La vida en el lago de Innle Lake

Casas en el lago de Innle

Tras admirar los bellos templos budistas de la única Bagan pusimos rumbo a la atmósfera mucho más fresca de Innle Lake.

En un principio nos tiraba un poco para atrás el cartel de pueblo turístico que tenía el lugar pero, finalmente, acertamos yendo (nota de autor: mientras escribo ésto suena Julio Iglesias en la radio del hostal de Cameron Highlands -Malasia- donde estoy. Estoy flipando con Julito).

En Myanmar el término “turístico” no tiene el mismo significado que en Tailandia o Laos (excepto en Bagan). Aquí puedes encontrar algo más de gente pero sin sentirte agobiado.

El principal atractivo de Innle es su inmenso lago que se divisa desde cualquier colina de alrededor. El que piense que está todo rodeado de un verdor tipo Bariloche está muy equivocado. Las colinas que rodean el lago están bastante peladas debido a la tala y la agricultura. Aun así, la verdadera belleza del lago radica en la gente que lo puebla.

A modo de pequeñas Venecias, varios pueblos se extienden sobre la superficie del lago. La mejor forma de conocerlos es coger uno de los tours en barca que ofrecen las agencias, hostales o particulares.

Después de oir lo que hizo la gente, creo que nuestra opción fue la mejor. Contratamos los servicios de un barquero que paseaba por el pueblo y lo pasamos en grande. Sólo nos costó 14.000K por la barca entera -éramos 7 pasajeros- y nos dio la libertad de ir eligiendo dónde ir.

Es importante que le digáis lo que os interesa porque si no puedes acabar haciendo una especie de tour comercial en el que no paras de visitar tiendas de una cosa y de otra. Además hay mercadillos en los pueblos de los márgenes del lago. Son itinerantes, así que informaros cuál es el más interesante y qué dían lo ponen para organizaros.

Nos encontramos con nuestro guía a las 8.30 am y nos llevó al embarcadero del lago. Al poco estábamos surcando las aguas de un lago que no pensábamos fuera tan grande. Una hora más tarde hacíamos nuestra primera parada: un pueblito donde había mercado.

Fue casi lo mejor de todo el tour. El pueblo era auténtico, como sacado de una película antigua sobre Camboya o Laos -no he visto ninguna sobre Burma, por eso no puedo decir- con la gente trabajando en sus campos, animales de granja y casas de bambú o madera. Se respiraba una gran tranquilidad y la gente nos saludaba al pasar, todos cargados con sus utensilios de labranza, conduciendo carros con bueyes o cargando viandas al hombro.

Caminando unos 10 minutos llegamos al lugar del mercado. ¡Contraste total!. La tranquilidad de la aldea acababa en el puente que cruzaba al mercado. Puestos de frutas, verduras, carne, frutos secos, cosas para la casa, juguetes, comida caliente, desayunos, incluso juegos de apuestas rebosaban de vida y gente a partes iguales. Todo el mundo compraba de todo. No había ni un solo puesto vacío.

Nos quedamos una hora vagabundeando y observando a las gentes que, a su vez, nos observaban a nosotros. Tan sólo otros 7 u 8 turistas de otros tours campaban por allí.

Regresamos a nuestra barca y pusimos rumbo a la parte más comercial de nuestro día pero antes pasamos por uno de los pueblos construidos sobre el agua. Es increíble ver las casas de madera con carteles de “Escuela” o “Biblioteca” y la gente desplazándose en barcas esqueléticas de remos. Algunas las conducían y ocupaban sólo niños que iban a jugar a casa de sus amigos. Tenían incluso sus propios campos de cultivo…¡Sobre el agua!. Pequeños tomates eran plantados sobre plataformas flotantes.

Los canales entre las casas llegaban a estrecharse lo indecible y nuestro capitán demostró tener una pericia magnífica a la hora de meterse por ellos sin quedarse encallado.

Al poco llegamos a una fábrica de tejidos. Usaban la fibra de la flor de loto, algodón y seda para crear bufandas, faldas y todo tipo de prendas. Había gente trabajando en ese momento y era todo manual. Un trabajazo de aupa.

Tras la visita de rigor a la tienda, comimos y pusimos rumbo a una platería que decidimos esquivar justo cuando llegamos. Sí que entramos en la fábrica de los famosos cigarros de Innle Lake. Nos hicieron una demostración in situ del proceso de elaboración pero a la hora de vendernos algo tuvieron mala suerte: ¡un grupo de 7 turistas en el que ninguno es fumador!. Igualmente fue muy curioso de ver.

La fábrica de papel también resultó entretenida y pudimos ver cómo elaboran los bonitos paraguas de papel que suelen hacer las delicias de los turistas con ánimo comprador.

Después de estas rápidas visitas a las fábricas -no os preocupéis si no compráis nada porque apenas te dan la lata para ello- le dijimos a nuestro guía que nos gustaría ver otro pueblo del lago. Nos llevó y disfrutamos de un paseo silencioso y parsimonioso por aquellos canales en la que la vida transcurre a otro ritmo totalmente distinto. La gente fumaba en los escalones de sus casas, las barcas pasaban silenciosas a golpe de remo con el pie (lo hacen de una forma extrañísima) y todo ello sin ser una representación típica de lugar turístico.

Era su día a día, sólo el teatro de la vida y no un Parque Disney.

Todos nos mirábamos y señalábamos esto o aquello, admirando la naturalidad de lo que nos rodeaba.

Las nubes anunciaban un atardecer lluvioso y pusimos rumbo al embarcadero. Nuestra pequeña barca a motor alcanzaba una velocidad bastante considerable y el viento azotaba nuestro rostro. El final perfecto a un tour perfecto. De los mejores que he hecho en este viaje.

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