Visita a Trieste en un día

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Tuve que echarle un vistazo a la historia de Trieste antes de poner mis pies en esta localidad al norte de Italia. Esta ciudad fronteriza con Eslovenia y tan cercana a Austria, ha visto unas cuantas banderas decorando sus monumentos más emblemáticos. Las calles de Trieste han sido romanas, bizantinas, francas y venecianas pero sobre todo austríacas a razón de pertenecer al imperio austro-húngaro desde el siglo XIV hasta el 1914 con la caída del imperio y el fin de la Primera Guerra Mundial. La historia de Trieste, como muchas otras ciudades fronterizas, ha recibido influencias continuas y lo cuentan su castillo, sus ruinas romanas, su catedral y la plaza más extensa de Europa con vistas al mar.

Mis últimas visitas a Italia las había realizado en Cerdeña y Sicilia y no me extrañó nada el contraste que ofrecían las calles de Trieste en comparación con las recientes Catania o Cagliari que había visitado. Lo más curioso de todo es que esa misma noche íbamos a conmemorar en la piazza de l’unità d’Italia de Trieste los 150 años de la unificación de Italia por todo lo alto en una ciudad con toques más refinados al estilo vienés que al divertido caos que a uno le viene a la mente cuando piensa en Roma, Nápoles o Siracusa.

Mi visita a Trieste se debía a la inauguración del Crucero Costa Favolosa. Durante la noche tuve el placer de estrenar camarote y por la mañana desayuné en el barco y me dispuse a visitar la ciudad de Trieste.

Andaba provisto con un mapa y desde el piso undécimo del barco pude observar que Trieste mira al mar y se encarama sobre un pequeño monte. A primera vista, el centro de la ciudad parecía fácil de abarcar.

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Vistas al crucero desde el castillo de San Giusto

Al salir del muelle me sorprendió ver que el crucero había amarrado justo enfrente de la plaza principal del pueblo. Parecía mentira que un gigante como el Costa Favolosa con sus 11 plantas pudiera estacionar tan fácilmente en un puerto que aparentemente no parecía tan elaborado.

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La visita a Trieste puede hacerse a pie y con un día tenéis suficiente para haceros una idea de la ciudad y visitar sus lugares más emblemáticos. A su vez, la ciudad también tiene un autobús turístico. Los billetes salen por 5,20 euros y podéis cogerlo en la piazza Libertà.

Yo usé el método tradicional de las piernas y, aunque existen unas cuantas rampas, es una agradable ciudad con múltiples terrazas para tomar un café y reposar durante la visita. Y es que tomar un café en Trieste es tarea obligada. Los establecimientos todavía respiran ese estilo delicado que recuerda a Viena y a su histórico pasado austrohungaro. Además el café es made in Italy así que la calidad está asegurada.

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Piazza de l'Unità d'Italia en Trieste

Inicié mi visita por Trieste paseando por la piazza Unità d’Italia. Una bella y ancha plaza con palacios monumentales levantados durante el siglo XIX. Curiosamente, se trata de la plaza europea más extensa con vistas directas al mar. Únicamente una carretera, sin edificios de por medio, separa el mar adriático de la misma plaza.

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Canal Grande en Trieste

Mi siguiente destino en Trieste me llevó al canal Grande y a la piazza San Antonio Nuovo. Se trata de un canal de estilo veneciano muy fotogénico con la plaza y un templo serbio ortodoxo al fondo. Alrededor del canal veréis multitud de restaurantes y terrazas donde descansar. Al llegar al primer puente me encontré con una estatua dedicada a James Joyce. No en vano el escritor irlandés habitó en la ciudad durante unos años en Trieste.

Los pasos me guiaron hasta el teatro romano de la ciudad. Se encuentra muy céntrico a pocas calles de la piazza Unità d’Italia bajo la latera del monte de San Giusto. Sus muros se levantaron entre el año 33 y el 32 a. C. bajo el poder del emperador Octavio. Hoy en día, el teatro de la antigua Tergeste ofrece una estampa al pasado pero su estado actual en cierto deterioro no me ayudó mucho a la inspiración.

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El teatro romano de Trieste

Seguí las callejuelas que se encaraman por el monte de San Giusto en dirección al castillo y catedral que se levantan a lo alto. Calles empedradas y escalinatas calientan tus gemelos mientras vas cubriendo la distancia y lo celebras mirando atrás y contemplando el mar adriático y los palacios de la piazza Unità d’Italia.

El monte San Giusto vendría a ser una pequeña meseta en cuya superficie se levanta el castillo y la catedral de la ciudad.

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Castillo de San Giusto desde la Catedral

Una plaza de arena separa ambos monumentos y me decidí a visitar primero el castillo de San Giusto. La entrada creo recordar que salía por 3 euros y viene con una audioguía en diferentes idiomas. Los primeros muros del castillo se levantaron durante el siglo XV a lo alto del monte de San Giusto donde en esa época se encontraba el centro de la ciudad medieval. Existe una amplia plaza en el interior y un bastión donde pasear. Lo mejor del castillo son las vistas que se gozan sobre Trieste, el mar adriático y -en ese día en concreto- al gigante crucero Costa Favolosa frente a frente con la plaza principal de la ciudad.

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La catedral de Trieste desde el Castillo

Tras la visita al castillo me dirigí a la catedral de San Giusto. Escasos metros separan ambas construcciones a lo alto del mismo monte. La catedral se construyó en el siglo XIV sobre antiguas edificaciones románicas y lo más sobresaliente que descubrí en su interior fue los preciosos mosaicos en el ábside con Nuestra Señora de la Anunciación y San Justo.

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En la misma entrada a la catedral también ofrecen la posibilidad de visitar la torre campanario. Creo que pagué un euro y el señor me indicó que no hiciera sonar las campanas. Le pregunté si los turistas acostumbraban a hacer semejante cosa y me comentó que los niños se comportaban y la mayoría de turistas que no podían detener sus ansias de darle a las campanas eran señoras bien entradas en su madurez. En fin… subí al campanario y nuevamente disfruté de preciosas vistas a la ciudad de Trieste, al crucero que me esperaba a la vuelta y al mar mediterráneo.

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Interior de la catedral de San Giusto

Trieste ofrece otros lugares interesantes para visitar a los que no pude acudir por falta de tiempo. Entre ellos destaca el barrio judío de Trieste y el castillo de Miramare, un castillo blanco que se levanta sobre un peñasco ante el mar.

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Una respuesta
  1. Pj 13 julio 2011