Visita a Rangún

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Tomamos nuestro vuelo de Air Asia a las 4 de la tarde del día 2 de Marzo en Bangkok para dejar atrás una civilización cada vez más cercana a la occidental y adentrarnos en un mundo totalmente diferente.

Rangún es una ciudad llena de vida. Aunque ya no figura como la capital del país, aún sigue siendo el centro neurálgico de Burma. Es increíble que en pleno siglo XXI aún existan cabestros que vayan cambiando la capital de un país por comentarios de astrólogos. Otra de las grandezas de los dirigentes de este país.

Saliendo del aeropuerto nos juntamos con dos hermanas Suizas -Caroline y Rachel-, Rob y John -británico y americano que se conocieron viajando y decidieron seguir camino juntos por un tiempo- y Cal un americano de padres hindúes. Acabamos compartiendo un dormitorio con el inglés y los americanos y nos fuimos todos a cenar.

La zona de la Ciudad Vieja es digna de recorrer durante el día porque parece que muere con el Sol. Anduvimos por calles desiertas, apenas iluminadas, en busca de un restaurante para cenar. Marie, una canadiense de 55 años, se adherió al grupo y nos tuvo a todos pendientes de su historia de amor de la que ha llegado a publicar un libro. A pesar de la oscuridad reinante, en ningún momento sentimos inseguridad.

Por el día nos zambullimos en las coloridas calles del casco viejo. Puestos de comida, verduras, frutas, películas truchas, ropas, tiendas de electrodomésticos, restaurantes de todo tipo…El centro de Rangún ebulle al calor de unas temperaturas infernales.

El mercado New Bogyoke es el lugar adecuado para quien quiera comprar bisutería o joyas -aunque advierten que tienes que ser un gran experto para que no te den gato por liebre-, ropas, tejidos, pinturas, trabajos en madera o souvenirs. Además es el mejor lugar para cambiar moneda pero id con mucho cuidado (como ya comenté en el artículo sobre dinero en Myanmar).

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Alojamiento en Rangún

Tras recorrernos los puestos y el mercado nos fuimos al que se considera uno de los monumentos -sino el más- más sagrados del Budismo en el Mundo: la Shwedagon Pagoda, Su inmensa cúpula de oro macizo se divisa desde casi todos los puntos de la ciudad -y también cuando estás aterrizando- y es lugar de culto para todos los budistas. La entrada al recinto -que tienen decenas de edificios- cuesta 5 dólares.

El calor era sofocante y tras la pagoda nos fuimos a comer con John y Rob a un bareto justo enfrente. Rob tenía guardado para nosotros anécdotas del tipo de ir a experimentos médicosen el Reino Unido para conseguir dinero para sus viajes. Impresionantes las historias de este gran chaval de 19 años.

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Atravesando el barrio hindú me invitaron a jugar a un juego mezcla del billar y las canicas. En un tablero de madera, de forma cuadrada, hay 8 agujeros- 4 en las esquinas y 4 en el centro de cada lado- en los que tienes que ir metiendo las fichas redondas que pueblan el tablero. Tu tienes tu ficha -a modo de bola blanca del billar americano- y puedes moverla a lo largo de una línea en tu lado del tablero. Tienes que pegarle con el dedo, que impacte en las otras fichas y las meta en los agujeros. Se llama caster…y más tarde lo vi jugar en muchísimas callles de Burma.

Hay mucha gente que te dice que tanto Rangún como Mandalay son lugares de los que debes salir tan pronto como puedas porque no hay nada para ver, hace un calor infernal y son bastante caóticos. En lo segundo y lo tercero coincido pero lo de caótico me parece una cosa positiva. Yo creo que depende un poco del tipo de turismo que te guste hacer. Si estás buscando monumentos preciosos, calles bonitas y arregladas, buenas tiendas y demás, pues esta ciudad no te va a gustar nada de nada. Pero si eres de los que cuando va a un sitio le gusta encontrar cosas muy distintas del lugar del que procede, si te gusta observar a la gente en su día a día – tan distinto del nuestro- y disfrutas con los lugares en los que olores, colores y sonidos se entremezclan para crear impresiones sensitivas de gran fuerza. Entonces Rangún te va a encantar.

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No olvidéis nunca que en todo el país su gente es un activo casi impagable. Los burmeses son gentes muy buenas.

Aunque nosotros no llegamos a hacerlo por falta de tiempo, varias personas del hostal nos recomendaron hacer un circuito circular en tren saliendo de la estación de ferrocarril de Rangún que está en el centro. El tren está durante unas dos horas y media recorriendo barrios periféricos y ciudades satélite de Rangún. No os encontraréis prácticamente a ningún turista y los locales os asaltarán a preguntas para practicar su inglés y conocer cosas del exterior. Creo que es una experiencia inmejorable para quien quiera mezclarse con las gentes del país. El precio es de 2 dólares y se paga al llegar a la estación (no estoy seguro si sale del andén 7 o el 6).

Para salir de la ciudad encontramos la primera pega que se convertiría en factor común de todas las ciudades que visitamos en este país: la estación de autobuses está bastante alejada de la ciudad. Otra de las artimañas gubernamentales para limitar la movilidad de sus ciudadanos.

Nos fuimos camino de Mandalay con un buen sabor de boca. No hay nada como que te adviertan en contra de una ciudad para llevarte una sorpresa agradable.

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9 Comentarios
  1. Avistu 4 abril 2011
  2. David 5 abril 2011
  3. Ferran 6 abril 2011
  4. David Escribano 6 abril 2011
  5. Fernando Almenara 9 abril 2011
  6. Fernando Almenara 9 abril 2011
  7. Fernando Alm 9 abril 2011
  8. marc 17 abril 2011
  9. Kaikoura 17 noviembre 2011