Viajando a Saint Michel en Normandía

Saint Michel visto desde la carretera a punto de llegar

La llegada a Beauvoir produce una sensación sólo reservada a aquellos destinos privilegiados que inundan al viajero de un sentir de emoción y respeto ante una obra majestuosa del ser humano: la abadía y fortaleza de Saint-Michel en Normandía.

Desde hace muchos años he querido visitar este lugar que se encuentra, además, a no mucha distancia del área donde se libró la batalla que dio lugar al avance final de las tropas aliadas contra el régimen nazi durante la II Guerra Mundial, la famosa operación del Desembarco de Normandía. Por fin, este verano del 2012 pude hacer la visita junto con mi novia.

Cómo llegar

La llegada desde París es extremadamente sencilla. Estábamos en París y como tampoco teníamos mucho tiempo, decidimos ir a la estación de Montparnasse y tomar uno de los muchos TGV que salen dirección Rennes. Una vez allí, uno puede elegir entre autobús, tren o coche alquilado. Desde Rennes hasta la abadía hay aproximadamente 85 kilómetros y se sale hasta la localidad de Pontorson que está como a 10 km de Saint-Michel o Beauvoir que está, literalmente, a tiro de piedra. Rompiendo las costumbres de un mochilero, y debido a que sólo teníamos un dia y medio para la visita, decidimos no someternos a los horarios de los autobuses y trenes y alquilar un coche, para, en menos de una hora estar ya divisando a lo lejos la estatua del Arcángel Miguel en lo alto de la abadía frente a las costas normandas.

Dónde alojarse

Uno de los hoteles en que os podéis hospedar para visitar Saint Michel. Una zona muy tranquila y bella.

No es difícil encontrar alojamiento de calidad y la infraestructura es muy buena para elegir entre hostales, hoteles e incluso un camping. El precio de una noche en habitación doble, en un hotel decente, ronda los 65 euros pero se puede encontrar algo más barato en hostales o casas de huéspedes. Eso sí, bajar de 35 euros es algo difícil (pero no imposible para un seguidor del ViajaBlog).

La visita

Nosotros llegamos directamente a Beauvoir, una pequeña aldea a unos 5 km de la abadía. A eso del mediodía ya teníamos la habitación y después de almorzar algo (es obligatorio la olla de mejillones con patatas fritas) nos fuimos directamente hacia nuestro destino. Algo que me llamó poderosamente la atención es el número de españoles que había en el lugar. Después de dos días en París -he estado multitud de veces y me extrañó no ver más españoles por la capital francesa- en Saint Michel, el español era, con diferencia, el idioma predominante.

Hay multitud de información en internet sobre este lugar. Para mí, lo importante era, además del cómo llegar y el alojamiento, saber el calendario de las mareas ya que, aunque por sí misma la abadia es impresionante, el paisaje cambia mucho según sea baja o alta. A mí me tocó marea baja, pero me daba igual. Acercarse al recinto amurallado por el dique que une el monte con la costa es espectacular. Emocionante.

A pesar de la gran cantidad de visitantes, no da sensación de aglomeración

Cuando llegas a Saint Michel, en la costa hay un pequeño “pueblecito” donde se han edificado aparcamientos, campings, hoteles, supermercados, restaurantes, tiendas de regalos, etc… Incluso ahora mismo están construyendo una urbanización de apartamentos. A pesar de la multitud de de visitantes (las estadísticas hablan que después de París, esto es lo más visitado en Francia) la zona no me pareció en absoluto masificada. Para acceder a la abadía, se ha de recorrer un dique de apenas un par de kilómetros y para ello hay disponibles unos buses gratuitos que constantemente van y vienen hasta la 1 de la mañana. Nosotros preferimos dar un paseo que resultó maravilloso.

La muralla no se cierra nunca porque dentro hay hoteles y restaurantes pero después de la 1 de la mañana, si se quiere regresar a tierra firme, hay que hacerlo a pie a menos que hayas contratado un transporte privado para que te recoja.

La abadía está dedicada al Arcángel San Miguel, líder de las fuerzas celestiales contra Satán y la arquitectura que conocemos hoy en dia tuvo sus primeros cimientos en la iglesia mandada construir por el Obispo de Avranches , Aubert y que se finalizó en el año 708. Por aquel entonces, el lugar se llamaba Saint Tomb (de “tumba”, por las numerosas muertes provocadas por los incautos que no hacían caso de las mareas). Poco a poco y no sin sufrir las turbulencias políticas, fue Ricardo I -en el 910-, el que ayudó a los Benedictinos a tomar posesión de la nueva abadía de Saint Michel. Si queréis saber más..toca ir directamente y hacer el recorrido por las calles angostas y empinadas así como por dentro de la Abadía en lo alto del monte.

La visita en sí es de un día máximo para ver el pueblo, pasear por las calles, hacer la visita guiada -o con audioguía- a la abadía, comer o cenar y descansar con vistas al océano. Salimos del recinto al anochecer y la vista de la silueta del monte al ocaso del dia se queda grabada en la cabeza a hierro.

Como os he dicho, el tiempo no es precisamente lo que nos sobraba, así que el sueño de recorrer la zona en coche lo dejamos para otra ocasión.

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4 Comentarios
  1. HD Hotels 10 octubre 2012
  2. Sergio 18 octubre 2012
  3. David 18 octubre 2012
  4. Sergio 18 octubre 2012