Viaje de Riga a Vilnius: Siguiendo la cadena báltica

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Llegué a Vilnius tras unas horitas de Eurolines viajando desde Riga. El paisaje de una ciudad a otra es rural por completo y apenas se vislumbran pueblos desde la ventana del autocar. Los bosques conforman el paisaje y se dispersan hasta el infinito allá donde uno mire.

Uno viaja de Riga a Vilnius por carretera y se imagina lo que debió ser aquella cadena humana que llevó a más de 2 millones de personas a la calle. Incluso a uno le vienen escalofríos sólo de imaginárselo. Enlazados de mano, dos millones de personas cubrieron los 600 kilómetros que separan Tallinn de Vilnius, las tres repúblicas bálticas –Estonia, Letonia y Lituania-, en contra del yugo soviético y mostrado la unidad de los tres países para labrar un futuro en hermandad. Eso ocurrió en el año 1989, un año más tarde las tres repúblicas consiguieron su añorada independencia.

Según la Lonely Planet que tenía –edición del 2006- comentaba que Vilnius es un lugar hostil para el viajero, alerta de posibles hurtos, dificultad de encontrar menús o gente que hable el inglés y una vida nocturna peligrosa y nada recomendable. Verdaderamente esta gente creo que sacaron una guía de los ochenta y le pusieron la portada 2006 y se quedaron tan anchos porque, todo lo contrario, Vilnius ofrece un ambiente fantástico por la calle, la mayoría de la gente dedicada al turismo habla inglés, el servicio es lento –pero esto es lo normal en este país- y la noche ofrece un panorama envidiable con bares, pubs y discos que cierran a lastas horas de la madrugada en buen ambiente. Al menos lo que vi. Así que no le hagaís mucho caso a la Lonely Planet y disfrutad de la ciudad.

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Al llegar a Vilnius me dirigí al The Old Town Hostel. Se encuentra a unos 200 metros de la puerta del ocaso, tocando el casco antiguo de la ciudad. Al llegar me dijeron que estaba a tope pero me llevaron a un segundo hostal que están montando unos 200 metros más arriba. Supongo que tras estos meses ya estará habilitado del todo. Barato, con terracita y patio. Es buen lugar para conocer gente y una buena selección para quien se plantee un par o tres de noches en la ciudad.

Vilnius es una obra de arte hecha ciudad. No me lo esperaba pero Vilnius alberga el casco antiguo con arte barroco más grande del continente. Nunca había visto tantas iglesias y catedrales en tan poco espacio. Solamente superada seguramente por Santiago de Compostela, la capital lituana rebosa de iglesias y de devotos –especialmente venidos de la próxima Polonia-.

Una buena escapada es subir al castillo desde ahí contemplar el panorama de la ciudad desde lo alto. Lo veréis fácilmente en los mapas de la ciudad, llegais a la catedral y subís a mano derecha por el bosque hasta llegar al castillo.

Otra visita obligada es encontrar la estatua de Franz Zappa. Es la monda encontrarse una ciudad plagada de catedrales barrocas presidida por la incontestable estatua de Franz Zappa! ¡Sólo en Vilnius podía ocurrir una cosa así!

Tampoco podéis perderos el museo de la KGB. Una visión cruda y directa de los años soviéticos en el país. El museo se encuentra en las mismas dependencias que sirvieron a la KGB realizar sus labores y los nazis unos años antes. El mal rollo en el ambiente se nota.

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