Viaje a Perú: empieza el viaje… sin mochila


Veinte horas de vuelo hay que tomarlas con filosofía. Conviene incluso despertarse con una ligera resaca y haber dormido más bien poco para hacer el día más llevadero.

A las nueve de la mañana partí de Barcelona con Iberia con destino a Caracas. Después un vuelo con LAN me dejaría finalmente en Lima.

En ningún lado figuraba que el avión estacionaría en Madrid. Era obvio, no obstante que así sería, y en la capital cambiamos de avión con cierto retraso.

Alivia encontrar todavía zonas de fumadores a lo largo de las terminales en Madrid, especialmente para este tipo de vuelos que te encierran en terminales y aviones durante un día entero.

Subimos a un Airbus 340 y probablemente los servicios de Iberia se traten de los más austeros que he visto en un vuelo transoceánico. Una tele en medio del pasillo que solamente puede verse con ojos de chino y doblando el cuello y una comida escasa y sosa. La próxima vez, ante la duda, cambiaré la escala de Madrid por París o Londres para volver a la comodidad de British u otros compañías europeas.

En Caracas todos los que teníamos que tomar el vuelo de LAN a Lima nos separaron y nos advirtieron que las maletas probablemente no tendrían tiempo a cargarse en el nuevo avión. Tardaríamos más de dos horas en partir por lo que nos extrañó a todos bastante. Por lo visto en Caracas realizan sus propias medidas de seguridad en todas las maletas que hacen tránsito y conversando con otros pasajeros descubrí que el aeropuerto de Caracas es una de las peroes pesadillas para una maleta.

En esas situaciones empiezas a entablar conversación con los demás pasajeros. Unes la impotencia con algunas gotas de buen humor y se crea una pequeña familia en una casa extraña e incómoda. Una chica peruana tenía sus exámenes finales de derecho y llevaba todos sus libros en la maleta. Un par de madrileñas tenían un vuelo esperándolas hacia Puno por la mañana en Lima y obviamente lo llevaban crudo si querían llevarse todo lo que traían en sus mochilas, incluyendo sus pastillitas para evitar la malaria.

Ocurrió lo esperado. En Lima las maletas no llegaron y empezamos con las reclamaciones. La supervisora de LAN actuaba de tal manera que parecía ser la película de todos los días en el aeropuerto de Lima.

¿La compensación? 70 dólares si las maletas no llegaban en 24 horas y si no llegaban al cabo de 15 días se daban por perdidas y se ofrecían 25 dólares por kilo. Una compensación absurda pensando que mi saco de montaña pesa poco menos de kilo y medio y vale unos 300 euros.

Me despedí de las madrileñas y los demás esperando que al día siguiente tendríamos nuestras mochilas y me dirigí al exterior donde me esperaba el hermano de mi amigo Alejandro en Barcelona; Juan Manuel. Me esperaba junto con otro amigo llamado Oscar. Con ellos también me esperaban la noche de Lima y sus pisco sours. ¡Empezaba de pronto el auténtico viaje!

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9 Comentarios
  1. René 9 diciembre 2008
  2. Quique 9 diciembre 2008
  3. Yola 10 diciembre 2008
  4. René 10 diciembre 2008
  5. Yola 11 diciembre 2008
  6. avistu 12 diciembre 2008
  7. Yola 12 diciembre 2008
  8. Rene Vallve 23 diciembre 2008
  9. Quique 23 diciembre 2008