrutarás del olor de la paja fresca en el aire, de los arrozales, de los campos de cáñamos de azúcar y cereales que se comen literalmente la carretera.

Da gusto alquilar un moto por el lugar. Acostumbran a salir por unos 3 o 4 euros el día y, con ellas, disfrutas atravesando esos extensos campos de arroz, cereales o bordear esas carreteras repletas de chillies bajo el sol. Es un placer reservado para dioses hindúes o mochileros con ganas de vivir la vida.

La mayoría de motos que encontrarás baratas van de los 50 a los 75 cc. Casi todas funcionan con marchas manuales y, mientras las enciendes con el pie, descubres un nuevo sentido llamado olfato que vuelve a reverberar antiguas reminiscencias de alguna vida anterior; rodeado de chillies, de cocoteros, de palmerales y plantas indescifrables.

Sabes entonces que te encuentras en India y, de golpe, quieres parar el reloj. Las vacaciones algún día van a terminar y temes volver a casa y volver a encerrarte, de nuevo, en la oficina. Por eso te agarras al manillar de la moto y le das gas a fondo disfrutando de ese único momento que la India te ofrece.

Bajo el manto vegetal donde la India sureña te cobija, sigues tu camino. Pronto llegarás a tu hostal y terminará esa pequeña jornada diaria de viaje. Un corto día vacacional donde probablemente aprendiste más que cualquier semana entera de oficina.

Pero volverás. Por mucho que te pese. Volverás a casa. Tiempo al tiempo. Y un día, desde la oficina, volverás a leer estas líneas y tratarás de quitarle hierro al asunto sabiendo que te mientes a ti mismo.

Pero por dentro, una vocecita, te seguirá pidiendo más viajes, por favor, ¡más viajes!

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Una respuesta
  1. Dulce 30 junio 2008