Visita a las ruinas de Písac

A nuestro paso por Perú, nos quedamos unos cuantos días en Cusco, antigua capital y sede del gobierno del Reino de los incas.

Cusco, además de ser una interesantísima y vibrante ciudad, es el punto de partida para la mayoría de expediciones hacia el Machu Picchu. Pero la popular ciudad perdida de los incas no es, ni mucho menos, la única atraccción de la zona.

Repasando la guía que fielmente nos acompañó durante nuestro viaje de un año alrededor del mundo, descubrimos que en Písac -ubicado a 33 kilómetros de Cusco- se encuentra uno de los sitios arqueológicos más importantes del Valle Sagrado de los Incas.


Fuimos a la estación de autobuses y tomamos el primer bus que salía en esa dirección. Todos los pasajeros eran lugareños, así que, lógicamente, Rósin y yo llamábamos la atención. Tras una media hora de trayecto, con diversas paradas en los pueblos que había de camino, llegamos a Písac. Bajando del autobús, una chica joven, acompañada de un amigo, se nos acercó y nos preguntó si teníamos planeado visitar las ruinas. Le dijimos que sí, y nos pidió si nos importaba que nos hiciera de guía, ya que le serviría como práctica para sus estudios de arqueología y turismo que realizaba en Cusco. Nuestra repuesta, tal y como os podéis imaginar fue afirmativa, así que encantadísimos los cuatro nos fuimos a visitar las ruinas de Písac.

A más de 3,000 metros de altura, nos resultaba complicado seguir el ritmo de la intrépida Alicia y su acompañante. Había que subir una infinidad de escalones y recorrer una multitud de pasadizos y diversos caminos para examinar con detalle estas fantásticas ruinas. En más de una ocasión les tuvimos que pedir unos minutos de descanso para reponer fuerzas.

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Lo pasamos genial, y gracias a Alicia aprendimos un montón de conceptos interesantísimos a cerca de los incas, unos expertos agrónomos y astrónomos, sin lugar a dudas.


Lo que más me llamó la atención, posiblemente por su simpleza, fue la explicación de la forma en que los poblados incas construían las puertas. Al preguntar por qué son anchas en la superficie y se van estrechando a medida que ascienden, Alicia me hizo imaginar que viajaba de pie en un vehículo en marcha, y me preguntó cual era la mejor forma de mantener el equilibrio. Le respondí que con las piernas abiertas. Acaba de encontrar la respuesta. En una zona de constantes movimientos sísmicos, los incas encontraron sin problema la fórmula para que sus construcciones aguantaran en pie durante siglos.

Un día muy interesante el de la visita a las ruinas de Písac.

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