Visita a Marrakech y la plaza de Djemaa el-Fna

La plaza de Djemaa el-Fna durante la noche

La plaza de Djemaa el-Fna durante la noche @viajarcomeryamar

Marrakech es la puerta del sur por excelencia. Aquí han llegado caravanas de camellos, bereberes, tuáregs, árabes y todas las razas que definen a un mercader y a un viajero.

El punto central de esta fascinante congregación humana es la plaza de Djemaa el-Fna. Se trata de una plaza creada para subrayar la importancia del interior y no el exterior como la mayoría de plazas. Apenas existen edificios visibles o de importancia artística a su alrededor a excepción de algún minarete emergiendo de sus lados. Lo importante es la fascinante marea humana que se congrega en esta enorme plaza. Encantadores de serpientes, puestos de henna, aguadores, cuenta cuentos, músicos, monos, malabaristas y una multitud de seres humanos que comercian, comparten, se asombran y dan vida a un espectáculo difícil de comparar.

Al atardecer la plaza de Djemaa el-Fna se viste de humo a razón de la multitud de puestos para comer que se diseminan por la gran plaza. Los apetitosos aromas embriagan a uno y fácilmente os dejareis llevar por la marea, os sentareis en algun banco ante la comida, disfrutaréis como nunca y os alegraréis de haber escogido Marrakech como vuestro destino turístico.

Una de las múltiples paradas de comida en la famosa plaza de Marrakech

Una de las múltiples paradas de comida en la famosa plaza de Marrakech @viajarcomeryamar

Conviene a su vez que subáis a la terraza de algún restaurante o café para haceros una idea de la espectacular Djemaa el-Fna en toda su magnitud. Sin lugar a dudas, es uno de los lugares más sorprendentes de Marruecos.

La plaza es una metáfora perfecta de la unión e intercambio cultural. Hoy en día, esa congregación humana dista mucho de esos contactos entre bereberes, árabes y los lejanos reinos de Kanem o Benín. Al contrario, la amalgama actual se difumina entre locales y turistas mayoritariamente venidos de Europa.

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Aun así sigue la atmósfera de la plaza Djemaa el-Fna sigue sorprendiendo y cada minuto que transcurre promete sorpresas y emociones fuertes. Lo ideal es sentarse en alguno de los puestos y disfrutar del espectáculo que sucede ante ti.

El último día de nuestra ruta en coche por Marruecos nos dejó en Marrakech, el punto de partida del viaje. Mis compañeros partieron al mediodía y yo aproveché las últimas horas de mi viaje para ver otras zonas de la ciudad que habíamos obviado durante el primer día de viaje. Dejé la guía en el hostal con el propósito de disfrutar del callejeo imprevisible por una de las ciudades más fascinantes del Magreb.

Me perdí por el enorme zoco al norte de la plaza. Por suerte soy moreno y tirando a bajo –vamos, made in mediterráneo– y encima iba sin cámara, así que pocos comerciantes me marean con su agresivo estilo de venta. Paseé por sus laberínticas callejuelas repletas de lámparas, alfombras, especies y todo lo que el ser humano es capaz de imaginar.

Enlacé el zoco con la mellah –el barrio judío de Marrakech– fundada el siglo XVI a raíz de los judíos que emigraron de la península ibérica tras la conocida expulsión. A los judíos no se les permitía vivir en la medina y se afincaron en este barrio a las puertas del Palacio Real y rodeado por las murallas que protegen la medina.

Vistas a la plaza de Djemaa el-Fna al atardecer

Vistas a la plaza de Djemaa el-Fna al atardecer @viajarcomeryamar

Los pasos me llevaron por las ruinas del Palais el-Badi, las tumbas saadíes y el Palacio Real. Los vi desde fuera. No visité ninguno por falta de tiempo. Preferí aprovechar las últimas horas en Marruecos para relajarme en un buen haman y afeitarme la barba. Tras unos cuantos días recorriendo las fascinantes calles, carreteras y desierto de Marruecos era lo que más me apetecía. Y una vez con los poros de la piel bien abiertos tras el hamman, me adentré en una de esas barberías locales donde te dejan helado al contemplar una de esas navajas largas y afiladas.

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Durante el viaje a Marruecos mi cámara se rompió en medio de una tormenta de arena en el desierto. Una vez en Marrakech no disponía de cámara así que disfruté de pasear libre por la ciudad sin la apremiante sensación de fotografiar todo lo que ocurría a mi alrededor. Ese trabajo sí lo hizo Aitor del blog Viajar, comer y amar, quien ha decido gentilmente sus imágenes para ilustrar el artículo.

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  1. Frases de Viajes 25 junio 2015

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