El desierto de Marruecos: las dunas de Erg Chegaga

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Las dunas de Erg Chegaga

Tercer día de ruta en coche por la Marruecos Bereber
M’Hamid – Erg Chegaga – M’Hamid
Ver jornada anteriores: Primer día (Marrakech – Ait Ben Hadu), El valle del Draa y la puerta del desierto

Tras recorrer parte del sur de Marruecos desde Marrakech hasta M’Hamid, al confín con la frontera algeriana, en nuestro tercer día de ruta en coche por el país dejamos nuestro vehículo a un lado y nos adentramos con un 4×4 al desierto en una escapada de dos noches en las dunas de Erg Chegaga. Con el regateo pertinente, la excursión por el desierto nos salió por unos 100 euros por cabeza incluyendo el transporte tanto en 4×4 como en camello, noches en haima, las comidas y bebidas (botellas de agua incluidas) y los guías pertinentes.

Unos franceses con jeep propio se juntaron con nosotros. Llevaban más de una semana viajando por Marruecos con el jeep tuneado a las mil maravillas y tenían previsto entrar en Mauritania, Mali, Niger, Libia y Túnez. Un viaje espectacular que les llevaría por la inmensidad y soledad del Sahara más profundo. Cada uno de ellos parecía realizar un viaje totalmente distinto. Uno, serio y controlando cada una de las etapas al mínimo detalle mientras que el otro iba realizando un viaje mental con su dosis de hachis marroquí con mantequilla por la mañana y sus inacabables porretes durante el día. Curiosa pareja.

Durante las primeras horas cruzamos un desierto donde la vegetación todavía trataba de resurgir de entre las dunas. Contados matorrales y acacias trataban de impedir la apremiante victoria del desierto y alguna pequeña construcción trataba de evitar lo inevitable.

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Un pastor ofreciéndonos su leche de cabra

Durante el recorrido nos encontramos con un pastor que acudió a nosotros. Arreciaba una terrible tormenta de arena que movía las dunas a su antojo. El 4×4 a duras penas podía cubrir las dunas y las gafas de sol servían de muy poco. Al ver al pastor entendimos el sentido de los turbantes que habíamos encontrado en todas las tiendas turísticas. Mientras, el pastor de cabras -que parecía haber nacido de la misma arena- se acercaba a nosotros.

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El hombre, controlando el curso de sus cabras en el desierto, nos saludó. Paramos el coche y el señor nos ofreció un trago de leche de cabra.

Por supuesto, no dudamos ni un sólo segundo y probamos de su leche. Aunque sabía amarga, nos la bebimos con gusto y, tras una propina de repente, el hombre y sus cabras desaparecieron de nuestra vista.

Parecía como si el mismo desierto y la furia de la tormenta se tragaran por completo al pastor y a sus cabras de un santiamén.

¿Realmente ese hombre de las dunas visto a vernos? Ha pasado cierto tiempo y echando un vistazo atrás en el tiempo ya dudo entre lo vivo y lo irreal. Aun así, os aseguro que no fue el costo marroquí; o eso creo pensar…

Una caravana de camellos bajo una tormenta de arena

Una caravana de camellos bajo una tormenta de arena

Tras hacer una paradita para comer, proseguimos el camino hasta que el mismo camino desapareció. Con la tormenta de área el paisaje cambió por completo y estropeó de paso mi cámara de fotos. Las dunas más altas parecían llorar arena desde sus cumbres y el cielo encapotado ofrecía un paisaje fantasmagórico. Especialmente cuando avistamos una caravana de más de 100 camellos desafiando la tormenta de arena.

Nos acercábamos a las dunas más altas de Erg Chegaga. La vegetación había desaparecido y las altas dunas desfilaban ante nuestras asombradas caras.

Llegamos al destino. En un pequeño valle entre las dunas donde nos esperaban unas tiendas y Mohamed, el chico que guarda el campamento durante todo el año.

Salimos a pasear descalzos por las dunas. Tras unas cuantas subidas y bajadas por la arena, volteretas y bajadas por la arena, admiramos la puesta de sol con los colores más bellos que la arena es capaz de mostrar. Los tonos rojizos se mezclaban con el dorado ofreciendo un interminable y bello panorama.

Haima en Erg Chegaga, Marruecos

Haima en Erg Chegaga, Marruecos

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Por la noche refrescó y en la tienda estuvimos comiendo, hablando, tomando té y nos pusimos a contemplar las innumerables estrellas que se vislumbraban en un cielo completamente destapado..

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Nos pusimos a jugar a fútbol en una valle medio rocoso entre las dunas. Bajo la luz de la luna parecía como si hubiéramos entrado en otra dimensión y nos halláramos en la misma luna.

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Las magníficas dunas de Erg Chegaga

Las magníficas dunas de Erg Chegaga

La meadita nocturna a las cuatro de la madrugada certificó que aquél cielo estrellado no era un simple decorado. Era increíble la nitidez con la que aparecían las constelaciones en ese cielo.

Durante el segundo día tomamos nuevamente el 4×4 y visitamos el lago Iriki que desde hace unos 25 años está completamente seco. Se trata de una antigua desembocadura del Draa, el río más largo de Marruecos. Realiza una enorme boca de piedra y barro seco en medio del desierto. Se aprecia alguna tienda de nómadas, alguna población y unos cuantos niños aparecieron curiosos para contemplarnos en la distancia.

Al fondo de la desembocadura seca del Draa se puede ver una isla, un enorme peñón rodeado de un gran lago o mar. Se trata sin duda de un espejismo que miente a nuestra percepción visual a partir de condensaciones de aire. Había leído sobre espejismos anteriormente en novelas pero nunca había tenido la oportunidad de ver uno en directo. ¡Realmente es para creérselo!

Las dunas de Erg Chegaga, Marruecos

Las dunas de Erg Chegaga, Marruecos

Tras un buen tajine nos esperaban unos dromedarios con los cuales nos dirigimos a otra haima para pasar la noche. Cruzamos el atardecer entre llanos rocosos, dunas más pequeñas que la enormidad del Erg Chegaga. En algunas dunas todavía unos cuantos árboles incomprensiblemente conseguían aderezar sus raíces en alguna parte del interior de las dunas.

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La comodidad en las tiendas donde dormimos ambas noches era más que suficiente. En los dos campamentos había una haima principal a modo de comedor y una serie de pequeñas tiendas alrededor en forma de rectángulo formaban las zonas de dormitorio.

Al día siguiente finalizamos el recorrido con los camellos hasta llegar al punto de inicio en Ouled Driss donde nos esperaban con un buen desayuno.

Verdaderamente el trekking con 4×4 y dromedarios que realizamos con la familia Azizi en Les Mille & une Nuit es muy recomendable. Posiblemente pagamos más que en otras de las múltiples ofertas que existen en la zona pero considerando los kilómetros recorridos, la afabilidad de la gente, la comodidad en las tiendas y los exquisitos tajines considero que hicimos un gran hallazgo.

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Una respuesta
  1. Ainhoa Rámila 12 octubre 2014

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