Visita a la catarata de Gocta desde Chachapoyas

Google +TwitterFacebook

Gocta
Dice la leyenda que Gregorio, un aldeano de la población de Cocachimbo, solía pasear a solas por la catarata de Gocta. Subía el curso del río hasta llegar al corazón de la cascada donde se le aparecía una sirena.

Más de una vez, Gregorio visitó la sirena de Gocta quien le recompensaba con oro y piedras preciosas por su charla y visita. Gregorio guardaba celosamente los regalos evitando las sospechas de su mujer al volver a casa.

Con el tiempo, la esposa de Gregorio empezó a sospechar sus tardanzas y un día encontró aquellos pequeños tesoros en los bolsillos del pantalón de Gregorio a causa de un descuido. Su mujer no podía contener sus dudas, celos y el sentimiento de traición la hizo perseguir en silencio a su marido al siguiente día. Lo siguió por el cauce del río a una prudente distancia y al llegar a la cascada se escondió entre unas rocas. Apareció la sirena y pudo ver como se sentaban sobre unas rocas y se ponían a conversar. Los celos no pudieron contenerla por más tiempo y se dirigió hacia la pareja no sin causar un estrepitoso ruido al tropezar con las rocas. La sirena la vio y rápidamente agarró a Gregorio y desaparecieron juntos en las profundidades de la cascada. Nunca más se supo de Gregorio y la misteriosa sirena de la cascada de Gocta.

Dicen que la leyenda ocurrió a finales del siglo XIX y hace apenas cinco años un explorador alemán llegó al lugar y se sorprendió ante la belleza y altura de la cascada. Se midió y sus 771 metros de altura la convirtieron en la tercera catarata más alta del mundo.

Tras conocer la historia y la leyenda no pude contener mis ganas de visitar Gocta y hacia allí me dirigí.

Desde Trujillo partí a las 4:30 de la tarde con destino Chachapoyas por 35 soles. Llegué antes de las seis de la mañana y con una chica alemana que conocí en el autocar nos instalamos en el céntrico hostal El Dorado. 15 soles me sirvieron para una sencilla individual con baño exterior.

A pesar del sueño decidimos movilizarnos y nos acercamos a la estación de combis para ver si nos podían llevar a las ruinas de Kuelap. No tuvimos suerte, salvo tours turísticos, los combis o autos en dirección a Kuelap partían a las cuatro de la mañana. Barajamos otras opciones y finalmente nos decidimos por vistar la misteriosa catarata de Gocta.

Acordamos por 10 soles parar a medio camino de Pedro Ruiz, concretamente en el cruce con Cocachimbo.

Una hora aproximadamente de auto nos dejó ahí y desde el cruce ascendimos los seis kilómetros que nos separaban del lindo pueblo. Curiosamente por el camino ya podíamos vislumbrar la espectacular catarata de Gocta. Tan visible y a la vez olvidada por la humanidad por tanto tiempo… cosas así sólo pueden ocurrir en Perú.

Llegamos al pueblo y en una pequeña casa nos ofrecieron los billetes de entrada para visitar la catarata (2,50 soles estudiantes, 5 soles adultos). Nos comentaron que era preciso el servicio de un guía pero lo rechazamos comentando que solamente íbamos de paseo. No nos pusieron problemas.

Desayunamos en la última casita del pueblo. El único lugar con ojos para sacar unos soles de los turistas e inmediatamente iniciamos el camino hacia las cataratas de Gocta.

Seis kilómetros por el interior de la selva, con continuas subidas y bajadas nos separaban de la sirena, de Gregorio y de los 771 metros que caen en picado desde las alturas.

El camino es precioso.El intenso verde crea una atmósfera especial y las vistas alrededor de esta zona rural son maravillosas. A lo largo del camino existen toda una serie de carteles con mensajes naturistas que infundan un positivo ánimo al caminante.

Al llegar a las cataratas nos encontramos con una pareja española y un par de alemanes. Nos saludamos, nos prestaron unos ponchos para soportar la caída del agua y nos quedamos a solas un rato ante la maravillosa caída de agua que interminablemente se precipita por las verticales paredes de la montaña.

No vimos ni a Gregorio ni a la sirena pero sin duda fue uno de los lugares más bonitos en mi viaje a Perú.

A la vuelta almorzamos con los otros turistas quienes habían realizado un tour desde Chachapoyas para visitar Gocta: transporte en auto, almuerzo y guía por 60 soles por cabeza. Es posible rebajarlo a 50.

A la vuelta el conductor accedió a llevarnos en la parte trasera del auto y disfrutamos de las vistas y le dimos un poco más de caña a esta espalda dolorida.

Reserva tu viaje al mejor precio:

Puntúa este artículo
10 Comentarios
  1. ESTEBAN 6 marzo 2011
  2. ROBER 6 marzo 2011
  3. Quique 7 marzo 2011
  4. carlos 5 julio 2011
  5. Karla 13 agosto 2011
  6. jovana 10 mayo 2012
  7. Ana Isabel 25 julio 2012
  8. Jamer 31 agosto 2012
  9. RAQUEL VÁSQUEZ DÍAZ 18 enero 2013
  10. RAQUEL VÁSQUEZ DÍAZ 18 enero 2013