Visita a la ciudad de Alepo


En aproximadamente una hora y media llegamos desde Hama a la ciudad de Alepo en el norte de Siria. El trayecto fue mucho más amable y rápido que la odisea que vivimos desde Damasco al castillo de Crac des Chevaliers y al llegar a Alepo nos encontramos con la espectacular ciudadela ante nosotros casi por sorpresa.

Decidimos dejar las mochilas en el coche y para aprovechar el día nos dedicamos a visitar la ciudad. Ya tendríamos tiempo más adelante para buscar un hotel.

Alepo -y el norte de Siria por extensión- es una ciudad bastante conservadora. Se ve mucha burka y conviene vestirse adecuadamente cuando se visita la ciudad. El centro histórico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y no es para menos.

Ciudadela
Iniciamos la visita a través de la fascinante ciudadela que protege la ciudad. Se encuentra a lo alto de una colina y justo en frente de la ciudad antigua. La veréis con facilidad desde todos los ángulos de la ciudad. La ciudadela fue construida a mediados del tercer milenio a.C. pero las partes que hoy en día se convervan -y de manera impecable en muchas zonas- fecha del siglo XIII. La entrada para visitar el lugar sale por 150 libras sirias. Como en muchos de los lugares turísticos en Siria o por el Próximo Oriente, no os encontraréis letreros con explicaciones de cada lugar. Lo interesante en la ciudadela es pasear por su interior, disfrutar de las espectaculares vistas al horizonte y a la ciudad desde sus altas murallas. Existe un café en la parte de arriba con precios no demasiados exagerados, así que es ideal parar un rato, sentarse y disfrutar de un buen té con preciosas vistas a la que según mi opinión es la ciudad más bonita de toda Siria.

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Zoco
Desde la misma ciudadela podréis ver el entramado zoco que recorre las calles históricas de Alepo. Existen zonas cubiertas y otras al descubierto. Entrar en él es como sumergirse en plena Edad Media. Parece en el zoco de Alepo que el tiempo no hubiera pasado. Veréis las mujeres en burka llevar fardos sobre sus cabezas, niños trabajando de lo lindo llevando mercancía de un lugar a otro. Vendedores exponiendo mil y un artículos. Lo mejor es dejarse llevar y disfrutar del espectáculo humano que parece nunca acabarse.


Mezquita Omeya
Esta mezquita fue construida también por los Omeyas al igual que su hermana en Damasco. Las dos son de la misma época -siglo VII- y ambas son muy parecidas en su construcción. Los turistas pueden entran en ella sin problemas y disfrutar del arte que en ella alberga y de su extensa plaza interior con niños correteando. En el interior de la mezquita se encuentran los restos del profeta Zacarías. En la sala de oraciones vimos a unos cuantos leyendo textos religiosos y a un profesor aleccionando a sus alumnos a cómo recitar el Corán correctamente. Uno se sienta reposando la espalda sobre una columna del siglo VIII y disfruta relajadamente del espectáculo. No hace falta la tele ni internet en Siria…

Dormimos en la parte nueva de la ciudad. Se encuentra a unos 10 minutos al oeste del centro. Se trataba de un hotel de clase media llamado Emar y se encuentra en la calle Bustan Kol Ab. Por esta zona encontraréis la mayoría de hoteles y hostales baratos y no tan baratos de la ciudad. La triple nos salió por 45 dólares y el lugar está más que decente.

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Para cenar escogimos un buen restaurante. Tras las horas en coche que habíamos pegado decidimos hacernos un buen atracón. Nos subimos a un taxista medio loco a quien le enseñamos la palabra “tunear” en español tras observar el circo en marcha que había montado en el interior de su coche y nos llevó al Bazar al Charq. Un espléndido restaurante, precioso y con buena comida. Con entrantes y platos principales nos subió a una media de seis euros por persona y disfrutamos de una buena shisha para terminar el día.

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Una respuesta
  1. Roberto 5 enero 2010