Descubriendo el casco histórico de Palma de Mallorca

La Seu de Palma

La Seu de Palma

Hace un par de semanas, aprovechando que el clima no quería enterarse de que el calendario ya marcaba el mes de Noviembre, decidí visitar Palma de Mallorca por primera vez en mi vida. De hecho, nunca había puesto un pie en ninguna de las Islas Baleares a pesar de tener mi residencia en la cercana Alicante durante la mayor parte de mi vida. Ya sabéis, acabamos conociendo lugares lejanos y somos auténticos desconocedores de los que tenemos a tiro de piedra.

Encontré un vuelo directo barato en un buscador genérico y en homeaway un apartamento céntrico, bonito y con todas las comodidades que podía necesitar mi base de operaciones en la ciudad. No me lo pensé dos veces.

Un radiante Sol y 25 grados me recibieron para comenzar bien el fin de semana. Dejé las cosas en el apartamento y, con la energía que te da el descubrir un lugar nuevo, me lancé a la calle armado tan sólo con mi cámara de fotos y un plano del centro de Palma que había conseguido en la web oficial de turismo de Mallorca.

Me encontraba alojado a un paso de la céntrica Plaza del Mercado. Fue allí donde disparé mi cámara por primera vez al contemplar la imagen esbelta de la torre de la Parroquia de Sant Nicolau, cuya construcción original data del siglo XIV para ser sustituida luego por otra estructura de estilo barroco.

El Parc de La Mar

El Parc de La Mar

El patrimonio eclesiástico de Palma es realmente abrumador. Paseé por el enmarañado entramado de calles estrechas que componen el casco histórico y me tropecé con varias muestras antes de llegar a la joya de la Corona: la Catedral de Palma.

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Debo resaltar la Iglesia de Santa Eulàlia, situada en uno de los laterales de la plaza que lleva el mismo nombre. La construcción original fue inaugurada a finales del siglo XIII y es un estandarte del estilo gótico catalán de tres naves. El campanario es del neogótico y fue añadido a la estructura en el siglo XIX. También se pueden encontrar pinturas del XV decorando los portales laterales.

Bajé la calle de Sant Francesc hasta desembocar en la plaza homónima, que está presidida por la Iglesia dedicada a este santo, también de la primera mitad del siglo XIII. Pero entre tanta iglesia de obra cristiana, en una callejuela estrecha -calle de Can Serra- existe un reducto de arquitectura musulmana: los baños árabes.

El Palacio Real de la Almudaina

El Palacio Real de la Almudaina

Construidos entre los siglos X y XII, sólo se conservan un par de salas de la construcción original pero vale la pena asomarse a verlo.

Y bajando por la calle Portella me encontré con la muralla romana y renacentista que da a la bahía de Palma y protegía la ciudad de los invasores procedentes del mar. Desde allí contemplé el Parc de La Mar donde un chorro propulsado de agua se elevaba varios metros sobre el lago artificial, justo frente a la Catedral de Palma.

La Seu -como se la conoce en mallorquín- lleva erigida como símbolo de la ciudad desde mediados del siglo XIV, cuando fue consagrada por el rey Jaume III. Su construcción, de estilo gótico, fue comenzada en 1229 y no se completaría de forma definitiva hasta el año 1601.

El Sol lucía alto y la fachada lateral de La Seu resplandecía como si los siglos no pasaran por sus grandes bloques de piedra.  Rodeándola pude admirar el rosetón principal que es reconocido como el de mayor tamaño en las construcciones góticas originales de las catedrales de toda Europa.

La fachada de la Lonja

La fachada de la Lonja

Los bonitos arcos del interior de la Lonja

Los bonitos arcos del interior de la Lonja

Frente a las murallas un guitarrista de pelo largo y lacio tocaba un repertorio excepcional de música clásica. Algunos turistas estaban sentados frente a él, embelesados, mientras sus miradas se paseaban de La Seu al Palacio Real de la Almudaina.

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El Palacio Real -un imponente alcázar- es la residencia oficial de Verano de los Reyes de España. Ellos habitan en el de Marivent, pero realizan recepciones y ceremonias varias en La Almudaina. La edificación actual fue construida sobre una torre romana, transformada más tarde en alcázar por los musulmanes.

Puedes pasar una mañana entera visitando el interior de estos dos monumentos gemelos que parecen vigilar la bahía de Palma más para dar la bienvenida al visitante que para salvaguardarla de amenazas. Tal es su belleza arquitectónica.

Desde lo alto de las murallas contemplé el puerto deportivo de la ciudad, donde grandes yates y otras embarcaciones de recreo de menor calado eran mecidas por unas mansas ondas mediterráneas.  Decidí bajar a visitarlo una vez hubiera comido algo en uno de los muchos restaurantes que jalonan las callejuelas del casco histórico.

Puerto de Mallorca desde el castillo de Bellver

Puerto de Mallorca desde el castillo de Bellver

Aún estaba a tiempo de visitar el famoso Castillo de Bellver.

Recorrí el paseo del puerto realizando una breve parada en la famosa Lonja de Mallorca. Construida entre 1420 y 1452 por Guillem Sagrera, sería el ejemplo a seguir para la construcción de la famosa Lonja de Valencia unos años más tarde. Sus tres naves se sostienen gracias a seis columnas helicoidales sin capitel. Los grandes ventanales de la fachada permitían que entrara la luz necesaria para sacar unas buenas fotos.

Seguí caminando, dejando el puerto a mi izquierda, por la zona de hoteles de cierto estatus hasta que llegué a la calle de Camilo José Cela. Aquí comienza un corto y bonito ascenso al Castillo de Bellver.

El castillo de Bellver

El castillo de Bellver

Os aconsejo subir por las sendas que aparecen a vuestra izquierda. Cruza una pequeña, pero bonita, zona verde y os evitáis las múltiples curvas que tiene la carretera por la que asciende el autobús.

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Elevado sobre una colina de algo más de 100 metros de altura, el Castillo de Bellver es otra de las joyas del gótico de esta ciudad monumental. Desde sus murallas se tiene una vista impresionante de Palma, el Puerto y la sierra de Tramontana. Y es que éso es lo que significa su nombre en catalán antiguo (Bell Veer): Bella Vista.

El atardecer me sorprendió allí, en lo más alto, imaginando que tenía en mi poder una máquina del tiempo que me ofrecía una visión de Palma en su esplendor medieval. Me habría gustado que mi sueño se convirtiera en realidad y poder vivir, aunque sólo fuera por un momento, toda la magia de una ciudad que hoy en día sigue conservando un aura especial.

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3 Comentarios
  1. palmalotiene 28 noviembre 2014
  2. David 28 noviembre 2014
  3. pep 14 abril 2016

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