Viendo un River vs Boca en Mendoza

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Camino del gran Estadio mundialista Malvinas Argentinas de Mendoza -con capacidad para más de 42 mil espectadores y sede mundialista en Argentina’78- Pablo se reía cuando le comentaba la rivalidad que existía en España cuando se enfrentaban Barcelona y Real Madrid. Él hacía un gesto despreciativo con la mano y decía con su acento boludo -como lo llamo yo cariñosamente- ¡Chéee galleeego, dejá de jodeeer!. Tú no sabés lo que es un River-Boca, ¡boluuudo!. Pues estaba en lo cierto: no lo sabía.

Os pongo en situación. Mi gran amigo Pablo me había conseguido un par de entradas -a 4 euros en la famosa grada popular– para que fuéramos juntos a ver el clásico del verano mendocino. Los dos mejores equipos de Argentina, los de mayor historia y tradición -tanto futbolística como de rivalidad- se enfrentaban en un partido amistoso en pleno verano, a mitad de camino entre torneo de Apertura y Clausura. ¿Amistoso?: esta palabra no existe -ni para aficionados ni para los jugadores- cuando estos dos equipos se enfrentan, ya sea en la Libertadores, el campeonato argentino, un torneo de verano o un partido en un barrio perdido de la ciudad más remota del país. Y te das cuenta de ésto en cuanto te aproximas al estadio. Un fuerte dispositivo policial, incluyendo efectivos a caballo, vigilaba todos los accesos a las calles adyacentes que se iban llenando de hinchas de ambos equipos entonando los diferentes y variados cánticos por la que los argentinos son tan famosos. Hay que reconocerlo: en materia de montar follón y sacar cánticos originales con los que partirte la caja y encender a los jugadores, los argentinos no tienen rival; los españoles quedamos como unos pringados a su lado.

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Antes de entrar al estadio hicimos cola para conseguir meternos entre pecho y espalda el famoso choripán: una especie de bocata de chorizo enorme que tardarás horas y horas en digerir. Ideal para pasar una noche en vela, pero ¿qué más daba?. Otra cosa, nunca preguntes de qué está hecho ese chorizo: yo lo hice y no conseguí una respuesta más allá del ¡Venga galleeego, dejá de joder y coméeelo!.

Pablo -quien piensa que Maradona es Dios pero es fervoroso hincha de River- había comprado localidades en la popular de River. El estadio presentaba un aspecto espectacular con un lleno hasta la bandera y gallinas -hinchas de River- y bosteros -de Boca- nos regalamos cánticos y botes sin descanso durante los más de 90 minutos que duró el partido. Cuando el árbitro pitó el final, el marcador reflejaba 3-1 a favor de River y mi camiseta un empapamiento de rico sudor.

Fuimos caminando a casa y yo aún estaba eufórico por el espectáculo vivido. Me acosté con el choripán dando aún su vuelta número 20 a mi estómago -de las 200 y pico que daría aquella noche- y un cántico resonando en mi cabeza: el que cantamos a los bosteros cuando ya estaban vencidos… Despasitooo, despasitooo, despasitooooooo… les rompimooooosss… el culitoooooo.

¡Gracias Pablo!.

Viendo un River vs Boca en Mendoza
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5 Comentarios
  1. mariote 19 noviembre 2008
  2. Andrés 20 enero 2009
  3. Anonymous 26 enero 2009
  4. Maria Laura 10 agosto 2009
  5. David 11 agosto 2009