Viajando con La Roja hacia la final de la EURO


Pues mañana llega el día de la verdad para la Roja. Tras una pre Euro movida -como siempre antes de cualquier campeonato- y un campeonato increíble e ilusionante, llegó el momento de la final, algo que muchos españoles o no hemos vivido o apenas recordamos. Yo sí recuerdo la cantanda de Arconada en la final del 84, pero ahora está Iker.

Sergi y yo somos grandes practicantes y forofos del fútbol, Quique es seguidor y a Avistu hay que empezar por explicarle lo que es la Eurocopa…y el balón. Sin embargo, los cuatro hemos estado en alguno de los partidos de la clasificación de esta Euro 2008. La excusa, la de siempre: viajar y conocer nuevos lugares, encontrarse con los amigos -algunos viven en Madrid, Alicante o Barcelona-, vivir el ambiente, algo de fiesta y a ver cómo lo hacen los muchachos de la Roja.

El gusanillo me entró trás ir con mi amigo Mel a la fase final del Mundial de Alemania, en el verano del 2006. El buen rollo por las calles de Stuttgart y Munich era colosal. La marea naranja de seguidores holandeses nos dio la bienvenida a Stuttgart, animada también por los timbales de los exóticos marfileños y algunos españoles que llegaban, como nosotros, antes de hora. Después de esos cinco días de fútbol, cervecitas, furgonetas, nuevas amistades y mucho buen rollo, decidí que me desplazaría a partidos de la selección en el extranjero siempre que pudiera. Y así comenzó mi particular periplo hacia la Euro 2008.

Cinco amigos aterrizamos en el frío Estocolmo en Octubre del 2006. Allí una tal Lourdes -a la que asaltamos en pleno centro histórico de la capital sueca- nos decía que trabajaba para El Rondo, programa de fútbol de la 2. Es lo que tiene vivir fuera. Nosotros le habíamos fichado por lo guapa que era, pero resulta que además era del mundo de la tele. Así que, salimos por el telediario y comenzaron las llamadas de nuestras familias para decirnos cosas del tipo: ¡te he visto con un sombrero cordobés y una peluca roja en la 1!. España, ya sin Raúl, nos dejaba aún más helados en el estadio y nos fuimos con 2 a 0 para casa.

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Nuestro siguiente desplazamiento fue inolvidable. Nos juntamos 11 amigos de distintos lugares, en Riga, la capital letona. Fue un caluroso fin de semana de junio del 2007. Letonia nos sorprendió muchísimo, porque llevábamos la idea de que podría ser aún un país anclado en su pasado comunista. El partido -que ganó España- fue soporífero, lo opuesto a la vida de las calles de Riga, tanto por el día como por la noche. Aquí Sergi -tras dar sus consejos a Manolo Lama- Quique y yo nos abrazábamos al doble de Flavio Briatore, mientras nuestro amigo Alex paseaba a las turistas en los bici-carros y los letones de la mesa de al lado nos invitaban a un taponazo de la bebida típica del país: un licor que sabía a hierbas y te quemaba la garganta. Un destino que recomiendo muchísimo y que incluye grandes playas -a media hora en tren de la capital-llenas de gente guapa en las que disfrutar del calor veraniego.

La última expedición nos llevó a Aarhus, en Dinamarca. Ryanair te lleva desde Dublín a Bilund por un precio muy económico. Además, si dispones de tiempo, siempre puedes pasarte por el parque temático de Lego. La marca danesa tiene un parque de atracciones a pocos kilómetros de este aeropuerto. Nosotros lo dejamos para otra ocasión y tomamos el primer bus hacia Aarhus. Curiosamente nos dejaba justo en la puerta del hotel de la selección. Nos asomamos y allí estaban Hierro y Aragonés charlando en la cafetería. Nos acercamos a preguntar las típicas cosas que inquietaban al ciudadano -madridista, he de confesar- de a pie: Luis…¿que pasará con Raúl?, en plan broma. Luis se rió y le preguntamos por el partido y demás. La anécdota llegó cuando Fernando Hierro, con pelo engominado, nos sonrie y pregunta: ¿De dónde venís?..De Dublín-contestamos-Joder, qué paliza a conducir os habéis pegado, ¿no?.

Sin comentarios…Lo mejor es que además está grabado en vídeo y algún día lo colgaremos en algún lado. Eso sí, creo que no cambiaba su carrera de éxitos y pasta, por el saber dónde está Irlanda.

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Esta vez ni fuimos al estadio. El ambiente estaba en las calles que rodeaban el canal de la ciudad. Puentes, cafeterías, restaurantes, pubs y legiones de aficionados daneses con los que nos mezclábamos, bebíamos y abrazábamos. Como metíamos bastante follón y no había muchos españoles, acabaron entrevistándonos para televisión, radio y prensa escrita. La selección ganó y dio un paso de gigante para su clasificación, pero las risas al vernos a todo color en la página central del diario de Aarhus al día siguiente, fueron aún mejores.

A la Euro no pude ir y ahora me entra nostalgia cada vez que veo a gente que se va a acampar a las diferentes sedes, conocer gente, lugares e impregnarse del ambiente intercultural que tiene como excusa de fondo el fútbol, pero que sólo es eso, otra excusa para viajar, abrir la mente y vivir la vida.

Mañana por la noche estaré con mi novia y amigos en un pub de Dublín esperando que la Roja me haga vibrar. Y creo que lo hará. ¡VAMOS ESPAÑA!

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