Visita a San Andrés en Colombia

Las bonitas playas de San Andrés sigue siendo un atractivo importante de Colombia

Las bonitas playas de San Andrés sigue siendo un atractivo importante de Colombia

Alex nos escribe otras de sus crónicas desde su “exilio” sudamericano. Ya convertido en uno más de la familia, nos va enseñando pedacitos de su Colombia de adopción y otras partes del Mundo.

Mucho se habla de San Andrés estos dias en Colombia. Aprovechando la ocasión decidí visitar el llamado “mar de los siete colores” colombiano.

Las islas San Andrés y Providencia son las principales del archipiélago homónimo situado frente a las costas atlánticas nicaragüenses. Yo decidí pasar los 3 únicos dias que tenía para el viaje en San Andrés, isla de 9 km de largo y un máximo de 3 de ancho cuya principal localidad es, dando nombre a la isla, San Andrés y un poco más al sur está San Luís, población mucho más pequeña pero donde se ubican varios resorts junto a pequeñas playas de gran belleza.

Los isleños colombianos me parecieron gente muy amable, tranquila y alegre. Es evidente que la infraestructura de la isla no es lo más desarrollado, pero eso no es impedimento para que la opinión unánime de la gente que la visita diga que es un lugar maravilloso.

Me hospedé en el hostel Blue Almond, propiedad de un isleño de 28 años que había vivido en Valencia y conocía muy bien la vida española. Juan me trató fenomenal y la estancia fue muy divertida con él. La primera noche que pasé en la isla se celebraba las velitas. Familias y amigos se reúnen a cenar y encienden velas pidiendo los mejores deseos para el año que entra. Lo celebramos en una de las playas de San Luís bailando y disfrutando con unas cuantas familias que me trataron como a uno más.

La mañana del sábado la dediqué al buceo. Hay decenas de puntos espléndidos para disfrutar del buceo en estas aguas caribeñas. Yo fuí al Blue Wall y a Pirámides. Dos buceos muy diferentes uno de otro: el primero sirve para admirar una buena pared de 30 metros con un corredor estrecho que desemboca en el Blue Hole. El segundo buceo es mucho más recreativo y lo característico es la multitud de mantas raya que se ven.

Buceando en el Blue Wall

Buceando en el Blue Wall

Es visita imprescindible el Johnny Cay. Un islote frente a la isla al cual se accede en lancha antes de las 14:00 de la tarde por 20.000 pesos (i/v, para extranjeros). La entrada al islote cuesta 4.000 pesos (para todo el mundo). Hay restaurantes donde se puede comer un pescado muy sabroso, frente a las azules aguas y blanca arena, mientras te relajas observando el paisaje. A las 15:30 comienzan los viajes de regreso a la isla.

De regreso al hostal, conocí a Estefan, un alemán que acababa de llegar y que se quedaba 6 meses en la isla para perfeccionar su español y practicar el kite surf. Los vientos en la isla hacen de ella un destino muy conocido para los practicantes de este deporte.

Estefan había estado 6 semanas también en Fuerteventura y le pregunté si había conocido a mi amigo Pedrito, pero no hubo suerte. Imaginaos que una vez me encontré en Los Roques a un tipo que conocía mi hermano y un amigo suyo. Este mundo es pequeño.

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Nos fuimos a cenar, y Juan nos llamó para ir a tomar unas copas al Bansai, un local pequeño y lleno de marcha. No me acosté muy tarde porque al día siguiente madrugaba para recorrer la isla en bicicleta.

Se trata de una travesía de menos de 20 km por una carretera llana y en la que se puede disfrutar de buenas vistas. A mí, personalmente, me gustó mucho más la costa occidental de la isla. Puedes pararte en diferentes puntos: la cueva de Morgan, la piscinita, el hoyo soplador, Punta Sur, La laguna, la Torre de la Iglesia Bautista en la Loma…Y por supuesto, dejar la bicicleta al lado de la carretera y darte un baño en aguas color turquesa y tomar el sol caribeño. Pura relajación.

Las mantas rayas se encuentran en gran número cerca de la isla

Las mantas rayas se encuentran en gran número cerca de la isla

La tarde del Domingo la dediqué a recorrer el pueblo y la compra de ron. San Andrés es puerto libre y determinados productos están realmente baratos. Además, te permiten llevar hasta 5 litros de alcohol como equipaje de mano (para vuelos domésticos). No llegué a los 5 litros, pero descubrí unas botellas que, a un enamorado del ron como yo, le gusta tener en su colección.

Era época navideña y, para un europeo, no deja de llamar la atención estar a 30 grados de temperatura y ver como colocan el Belén, el árbol de navidad y todo tipo de decoración navideña. El pueblo está engalanado para estas fiestas y se ve bonito pese a que, como he dicho antes, la sensación general es de algo de abandono.

Finalmente, compartiendo el taxi con un par de empleados de una aerolínea, comencé el regreso a la fría Bogotá, donde espero con ansia el próximo viaje.

2 Comentarios
  1. Gus Pérez E. 3 febrero 2013
  2. Alex 4 marzo 2013

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