Visitando Gante al atardecer

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Las vistas desde el puente de Michielshelling al anochecer

Las vistas desde el puente de Michielshelling al anochecer

El pasado verano tuve la suerte de visitar Gante por tercera vez en mi vida. La ciudad que vio nacer -un 24 de Febrero del año 1500- al famoso Emperador Carlos I de España y V de Alemania, suele ser siempre comparada con la cercana Brujas. Para mí no hay color: me quedo con Gante.

Esta urbe es un monumento histórico en sí. La concentración de edificios majestuosos por metro cuadrado es difícil de encontrar en cualquier otra ciudad de Europa, o del Mundo. Pero Gante no es sólo éso. Ciudad universitaria, está llena de vida tanto de día como al caer la noche. Graslei y Korenlei Straat son punto de encuentro para muchos jóvenes que dan cuenta de botellas de vino o cerveza mientras intentan arreglar una maltrecha Europa. El río y las vistas espectaculares son su fuente de inspiración. Alcohol aparte.

Llegué a la estación de tren de Sint-Pieters bajo un Sol cegador. El reloj de la farmacia más cercana marcaba las 14.35 y 24 grados celsius de temperatura. Eso en Gante es calor. Calor del bueno.

Decidí caminar con mi maleta de ruedas hasta el hostal en el que me alojaría. Le había preguntado a un hombre a cuánta distancia quedaba el centro y me dijo que tan sólo 15 minutos. Debía ser en bici, o yo estaba un poco flojo.

Al final decidí parar a comer en el restaurante en el que estaba citado y pasar luego a dejar la maleta en el hostal.

Tenía cerca de 48 horas para explorar la ciudad a mi ritmo. De los blogtrips en los que he participado, éste fue el mejor en cuanto a libertad de movimientos. Y lo agradecí mucho.

La gente joven se reune en Graslei a conversar hasta pasada la media noche

La gente joven se reune en Graslei a conversar hasta pasada la media noche

En el hostal me esperaba una bolsa con información útil sobre la ciudad, un poncho para vestir en los festivales de Lokeren y Geel (a los que asistiría ese fin de semana), y un dispositivo Mi-fi que me permitiría tener conexión a internet, tanto en mi portátil como en el móvil, en todo el territorio. Genial pack de bienvenida.

Salí a pasear por la ciudad con la bonita luz rojiza del atardecer.

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Uno de los primeros monumentos que impactan al visitante es el imponente Gravensteen, el Castillo de los Condes de Flandes. Levantado a finales del Siglo XII por Felipe de Alsacia, fue el lugar donde nació Carlos I. Aunque en esta ocasión no entré en su interior, sí lo hice en mi primera visita a Gante en 2003. Está restaurado y conserva el foso -con agua- que rodea a la estructura principal.

Desde las almenas de la muralla se aprecia una bonita vista de la ciudad. También posee una buena muestra de armas y, para los más sádicos, aparatos de tortura.

Al haber recorrido los edificios más emblemáticos de Gante en otras visitas, me dediqué a disfrutar de la puesta de Sol sentado en la terraza de uno de los bares que dan al río en Graslei Straat.

El cambio gradual de la luz sobre esas casas tan pintorescas, típicas de Flandes, merece contemplarse sin ninguna prisa. A slow motion.

Cuando el cielo se oscurece completamente, es el momento de echar mano de uno de los panfletos que puedes conseguir en cualquier oficina de turismo: Gante iluminado.

Durante años se diseñó el llamado Plan de Luz de Gante. En él, tanto el alumbrado funcional como el monumental se enfocaron de una manera global. El resultado ha sido la iluminación de los puntos más importantes de la ciudad: edificios, canales, puertas de entrada, ejes principales de circulación , calles comerciales, parques, plazas, muelles…etc…

Aunque tienes la opción de contratar un paseo guiado, también puedes hacer el recorrido por tu cuenta, ayudado por un simple plano gratuito.

Habiendo ya cenado, me zambullí en el Gante nocturno.

La plaza de Vrijdagmarkt está llena de restaurantes y bares cuyas terrazas cobran vida por la noche

La plaza de Vrijdagmarkt está llena de restaurantes y bares cuyas terrazas cobran vida por la noche

Las luces que iluminan los edificios principales son blancas, sobrias e introvertidas. Alejándose de otras iluminaciones más ludico-festivas propias de otros países de la zona.

Las cabezas pensantes del proyecto han querido resaltar las formas de las construcciones -las curvas y la profundidad de los volúmenes arquitectónicos- con proyectores debidamente orientados y colocados en el suelo.

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En la tibieza del ambiente paseé por Graslei, subí al puente de Sint Michielshelling y me detuve a mirar ambas orillas, rebosantes de gente que parecía haber bajado su volumen de voz, contagiados por las sobrias luces que habían aparecido en la noche.

Giré a mi derecha y tomé el camino que llevaba a Korenmarkt, encontrándome con la Iglesia de San Nicolás. Este templo fue construído en el siglo XIII pero casi totalmente destruido durante la revolución francesa. Lo llevan reconstruyendo desde entonces.

Siguiendo esa misma calle llegué a Belfort, la Torre del Campanario, cuya cúpula iluminada es uno de los puntos más reconocibles en la noche de Gante.

Gante iluminado es un proyecto que resalta la belleza de esta ciudad inigualable

Gante iluminado es un proyecto que resalta la belleza de esta ciudad inigualable

Después me perdí. Guardé el mapa en el bolsillo trasero de mi vaquero y me dediqué a deambular alejándome del centro. Dejé de acercarme tanto a los edificios monumentales y me adentré en las calles más residenciales, siguiendo el río aquí y allá.

Un silencio sepulcral me fue absorbiendo mientras caminaba por Prinsenhof hacia Rabot, una de las puertas antiguas de la ciudad. Eran tan sólo las 11 de la noche, pero nadie más transitaba aquellas calles que parecían la conexión física entre dos mundos paralelos: el medievo del Gante céntrico y la Europa del siglo XXI del resto de la ciudad.

Estaba absorto en el sonido producido por el eco de mis pisadas cuando me topé con la estatua de Carlos I de España, V de Alemania. Está en medio de un trozo de hierba entre Prinsenhof y Zilverhof. Nada magnificente. Si, el que llegó a crear el Imperio donde no se ponía el Sol, levantara la cabeza, miraría este monumento levantado en su ciudad natal y diría: “Si lo llego a saber nazco en Albacete”.

La puerta de Rabot me decepcionó un poco. En sí no es fea, pero detrás de ella se encuentran los que, muy probablemente, sean los edificios más feos de todo Gante. Unos bloques residenciales, que parecen sacados de la Europa del Este bajo dominio ruso, hacen que sea imposible sacar una foto decente a la puerta.

Regresé al centro. Me gustaba más el Gante medieval. Cuando llegué a una de las bulliciosas terrazas cercanas al río, escogí una mesa, me senté y llamé a la bonita tabernera: “¡Cerveza y pata de jabalí bien asada!”, ordené. “¡Y traígame nuevas de los tercios de Flandes!… ¡Pardiez!”.

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2 Comentarios
  1. Ronald 31 enero 2013
  2. David 4 febrero 2013