Visita a Tallin en 48 horas


Artículo participante en el concurso de relatos Viajablog.
Escrito por Carolina Saiz.

Llegando por aire o por mar desde Helsinki, Tallin es un buen motivo para desviarse de la ruta.

Con 400.000 habitantes, la capital de Estonia es una antigua ciudad medieval rodeada de murallas tras la cual asoman las cumbres de los nuevos rascacielos de cristal. A pesar de su afán por modernizarse, Tallin conserva el encanto de una ciudad antigua y misteriosa que se descubre paso a paso en cada callejuela y rincón de su arquitectura.


El centro de Tallin es todo un teatro viviente en el que mercadillos, cafés y antiguas tabernas medievales cobran vida invitando al turista a formar parte de su naturaleza por unas horas.

Estonia es uno de los pocos países europeos que conservan su antigua moneda, la corona estonia, lo que permite al turista disfrutar de su visita a un precio bastante económico. Y no hay que confundirse, en Tallin barato no quiere decir de mala calidad. Incluso en los lugares más escondidos, uno puede disfrutar de los manjares más típicos de la ciudad.

El hotel Alur, en la calle Lai es un buen sitio donde quedarse. Además de barato (25€ habitación doble / noche) es acogedor, limpio y está a dos minutos de la Raekoja Plats, la animada plaza del ayuntamiento donde, además, se encuentra el famoso restaurante Olde Hansa, en el que una camarera vestida de dama medieval te sirve un buen trozo de cordero con una jarra de cerveza por menos de 10€.


Tallin es una ciudad tranquila que invita a pasear entre sus calles de piedra siguiendo el recorrido de las torres y cúpulas de las catedrales que sobresalen por encima de la ciudad. Plagada de tiendas de artesanía y recuerdos típicos, es el lugar ideal para quien disfrute de la tranquilidad y de la cerveza en grandes cantidades ya que en cada esquina hay un bar con la oferta especial del día: dos jarras de medio litro al precio de una.

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Cerca de la plaza del ayuntamiento, en la calle Rataskaevu 3, se encuentra el bar restaurante Kompressor, de ambiente juvenil aunque con platos muy típicos, como la sopa rusa, es un lugar agradable y barato donde comer. La especialidad son las crepes saladas gigantes.

La iglesia de San Olav es el punto de partida perfecto para comenzar a recorrer Tallin. Bajando hacia el centro de la ciudad nos encontraremos con la antigua iglesia de los dominicos y más adelante con la Toomkirik, la iglesia de la cúpula. Esta iglesia data de 1219 y es la más antigua del país. Junto al templo encontraremos uno de los múltiples miradores desde donde se divisa la ciudad y el puerto de Tallin.

En la famosa calle Toompea se encuentra la catedral ortodoxa de Alejandro Nevski, situada frente al imponente castillo de Toompea, uno de los grandes símbolos de la ciudad aunque, en mi opinión, la mayor belleza de Tallin se esconde en los callejones y pasadizos y la mejor manera de encontrarla es perderse.

Pequeña y amable, Tallin es un oasis de calma y tradición. Un lugar entrañable que tiende siempre la mano a quien se acerque hasta ella.

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