Viaje a Trieste

piazzaUnitaNuestra escapada de una semana por Istria comenzó por Trieste, ciudad al noreste de Italia con poco más de 200 mil habitantes y fronteriza con Eslovenia. Elegimos este destino por su proximidad geográfica con la región croata de Istria, el chollo del billete a su aeropuerto y los comentarios de algunos amigos que afirmaban que la ciudad era cálida y perfecta para pasearse un día por sus atracciones turísticas a orillas del Adriático.

Llegamos al aeropuerto a eso de las 3.30 media de la tarde bajo una lluvia torrencial que duraría hasta la medianoche, con lo cual esa noche nos limitamos a bajar a cenar al restaurante más cercano que pudimos y acostarnos pronto. Comienzo monacal.

La mañana siguiente amaneció medianamente soleada y salimos a ver la ciudad. El centro de Trieste es más bien pequeño y se puede recorrer sin problemas dando un plácido paseo. Nuestro hotel estaba muy cerca del pequeño canal de la ciudad y tras caminar unos minutos nos encontramos con el anfiteatro romano. Es de pequeñas dimensiones y no se encuentra en un gran estado de conservación por lo que no merece la pena detenerse demasiado tiempo.

La bonita Piazza Unita D’Italia se encuentra a pocos metros del anfiteatro y sus edificios neoclásicos dan una idea de la grandeza de la que la ciudad disfrutó en otros tiempos. Aquella mañana tuvimos suerte y la piazza estaba atestada de gente que contemplaba maravillada los numerosos bólidos de los años 1920-1960 cuyos dueños exponían tras haber participado en una carrera de coches de época. Vimos Ferraris, Porsches e incluso un Cadillac, pero nos faltó el Seat Panda. Sin clase estos italianos.

Subiendo las cuestas que salen del anfiteatro se llega al castillo medieval de San Giusto, que se erige sobre la ciudad y está acompañado, en el mismo complejo, por la catedral y el antiguo Foro Romano, centro neurálgico de la ciudad en tiempos del Imperio. La entrada al castillo sale por unos 5 euros pero quizás lo mejor sean las vistas de las que se disfruta.

El otro castillo de la ciudad es el de Miramare. Éste sí está alejado del centro y es aconsejable coger el bus número 36 que te dejará a unos 15 minutos del mismo. El paseo desde la parada es agradable porque lo haces justo al lado del mar. Miramare fue construido por voluntad de Maximiliano de Augsburgo – hermano menor del emperador de Austria Francisco José- y su situación sobre el mar resalta su belleza. Además posee unos jardines de tamaño considerable donde puedes perderte y descubrir especies vegetales de los cuatro continentes, cisnes, algunas esculturas e incluso una cafetería.

Casi anochecía ya cuando el 36 nos devolvía a la estación de buses de la ciudad, así que pasamos de visitar las diferentes iglesias que nos señalaba el mapa que habíamos cogido enla oficina de turismo del aeropuerto. Para los que gusten de este tipo de turismo, pueden visitar la greco-ortodoxa de San Nicolo, la evangélica de Largo Panfili y el la sinagoga judía que cuenta entre las más importantes de Europa.

Después de todo el Domingo pateando, el Lunes lo tomamos muy tranquilo hasta que nos montamos en el bus que nos llevaría a Croacia. Trieste merece un día de visita si te pilla de paso pero no lo aconsejo como destino en el que quedarte más de ésto.

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