Viajes de bajo coste, cada vez más caros

Google +TwitterFacebook

El Domingo pasado tomé un avión en el aeropuerto de Girona que me transportó a Dublín. Es trepidante el tráfico aéreo hoy en día; los aeropuertos ya parecen la boca del metro, con marabuntas de personas arriba y abajo, yendo y viniendo, hablando, caminando, comprando, consumiendo. El ritmo vital del ser humano se acelera, de hecho así ha sido y así será, cuestiones del siempre cuestionado pero totalmente inevitable progreso. Y es que viajar cada vez es más barato, ¿o tal vez no?

Lo que te decía, vuelo Girona con destino Dublín tras una corta pero intensa estancia en Barcelona. Intensa porque la vida hay que vivirla con intensidad, ¿no?, sea donde sea. Corta porque fueron tan sólo 3 días bajo el tan añorado Sol mediterráneo. Tres días, por lo que una pequeña mochila como equipaje de mano era más que suficiente para un par de piezas de ropa ligera y poco más. ¡Qué bien!, no hay nada mejor que viajar con poco equipaje. Me conecté a la página web de Ryanair, la compañía de bajo coste a la que le compré el billete a Dublín, me fui al apartado de Check in on line y me imprimí el billete. De este modo no sólo iba a evitarme las colas de facturación de maletas sino que además tendría prioridad para embarcar en el avión (por cierto, ¿por qué se le llamará embarcar si no se va en barco?)

En fin, que allí estaba yo sentado, observando el ir y venir de la gente, esperando a que las azafatas dieran la orden para ponernos todos en fila. Relajado y tranquilo debatía internamente en qué lugar me iba a sentar. ¿Ventana? total, si es de noche tampoco veré mucho… ¿pasillo? las azafatas y sus carritos de gin-tonics sin hielo a 8 euros no pararán de dar el coñazo… Nada, que en medio de mi interesante debate llegaron las azafatas y rápidamente se formaron dos filas, una para los pasajeros con prioridad de embarque y otra para el resto. Sin prisas y con toda la pachorra del mundo, con mi mochila al hombro, camiseta, pantalón corto y chancletas (indumentaria oficial de mis viajes) conseguí situarme en la mitad de la cola de viajeros con prioridad. La azafata empezó su rutinaria inspección de billetes para los de mi cola, asegurándose de que todos ‘merecíamos’ estar en ella.

Uno a uno todo parecía correcto, hasta que llegó mi turno. “Lo siento, usted no tiene prioridad” (¿usted? lo primero que pensé. ‘me puedes tutear guapa’ estuve a punto de decirle) “¿Cómo que no? ¡si me he imprimido el billete en casa!” le respondí. “sí, pero ésto ha cambiado, ahora aunque te imprimas el billete en casa has de pagar para tener prioridad“.

Reserva tu viaje al mejor precio:

Allí se terminó la conversación y con ojos cabizbajos me dispuse a iniciar mi camino hasta el final de la cola, no la cola en la que estaba, ¡sino en la otra! una que todavía era más larga y que empezaría a circular en segundo lugar. “si quieres pásate a la otra cola a la misma altura en la que estás, a mi no me importa” me susurró la pobre azafata al ver mi desolación. Pero no, honestidad y respeto hacia el resto de viajeros ante todo, no me colé, mi dignidad por encima de todo. En fin, que me situé al final de la cola y pensé ‘bueno, pues ya no hace falta tomar una decisión entre pasillo o ventana, porque me tendré que sentar no donde quiera sino donde pueda’ y es que el que no se consuela es porque no quiere. Empecé a imaginar al lado de quien me iba a tocar; probablemente en algún asiento del medio, la gente que viaja sola tiende a no sentarse justo al lado de otro viajero solitario, prefieren dejar un asiento de por medio, curiosa la reticencia a acercarnos los unos a los otros hoy en día…

Finalmente terminé sentado en un asiento de pasillo, con el carrito de las azafatas tocando los cojones cada 5 minutos (estos irlandeses son lo que no hay, los gin tonics sin hielo a 8 euros iban y venían como si estuviera en The Top House), pero con la suerte de haber caído al lado de una simpática pareja de jóvenes catalanes que disponían a viajar por Irlanda durante 10 días.

Lógicamente les respondí a tantas preguntas como hizo falta comentando mis impresiones sobre Irlanda, su cultura y sus tradiciones basándome en mi experiencia, y cómo no les invité a visitar Viajablog, ¡aunque no hacía falta! para mi sorpresa (bueno, humildemente tal vez no debería ser tal sorpresa porque cada vez sois más los que leéis y participáis en Viajablog) ya habían pasado por aquí y me comentaron que habían tomado muchas notas para su viaje, ¡imaginaros mi cara de felicidad y de satisfacción! Y es que ese es el verdadero espíritu de Viajablog, su pura y más valiosa razón de ser.

En fin (y esta vez finalizo de verdad), que los viajes de bajo coste cada vez son más caros. Pronto habrá que pagar para tener prioridad en la cola de prioridad, o seguro que alguna cosa más se inventan Michael O’Leary y sus secuaces. Y es que el precio del petroleo manda, y por desgracia los aviones no se mueven gracias a la energía hidráulica ni a la eólica (de momento), así que mejor será aceptarlo y ahorrar en otras cosas para poder seguir haciendo lo que en Viajablog más nos gusta, seguir viajando.

Puntúa este artículo