Viajar en avión es una experiencia cada vez peor

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Aquellos tiempos en los que viajar en avión era un auténtico placer

Hace un par de días tuve que desplazarme desde Dublin a Frankfurt. Residir en Irlanda tiene muchos aspectos positivos, pero también algunos inconvenientes. Uno de ellos es que, al tratarse de una isla, se hace casi imprescindible el tener que volar a la hora de viajar a otros países. Cierto es que existe la opción de tomar un Ferry para llegar a tierras continentales y seguir desde allí el camino por carretera. Puedo opinar de esta experiencia ya que en su día realicé un viaje desde Barcelona hasta Dublin en coche y personalmente me parece una opción larga y tediosa, sólo interesante si te apetece un poco de aventura y el tiempo no apremia.

Bien, retomando el tema de mi viaje a Frankfurt, me he vuelto a cargar de razones para confirmar que viajar en avión es una experiencia cada vez peor. Sintiéndolo mucho, no puedo evitar llegar a esta conclusión. Fue tal mi indignación que no pude evitar escribir estas líneas que estás leyendo mientras me encontraba en el avión volando en dirección a Alemania.

Probablemente ya sabes lo que pienso acerca de volar con Ryanair. En este caso dejaremos tranquila a la compañía dirigida por el controvertido Michael O’Leary ya que hace bastante tiempo que intento por todos los medios evitar contratar sus servicios. Hoy me voy a centrar en el servicio, por llamarlo de alguna manera, que recibimos los pasajeros en los aeropuertos. Una vez más, vivo sin vivir en mí.

5:45am, hora de mi llegada al aeropuerto de Dublin. Mi vuelo sale a las 7:00am con dirección Frankfurt, Alemania. Como viajero experimentado que me considero ya a estas alturas, lo tengo todo bien preparado y organizado. Con la tarjeta de embarque impresa desde casa y el equipaje de mano medido y calculado, creo reunir todos los requisitos necesarios para dirigirme directamente a la zona de control de seguridad, atravesarla de una forma ágil y llegar sin mayores problemas a la puerta de embarque. ¡Ay, querido amigo, siempre tan optimista! Por poco se me olvida que me encuentro en un aeropuerto, dícese de aquel lugar en el que el destino siempre se guarda un as en la manga.

En un neceser llevo mis cuatro utensilios para el baño

En mi pequeña maleta guardo el ordenador personal que me acompaña en la mayoría de mis viajes. Como buen previsor, he separado del resto de equipaje cualquier recipiente que contenga algún tipo de líquido. Ya sabes, la crema de afeitar, el desodorante, la pasta de de dientes, todo en tamaño diminuto no fuera que por uno de aquellos misterios de la vida cayera en la tentación de utilizar los mencionados súper líquidos para fabricar  algún tipo de explosivo mientras me encuentro en el avión camino a Frankfurt.

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Se acerca mi turno de pasar el control de seguridad de modo que, muy diligentemente, abro mi maleta, saco el ordenador personal y el pequeño neceser en el que guardo los líquidos y los dispongo en una de las bandejas separándolos del resto del equipaje. Orgulloso de mí mismo, miro a mi alrededor con cara de “Hey, que os quede a todos claro que me sé la lección de carrerilla“. A nadie le importa un bledo. Ya me dirás , son poco más de las 6:00 de la mañana y al resto de almas en pena que se encuentran en el aeropuerto les trae totalmente sin cuidado que me haya organizado de forma magistral para mi viaje.

Llegó mi turno, y con él el momento mágico de la mañana. Coloco mi maleta en el lugar correspondiente para que pase por ese pequeño túnel del terror cargado de rayos X en busca de pistolas, consoladores y demás objetos punzantes. A continuación sitúo la bandeja con el ordenador y el pequeño neceser, abierto para que se vea claramente el contenido. Primer desencuentro con la señora encargada de controlar este trascendental proceso: “¿Llevas algún ordenador personal o algún líquido en la maleta?” me pregunta con voz robótica y la mirada perdida en el más absoluto vació. Yo pienso: “Señora, ¿no ve que los he separado ya y están en esta bandeja que tiene aquí delante? Y por cierto, buenos días“, pero digo: “no señora, no llevo ninguno“.

Te aconsejo llevar una pequeña bolsa de plástico en la maleta

La conversación continua. Ella: “¿Tienes alguna bolsa de plástico para colocar los líquidos que llevas?“, yo: “No, pero los he puesto en este pequeño neceser, que por cierto es de plástico, separados del resto de equipaje para que ustedes lo puedan revisar fácilmente“. Ella: “Lo siento, tendrás que ir a buscar una bolsa de plástico para colocar todos tus líquidos“. La situación empieza a teñirse de de surrealismo, miro a mi alrededor con cara de incredulidad y lo único que encuentro es una cola de personas sin rostro esperando a su turno para pasar por el túnel del terror. No me lo puedo creer.

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En ese momento me digo a mi mismo – vale Sergi, tienes dos opciones. Opción número uno, empezar una discusión con esta inútil e intentar hacerle entender que la bolsa de plástico no es necesaria ya que los líquidos se encuentran en un neceser que se encarga de hacer las funciones requeridas. Opción número dos, olvidarte de líos y conseguir una maldita bolsa de plástico – Finalmente le digo: “¿Y dónde puedo conseguir una bolsa de plástico?“. La señora, sin tan siquiera mirarme, señala con el dedo una máquina que se encuentra en una pared cercana. Una máquina parecida a aquellas antiguas en las que echando una moneda consigues una bola con un pequeño juguete o una golosina. Bien, pues en esta dichosa máquina se encuentran ahora las puñeteras bolsas de plástico. Y sí, hay que meter una moneda, una moneda de 1 euro. 1 euro por una bolsa de plástico. Ah bueno, espera, que habían dos. Increíble pero cierto.

Esta bolita con dos bolsas de plástico dentro me costó 1 euro

Que alguien me explique para qué era necesaria la dichosa bolsa de plástico

Así que abrí la maldita bolita, agarré una de las bolsas de plástico, metí lo que llevaba en ella y la coloqué, sin cerrar, dentro del neceser. La señora encargada del control de seguridad no miró ni lo que llevaba ni cómo lo había puesto. Lo absurdo de la situación rozaba la estupidez. Mis utensilios y yo pasamos el túnel del terror. Una vez más tuve la oportunidad de confirmar que viajar en avión es una experiencia cada vez peor.

A partir de ahora tendré que incluir la famosa bolita en mi equipaje de mano

Y a todo esto, yo me pregunto: ¿Es esta absurdidad realmente necesaria? ¿Se han olvidado los empleados de los aeropuertos que sin nosotros, sus clientes, perderían sus puestos de trabajo? ¿Tanto cuesta dar un poco de buena atención al cliente hoy en día? ¿Nos estamos volviendo todos locos? ¿Seré yo el que se está volviendo majara?

En fin, al menos cuando aterricé en Frankfurt hacía Sol.

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34 Comentarios
  1. Felipe 6 noviembre 2012
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  25. Sergi 21 noviembre 2012
  26. Sergi 21 noviembre 2012
  27. Bertika 21 noviembre 2012
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  33. Sergi 30 diciembre 2012
  34. Bobbo 20 agosto 2014