Visitando el castillo de Butrón y haciendo talos en el Palacio de Urgoiti en Uribe

El castillo de Butrón

El castillo de Butrón

Castillo de Butrón

Después de una mañana muy activa en la que había saltado por primera vez en mi vida en parapente y había retomado la tabla de surf, la tarde la dediqué a actividades mucho más relajadas.

Nuestra primera parada nos llevaría a uno de esos lugares que te hacen abrir bien los ojos y preguntar: ¿Y qué hace ésto aquí?. Estaba ante el castillo de Butrón, en el municipio de Gatica.  En un primer vistazo me pareció aquel castillo que tenía de pequeño en casa, que construí con unas piezas parecidas a las de Lego y que destrozaba una y otra vez en la desigual batalla que sostenía la endeble fortaleza contra los mortíferos cañones del poderoso barco pirata de Playmobil. No había color, los clicks son muchos clicks.

Pero este castillo tiene unos muros de hasta cuatro metros de grosor. La estructura original, levantada en el siglo XV por el linaje Butrón, consistía en una única casa-torre. Este tipo de construcciones eran muy habituales en la época. A diferencia de otras partes de España, donde proliferaban los castillos, en el Norte se construían torres debido a una mayor atomización de los señoríos.

Escudo de armas de la casa Butrón

Escudo de armas de la casa Butrón

En el siglo XIX, el famoso arquitecto Marqués de Cubas decidió acometer una profunda reforma de la casa-torre para dejar volar su imaginación y construir un castillo de corte germánico con toda clase de ornamentos y totalmente ajeno al resto de construcciones de la región. El resultado es un castillo de cuento, de aspecto señorial y poderoso. Su apariencia exterior esconde, sin embargo, el verdadero hecho de que se trata de un lugar de escasa habitabilidad. Las torres poseen poco espacio para habitaciones en su interior y son varias las estancias que se comunican mediante escaleras y pasarelas exteriores.

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El paisaje que rodea al castillo de Butrón le confiere aún más melancolía al lugar. Un río hace las veces de foso natural y árboles -con especies exóticas traídas de varias partes del mundo- y pastos verdes custodian las puertas de esta construcción que ha sido utilizada en años recientes como lugar para celebraciones y recepciones. Su alto coste de mantenimiento ha sido la razón que han esgrimido sus actuales propietarios para sacarlo a subasta. El precio de inicio ronda los 3,5 millones de Euros. Así que, si tenéis algo suelto en el bolsillo y siempre habéis soñado con ser príncipes o princesas con castillo incluido, aquí tenéis vuestra oportunidad.

Fue una pena no poder visitarlo por dentro porque su aspecto exterior invita a hacerlo, aunque a veces es mejor utilizar la imaginación y proyectarse en unas armerías, salas con tronos donde se susurren conspiraciones, salones de banquetes… Para mí es mejor eso que la decoración moderna que debe tener.

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Palacio de Urgoiti

Tras un paseo por la zona pusimos rumbo al Palacio de Urgoiti.

En el microbus el bueno de Jagoba nos explicaba la curiosa historia de este palacio que fue levantado en el siglo XVII por Don Miguel Vélez de Larrea en Galdakao. En 1968 se proyectó la construcción de una carretera  que pasaba justo por el emplazamiento del palacio y sus dueños, que no querían que se derribara, optaron por desmontarlo piedra por piedra y guardarlo en un almacén.

Los planos para su reconstrucción se perdieron en una inundación en 1983 y no fue hasta 2004 que se puso la primera piedra en el lugar en el que se levanta hoy en día, en Mungía.

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Cuando llegamos a este hotel de 4 estrellas,  la tenue luz del atardecer se cernía sobre unas mesas largas ya preparadas para que comenzara el taller culinario impartido por Aitor Aurrekoetxea. El protagonista de una de las ediciones del reallity “granjero busca esposa” nos iba a enseñar los secretos para cocinar un buen talo.

La mesa de "mezclas" lista para hacer talos

La mesa de “mezclas” lista para hacer talos

Y os preguntaréis: ¿Qué es un talo?. Pues lo mismo barruntaba yo antes de que Aitor nos lo explicara. Pues un talo es una torta de maíz al estilo de las arepas de Colombia y Venezuela o las tortillas mejicanas. Fue utilizado como pan desde el siglo XVI para ser desplazado por el de trigo durante el siglo XX. Hoy en día es muy común en las ferias de Guipúzcoa y Navarra, y se suele comer acompañado de chistorra, queso o chocolate.

Hacer un talo no es nada complicado. Conseguir un buen talo ya requiere algo más de práctica. Aitor explicaba a los dos grupos de veintitantos aprendices los pasos a seguir.

Primero tomé un vaso de harina de maíz y lo eché en mi cuenco de metal. Después añadí agua y sal y comencé a amasar el resultado. Aunque Aitor repetía que la cantidad de agua a echar dependía de la textura que notáramos con nuestras manos, para que os hagáis una idea, por cada 350 gramos de harina de maíz se aconseja poner 250 ml de agua.

Talos con chorizos. El premio final

Talos con chorizos. El premio final

Estuve amasando mi creación durante unos cinco o diez minutos. Después separé la masa en dos bolas y las rebocé ligeramente en harina. Entonces tomé una tabla -también levemente cubierta de harina espolvoreada para que no se pegue la masa- y comencé a dar forma de tortita a las bolas. Los talos no deben quedar demasiado gruesos o grandes. Lo ideal es que sean delgados.

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Cuando me quedaron con una forma decente los entregué al maestro parrillero que los echó a la plancha. En una parrilla situada a su izquierda, había estado cocinando unas chistorras y chorizos con una pinta tremenda. No hay que dejar los talos demasiado tiempo en la plancha. Lo ideal es que se tuesten un poco por fuera y queden esponjosos por dentro.

Debo reconocer que los míos no fueron nada del otro mundo y creo que no les puse suficiente sal porque me quedaron un poco sosos. Eso sí, cuando los combiné con ese chorizo vasco todo cambió mucho. Espectacular. Soy un fan número uno del chorizo casi de cualquier tipo y éste era de los que rozan el sobresaliente en mi exigente escala.

Para regar esta combinación no faltaron las copas de Txakolí. La noche había caído pero nadie sentía el frío a pesar de encontrarnos a finales de Octubre. Es lo que ocurre cuando te encuentras en buena compañía disfrutando de buena comida y mejor caldo.

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Una respuesta
  1. victoria 3 marzo 2015

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