Visita a Río de Janeiro en 4 días

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Vista desde el Corcovado

Vista desde el Corcovado

Sin lugar a dudas, cuatro días en Río de Janeiro no bastan para conocer la Ciudad Maravillosa.

Río de Janeiro es una de las ciudades con más glamour en el mundo y uno de los destinos obligados de todo viajero que se precie. Esta megalópolis con 12 millones de habitantes no se lamenta por haber perdido el título de capital del Brasil, porque disfruta de un entorno natural envidiable, con las aguas turquesa del Océano Atlántico que le proporcionan algunas de las mejores playas del mundo y los cerros cubiertos por espesa vegetación, como testimonio de que la naturaleza ha decidido bendecir a la ciudad.

Panorama semejante merece conocerse, por lo que no dudé en armar las valijas para encontrarme con la Ciudad Maravillosa. Nada más salir del Aeropuerto Internacional de Galeão, para deslumbrarse con los paisajes y las playas, porque el aeropuerto se encuentra en la Ilha do Governador, a pocos kilómetros del centro de la ciudad, con unas vistas espectaculares del cerro Pan de Azúcar y la bahía de Guanabara.

Corcovado

Fue una dura tarea elegir los sitios que ver en Rio de Janeiro, ya que todo resulta descomunal y atractivo en la ciudad carioca, por lo que decidí quedarme con los sitios imprescindibles para dejarme un día reservado a conocer Angra dos Reis, porque me habían contado que era un lugar espectacular para descansar y disfrutar de las bellísimas playas y de los paisajes naturales.

Alojado en el Leme Othon Palace, un cuatro estrellas de primera frente a la playa Copacabana en el barrio de Leme, lo natural sería que mi primera visita fuera la playa, pero llegado a las siete y media de la tarde no era conveniente bajar a la playa, a pesar de la buena iluminación nocturna y la vigilancia, por lo que decidí quedarme en el barrio y cenar en un restaurante de los alrededores. La Carretão Copacabana es una churrascaría moderna cerquita de la playa y muy bien servida, donde se puede comer buena carne en un ambiente tranquilo y acogedor, donde la atención es por demás amable.

Una de las favelas de Rio de Janeiro

Una de las favelas de Rio de Janeiro

El segundo día, desayuno y playa Copacabana. Ya desde temprano puede verse a la gente haciendo deportes y tomando el sol, los chiringuitos siempre están llenos y no solo sirven refrescos, también las tradicionales caipirinhas. La vista del Morro de Leme desde la bahía es espectacular. Copacabana es una playa de cuerpos, todo el mundo cuida su físico allí y va a la playa un poco para ejercitarse y tomar sol, y otro poco a exhibirse.

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La zona entre el Copacabana Palace y la calle Mendes es territorio gay donde ondea la bandera del arco iris. Todo el mundo tiene su parte en la arena de Copacabana, los futbolistas, fisiculturistas, turistas y demás. Por suerte el día estaba calmo y pude darme un chapuzón rápido a pesar del fuerte oleaje.

Para aprovechar el sol y el tiempo, el regreso lo hice caminando por la orilla y de paso conocí Leme, un tanto diferente de Copacabana por su población, no por las características de la playa. Aquí se ven principalmente jubilados o niños de las favelas.

Rambla de Río de Janeiro

Rambla de Río de Janeiro

Luego de una ducha, todavía quedaba tiempo para hacer algo más antes del almuerzo, por lo que decidí emprender mi peregrinación al Cristo Redentor, el emblema de Rio de Janeiro y una estatua imponente de 38 metros de altura, que realmente lo hace sentir a uno como que la ciudad está protegida por la mirada divina. El Corcovado tiene 710 metros de altura, de modo que desde el mirador del Cristo se ve toda la ciudad en un panorama que lo deja a uno sin aliento. Para llegar no hay mayor problema, ya que es uno de los sitios más visitados, de modo que hay buena locomoción.

La opción para después del almuerzo era el Parque Nacional de Tijuca, aunque en el hotel me habían ofrecido una excursión por las favelas, una nueva modalidad turística que cada vez tiene más aceptación, pero que preferí dejar para los amantes de los deportes de riesgo.

El Parque de Tijuca es un ejemplo de bosque tropical dentro de la ciudad, son 3.200 hectáreas de mata atlántica plantada por el hombre para reforestar la ciudad, pero que parece obra de la naturaleza. El parque tiene varios puntos de interés, como la cascada, el lago de las Hadas, el mirador Excelsior y el Museo de Açude entre otros. Es conveniente hacerse con un mapa porque es muy fácil perderse en sus caminos curvilíneos.

Playa

Luego de tanta naturaleza, me apetecía conocer la noche carioca y el lugar elegido fue Rio Scenarium, que se promociona como uno de los diez mejores bares del mundo y donde se puede disfrutar de lo mejor de la música popular brasilera, el samba, el forró, el choro y la gafieira. El boliche está en el Centro Histórico de Rio Antiguo, a pocas cuadras del Sambódromo de Marqués de Sapucaí. Por cierto, de vuelta al hotel, pedí al taxista que rodeara el Sambódromo para conocerlo al menos por fuera y es verdaderamente imponente, aún cuando no está engalanado para carnaval.

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El tercer día estaba destinado para Angra dos Reis, en una excursión por el día, pero perfectamente se pueden pasar varios días en Angra y todavía querer más. La excursión en barco tocaba la bahía de Angra y varias de las islas, pero el almuerzo se hizo en Angra. La Ilha Grande es un verdadero Jardín del Edén con cascadas, lagunas, cerros, 86 playas, algunas desiertas, una vegetación selvática imponente y los senderos para aventureros. Los paisajes, el colorido de la naturaleza en Angra parecen cobrar otra dimensión y volverse más intensos, más espectaculares. Antiguamente funcionaba una prisión en la isla, pero fue clausurada hace tiempo. A la noche volvimos al hotel.

Cristo-en-RIO

El último día tenía que aprovecharlo desde temprano, porque el vuelo partía a eso de las cuatro de la tarde. Después de desayunar, bajé por última vez a Copacabana, para darme un chapuzón rápido y grabarme los paisajes en la memoria.

Después de la ducha, la visita obligada al centro, con una recorrida por el Centro Histórico, conociendo los edificios antiguos de la ciudad. Antes de volver al hotel se imponían unas compras, de modo que opté por el tradicional shopping de Siqueira Campos, que en realidad se llama Cidade Copacabana y que es uno de los primeros de la ciudad, donde pude encontrar algún recuerdo y regalos para llevar a casa, y todo con tiempo suficiente para llegar al hotel, terminar de armar la valija y tomar una ducha refrescante.

Es evidente que cuatro días no alcanzan para conocer Rio a fondo, quedaron en el tintero muchísimos sitios imperdibles como el cerro Pan de Azúcar, el Jardín Botánico, Maracaná, el Teatro Municipal, los Arcos de Lapa y tantos otros atractivos, que hacen necesario volver tantas veces como sea posible a la Ciudad Maravillosa.

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2 Comentarios
  1. Medio Ambiente 7 mayo 2014
  2. Segunda 21 febrero 2016

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