Visita a la Table Mountain en Ciudad del Cabo

Un amigo que también se apuntó a disfrutar las vistas

Un amigo que también se apuntó a disfrutar las vistas

La Table Mountain -Montaña de la Mesa sería su traducción literal al castellano- no es sólo uno de los emblemas de Ciudad del Cabo sino que además posee el honor de ser una de las 7 Nuevas Maravillas Naturales del Mundo.

Además puedes visitarla de manera totalmente gratuita.

Durante mi estancia de cinco días en Ciudad del Cabo tuve tiempo de descubrir los puntos artísticos de la ciudad, visitar el museo dedicado al drama racista que supuso el desalojo del Distrito 6, y deambular por sus calles a mis anchas.

Cuando vi el intenso color azul del cielo que me saludaba al despertar en mi penúltimo día en la ciudad, decidí que era el momento perfecto para subir a la Table Mountain. No pude haber elegido un día mejor.

Cómo llegar a la Table Mountain

Si no formáis parte de un tour organizado que os lleve desde vuestro alojamiento en la ciudad, creo que la mejor forma de acceder a la base de la montaña es mediante un taxi.

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Yo intenté hacerlo de otra forma y paré a varias furgonetas de las que usan los ciudadanos de a pie para desplazarse por la ciudad. Hacen las veces de taxis colectivos y sus rutas varían en función de donde deseen ir los pasajeros que consigan reclutar.

Sólo uno quiso llevarme a mi destino, pero me pidió el mismo dinero que el taxista, tardando mucho más y compartiendo el vehículo con una decena de personas. Así que cogí un taxi y acordé la cifra antes de subir.

Yo no tenía ni idea de lo que podía costar pero en el hotel me dijeron que 70 ZAR (Rand, la moneda sudafricana) era un precio razonable. Y 70 ZAR fue lo que pagué.

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Formas de acceder a la cima

Aquí de nuevo tenéis opciones entre las que elegir.

Comenzando la bajada por la garganta

Comenzando la bajada por la garganta

Para los que no sean muy amigos del esfuerzo físico, la mejor manera es usar el teleférico. El trayecto es muy corto y los precios (en Marzo 2013) son 100 ZAR la ida y 185 ZAR incluyendo también la vuelta.

Si te ves en forma, hace buen tiempo y quieres disfrutar de un día de caminata al solecito parándote a disfrutar de las vistas en los lugares que desees, hay muchas rutas que te llevan a la cima de la montaña. Y te ahorras el dinero. La más directa y sencilla técnicamente es la que te lleva a lo largo de la Platteklip Gorge -Garganta de la Piedra Lisa-, siendo la que utilizó Antonio de Saldanha en la primera ascensión que consta en los registros, en 1503.

Mi elección personal fue subir con el teleférico y recorrer los pasos de Saldanha en mi bajada. Así pude apreciar las bondades de cada método.

Cuando el taxi me dejó cerca de la larga cola de gente que esperaba al teleférico me comencé a arrepentir de mi elección. Sin embargo, estaba equivocado, ya que cada poco tiempo dos grandes cabinas se llenaban de gente y comenzaban la ascensión a la Table Mountain. No tuve que esperar más de 15 minutos para que llegara mi turno.

El teleférico a la cima

El teleférico a la cima

Las vistas desde el teleférico son realmente espectaculares.

Las playas de Ciudad del Cabo se extienden a tu espalda y el Devil´s Peak -Pico del Diablo- y el Lion´s Head -La Cabeza de León- franquean la ciudad. También se aprecian el bonito estadio circular –Green Point, donde se jugó la semifinal del Mundial 2010 entre Uruguay y Holanda- y, un poco más a lo lejos, la famosa Robben Island, donde Nelson Mandela pasó casi 20 años realizando trabajos forzados.

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Cuando desembarqué en la cima dediqué unos minutos a seguir el circuito marcado.

El día era esplendoroso y un buen número de turistas me acompañaban en mi pequeño paseo. Realizando este recorrido circular acabé en una zona de cafeterías y aseos donde se agolpaba el grueso de la fuerza multinacional que invadía la Table Mountain a esas horas. Realmente, las vistas desde ese ala eran impresionantes. Saqué mi sandwich, elegí un punto de gran visibilidad y me senté sobre el muro. Me puse los auriculares de mi reproductor de MP3, apreté el “play” y, repentinamente, desapareció toda aquella gente.

La Table Mountain vista desde lejos

La Table Mountain vista desde lejos

A mi derecha la falda de la montaña descendía hasta las playas y los barrios residenciales más chics de Ciudad del Cabo. Conforme viraba mi mirada hacia el Sur, las casas iban desapareciendo para dejar paso al verde y marrón de la montaña contenido por el azul oscuro de las aguas de un Atlántico que se convierte en Índico al volver la esquina del Cabo de Buena Esperanza.

Una carretera penetraba en estos colores vivos. Esa es una de las espinitas que se me quedaron clavadas. Me habría gustado alquilar un coche y recorrer esa ruta que bordea las montañas y lame la espuma de la costa salvaje. Puedes cogerlo en Ciudad del Cabo y llegar hasta la Reserva Natural de Cape Point, un lugar declarado Patrimonio Mundial Natural situado a tan sólo 60 kilómetros al sureste de Capetown. Además de las vistas, allí cohabitan cebras, monos y más de 250 especies distintas de aves.

Mi mirada se perdió más allá de aquellas montañas, intentando divisar el famoso Cabo de Buena Esperanza. El navegante portugués Bartolomé Díaz fue el primero en pasar por él y descubrir la ruta marítima hacia el Este que abrió el rico mercado asiático a la corona portuguesa. Era el año 1486.

Vistas hacia el Cabo de Buena Esperanza

Vistas hacia el Cabo de Buena Esperanza

En el 2013 yo escuchaba “Throw your arms around me” de Eddie Vedder en mi MP3 cuando me disponia a buscar una ruta para bajar de la Table Mountain.

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Elegí la Platteklip Gorge al parecer ser una ruta bonita y fácil. No me equivoqué. La garganta es de fácil descenso y, sorprendentemente, apenas encontré gente durante el camino. Paré a hacer fotos de las vistas a distintas alturas y en hora y media ya estaba en la carretera.

Caminé desde allí hasta mi céntrico hotel saboreando cada minuto de ese paseo a una temperatura perfecta, con la Table Mountain a mi espalda, la música dándome alas y una sensación de plenitud y felicidad que me pone una amplísima sonrisa en la cara cada vez que la recuerdo. Canté en voz alta e incluso llegué a bailar yo solo por las calles de una Ciudad del Cabo cuyas terrazas rebosaban de gente que tomaba vinos y cervezas al sol, saludando al fin de semana y a la vida.

Un día memorable de mi viaje por África… De mis viajes…De mi vida en general.

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