Visitar favelas: Turismo al borde de la legalidad

Hace unas semanas, David nos hablaba sobre las agencias que organizaban tours por las favelas de Río de Janeiro en particular, y sobre las agencias que ofrecen recorridos por zonas pobres o marginales de ciudades de África y Sudamérica. Ahora parece que las autoridades brasileñas están estudiando la legalidad de ese tipo de turismo.

La alarma ha saltado después de que un reportero del diario “Folha de Sao Paulo” se hiciera pasar por turista y, abonando 35 euros, se diera un paseo que incluyó conocer a un capo del narcotráfico y del contrabando de armas e, incluso, fotografiarse con él.

Los problemas que este tipo de oferta turística ofrece son, por un lado, la falta de seguridad para los turistas (las guerras de bandas en las favelas son extremadamente violentas), la posible apología (y mitificación) del crimen organizado y, naturalmente, el usar a los que cometen delitos como imagen, negativa, de promoción turística de un país.

¿Le aporta algo al viajero, más allá del morbo y la inyección de adrenalina el charlar y fotografiarse con un personaje semejante? ¿y si fueran turistas brasileños los que en una Herriko taberna se fotografiaran con encapuchados a cuyas espaldas hay una ikurriña con una serpiente enroscada en un hacha?

Creo que una cosa es, de buena fe, querer conocer de primera mano la situación de los más desfavorecidos y otra cosa es el morbo, que alimenta otras pulsiones y que no conduce a ningún tipo de reflexión o planteamiento personal.

A las afueras de Phnom Penh (Camboya) hay un gran vertedero de basura en el que los camiones de la ciudad dejan su carga de residuos y detritus, el subproducto de toda civilización que se precie. Restos orgánicos, papeles, plásticos y cualquier objeto imaginable (y muchos en los que ni se nos ocurre pensar) son transportados hasta ese lugar. El olor, os lo aseguro, se os queda pegado a la ropa. Allí podéis ver a personas agrupadas en equipos de una docena o más que se distribuyen alrededor de cada montón de basura buscando, hurgando, revolviendo, extrayendo con paciencia los pequeños tesoros (plásticos, vidrios, etc.) que yacen como joyas en un mar de inmundicias. Niños y adultos por igual, procedentes de todas partes de Camboya, atraídos por el neón de la ciudad, vinieron buscando una vida mejor y encontraron más miseria que en el abandonado campo.

Eso sí que te hace pensar.

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