Viajando a la Gran Muralla China


Si hay algo que no puedes dejar de visitar si vienes a China es, por supuesto, la Gran Muralla.

Comenzada su construcción en el año 220, la Gran Muralla es la mayor obra del Mundo creada por el sudor y el esfuerzo de los seres humanos. Muchos fueron los esclavos que se dejaron la vida en su construcción y nunca llegaron a ver que, realmente, ese intento de bastión defensivo nunca tendría el efecto deseado por sus constructores. Dice la leyenda que los huesos de estos pobres diablos fueron utilizados en la propia construcción de la muralla.

Dada su gran longitud, se puede acceder a la Gran Muralla por diversos puntos y poblaciones y en las guías de viaje encontraréis la información necesaria sobre ellos. Yo os contaré cómo lo hicimos nosotros.

Descartamos enseguida la posibilidad de ir a Badaling. Es la parte más visitada de la Gran Muralla, al estar bastante restaurada y ser de las más próximas a la ciudad de Pekín. Comentaban varias guías y webs que es un tipo de Disneylandia: todo lleno de tiendas y souvenirs con una muralla que poco tiene de la original. De todas maneras, para quien esté interesado, comentar que los tours a Badaling son normalmente los más económicos si reserváis con una agencia.

Nuestra elección fue la de ir a Mutianyu, zona algo menos visitada -y menos aún en invierno, ¡algo de bueno tenía que tener el estar sufriendo esta rasca!- y con más partes de muralla que no han sido reconstruidas para el turismo.

Para llegar a Mutianyu tenéis dos alternativas: hacerlo por vuestra cuenta o contratar uno de los incontables tours que ofrecen hostales, hoteles y agencias de viaje.

Si sois lo suficientemente valientes de lanzaros a solas, tenéis la opción de coger un bus turístico que sale de la plaza de Tiananmen-creo que sólo fines de semana- o el 916 ó 980 hasta Huairou y de ahí un taxi hasta Mutianyu. Estas alternativas son más baratas que los tours, pero salvo que habléis chino, tendréis que lidiaros una buena corrida. El ciudadano pekinés de a pie, en su inmensa mayoría, no habla inglés.

Nosotros, el día anterior lo habíamos pasado con las pesquisas y visitas a oficinas de billetes y estaciones de tren para conseguir el billete a Xian (de hecho, escribo esto desvelado en la cama del tren que nos está llevando a allá) y decidimos pasar de movidas y carreras para la visita que más ilusión nos hace en China. Además, el precio del tour que nos dio el hostal nos pareció de lo más apañado: 220Y (menos de 30 euros al cambio) por persona. Esto incluye el transporte, la entrada -sale por 45Y si la compras por separado- , la visita a las tumbas de los emperadores de la dinastía Ming -entrada de 40Y incluida- una comida -nada de bolsa cutre con sandwich, sino comida china deliciosa en un restaurante- y visitas a una fábrica de jade, otra de sedas y una tetería.

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Eso sí, si os decantáis por un tour, cuidado con los precios que os ofrecen. Por lo que vimos en internet y por la calle, nuestro hostal nos dio un precio más que razonable, pero hay otros que quieren aprovecharse del turista, como en todos lados.

Las visitas a la fábricas son de carácter sobretodo comercial pero no agobian apenas para que compres y la de la fábrica de seda y la tetería fueron realmente interesantes.

Vinieron a recogernos al hostal a las 8 am y éramos un grupo de tan sólo 8 personas acompañados por Laura, una guía china que hablaba inglés.

Tras una primera parada en la fábrica de jade, llegamos a las tumbas de los Ming. El frío era intenso y apenas había gente. Tres tumbas -como si fueran casitas coloridas- permanecen abiertas al público. El colorido tanto del interior como del exterior es muy llamativo y la guía nos explicó algo de historia sobre los Ming y alguna tradición que aún a día de hoy la gente cumple,como la de pasar cada dintel de puerta primero con la pierna izquierda para hombres y la derecha para mujeres, si quieren tener suerte.

Tras unos 45 minutos pusimos rumbo a la gran estrella del día: la Gran Muralla.

El camino es de una hora en la que atravesamos aldeas y poblados de aspecto muy pobre, en los que la gente estaba simplemente sentada al sol, viendo la vida pasar. Algún riachuelo congelado era el único vestigio cercano de agua y los árboles tenían un color marrón algo triste, en consonancia con las vistas.

Al llegar a Mutianyu algunos vendedores de souvenirs se nos acercaron pero nunca insisten demasiado y se puede estar tranquilo.

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Para acceder a la muralla podéis tomar el telesilla por 65Y o subir un camino de escaleras que puede llevaros unos 25 minutos si estáis medianamente en forma. La guía nos dijo que tardaríamos 45 minutos a pie pero nosotros no hicimos caso y fuimos los únicos que escogimos la montaña sobre el telesilla. Cuando en 20 minutos llegamos a la muralla y vimos a nuestros compañeros quejándose del estado del telesilla, nos dimos cuenta de que escogimos la mejor opción.

Nos dejaron 2 horas de visita a nuestra bola. Si la guía os pregunta cuánto tiempo queréis quedaros por allí no os cortéis y decidle lo que deseáis. Ella en principio propuso hora y cuarto y el todo el grupo callado. Yo lo vi poquísimo y dije 2 horas, aunque después me dí cuenta de que me habría tirado allí mucho más tiempo.

La Gran Muralla tuvo un poder hipnotizador en mí. El contemplar aquella construcción, ver como se extiende por las montañas, con sus atalayas cada cierta distancia; el pensar en el esfuerzo humano que se necesitó, las batallas y escaramuzas que se debieron dar, etc…etc.

Hice el esfuerzo mental que suelo hacer en lugares como éste: intentar imaginármelo en la época en que se construía y usaba. Ojalá en el futuro se invente algo que te pueda hacer vivir esa sensación de forma real. ¡Sería grandísimo!.

Subimos y bajamos los empinados escalones hacia el este, donde podíamos divisar una parte de muralla antigua, casi derruida por el paso de los años. Apenas había gente y conseguimos estar solos con la Muralla cuando pasamos un cartel de “No trespassing” y comenzamos a caminar por una de las secciones que está cubierta por arbustos y malezas y cuyo camino ya sólo es de tierra.

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Siguiendo este sendero llegamos a una atalaya casi completamente derruida desde donde las vistas eran realmente imperiales. Allí nos sentamos al Sol y contemplamos una pequeña parte de esta obra de magnitud colosal.

Las 2 horas se nos pasaron volando. Aunque ya era casi misión imposible seguir por donde habíamos ido, me habría gustado explorar más el lado oeste -aunque estaba más reconstruido- o sentarnos simplemente a mirar y relajarnos.

Descendimos de nuevo caminando y fuimos a comer con el grupo.

Por la tarde realizamos las visitas al taller de seda y la tetería, que nos sorprendieron muy positivamente, aprendiendo cosas sobre ambos bienes que desconocía totalmente.

Nos devolvieron al hostal a eso de las 5 de la tarde y quedamos realmente satisfechos por el gran tour que nos habían dado.

Por la noche, baldado en la litera del hostal, recordaba aquella muralla y me imaginaba a las tropas de Gengis Khan asaltándolas mientras las flechas silbaban por todos lados y los guerreros ponían las escalas para matar a los defensores. I-Pad, I-pod, móviles última generación…pero, ¿Para cuando la máquina del tiempo?. Venga científicos, a ponerse las pilas que yo quiero poder teletransportarme en el tiempo antes de palmarla.

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12 Comentarios
  1. Juan Antonio 29 enero 2011
  2. Juan Antonio 29 enero 2011
  3. Quique 29 enero 2011
  4. David 29 enero 2011
  5. Fernando 31 enero 2011
  6. David 1 febrero 2011
  7. CarinaFB 8 febrero 2011
  8. Maria jos 30 octubre 2011
  9. David Escribano 1 noviembre 2011
  10. Héctor 20 abril 2012
  11. kako 12 mayo 2013