Turquía (10) Yusufeli y las montañas de Kaçkar

kasgar3
Partimos de Dogubayazit en dirección Yusufeli en autocar para cubrir los 250 kilómetros de distancia que separaban los dos puntos. Los autocares regionales pierden en comodidad respecto a los estupendos autocares que parten de Estambul; aun así, llegamos a Yusufeli tras hacer un cambio en Erzurum y por la tarde antes de oscurecer y el camino no se nos hizo demasiado pesado. Hacen unas cuantas paraditas para comer o tomar un té y el paisaje es formidable.

De Yusufeli teníamos planteado llegar hasta una pequeña aldea llamada Barhal. Desde ahí se parte para realizar los trekkings alrededor de las montañas de Kaçkar. Estas, se tratan de una sierra de montañas que forman parte de los llamados alpes pónticos en una zona de glaciares que abraza la costa sur del mar negro. Es un contraste espectacular con el habitual paisaje árido de Turquía. Uno, en las montañas de Kaçkar, piensa que es encuentra en los mismísimos alpes suizos a razón del exuberante verde de sus bosques y los glaciares perpetuos de sus montañas.

De Yusufeli a Barhal partían cuatro autobuses durante el día y decidimos proseguir el viaje y dormir en Barhal. En Yusufeli es el último lugar donde los senderisas toman sus últimas reservas de comida y enseres para adentrarse a la montaña. Existe muy poca infraestructura en Kaçkar para realizar trekkings y la única posibilidad de conocer bien las montañas es llevar tu propia tienda y material.

casasNos tomamos un té a la espera del siguiente autobús. Estaba resfriado y me pasó una algo curioso. Estornudé e hice lo más habitual en estos casos, me soplé la nariz con un klyneex. Había leído que soplarse la nariz era un acto poco cívico en Turquía y debía evitarse en lugares públicos. En ese momento no sabía de qué otra manera me podía sacar los mocos de encima así que no dudé ni un segundo en sacarme la nariz. El hombre del bar se me acercó y me señaló la puerta. ¡Me echó literalmente del bar por soplarme los mocos! No podía creérmelo. Una vez fuera, aproveché para sacarme todo el arsenal de líquidos que guardaba en mis fosas nasales y volví a entrar. Desde entonces, en todo país musulmán donde he estado lo he tenido presente y procuro esconderme pero todavía no entiendo que puede hacer uno cuando necesita quitarse los mocos de la nariz!

Lee también:  Las piscinas más sexies del mundo

Nos subimos al pequeño autobús y empezamos un espectacular rally por una carretera de tierra que auguraba espectaculares vistas. Por desgracia, había oscurecido, aunque bien mirado quizás fue una suerte ya que presentíamos que un respetable precipicio nos saludaba a nuestro lado y a la velocidad que íbamos no lo teníamos del todo claro. Tras una hora aproximadamente de viaje llegamos al minúsculo pueblo de Barhal. Solamente conocíamos un lugar para dormir, así que nos dirigimos a la pensión Karahan donde conocimos a otros montañeros israelíes con los que cenamos y charlamos de nuestras rutas por Turquía. El lugar estaba muy bien y el precio irrisorio.

No teníamos material ni mucho tiempo para realizar alguna larga travesía por la zona así que con un mapa rudimentario nos internamos por el valle en dirección a la montaña Karagöl que llega a los 3,107 metros de altura con vistas al mar negro y a otros gigantes como la propia montaña Kaçkar a 3932 metros.

kasgarSeguimos un bonito sendero que ascendía progresivamente entre una espesa vegetación pasando por unas cuantas casas desperdigadas por el valle. Las casas de la zona están hechas de madera de forma muy rudimentaria. Encontramos unos cuantos pastores que nos saludaron curiosos al ver a dos senderistas extranjeros circular por ese valle. Hoy en día la afluencia de montañistas por Kaçkar ha aumentado pero hace cinco años eran pocos los que se internaban por ahí. Llegamos a una pradera donde paramos para comernos los bocatas. Teníamos la montaña Karagöl muy cercana. Sus picos formaban un espectacular circo y desde nuestra posición podíamos ver la lengua del glaciar atravesando la vértice de la montaña. Las nubes chocaban contra los muros exteriores y caían lentamente por el interior del circo. Con tal choque, formaban curiosas figuras parecidas a caballos. Era una escena inolvidable y lamenté haber perdido la cámara en el monte Nemrut aunque el recuerdo de aquellas nubes en forma de caballo precipitándose al interior del circo de montañas no lo olvidaré.

Lee también:  La rata: Un alimento popular en Camboya

Vimos a una madre y a una hija mirándonos curiosas mientras descansaban del trabajo en el campo. Al cabo de un rato, la niña se acercó tímidamente y nos ofreció unas pipas. Por tal de contrarrestar su ofrecimiento, nosotros le ofrecimos chocolate. La niña puso cara de felicidad, miró a su madre que estaba sentada en el prado a lo lejos y su madre con la cabeza le pidió que no lo aceptara así que la pobre niña volvió resignada a su madre sin el chocolate.

Subimos casi hasta el lago Deniz Golu. Un precioso lago a los pies de la montaña Karagöl. No teníamos otra opción que volver al pueblo ya que no llevábamos la tienda encima. Vimos un par de tiendas acampadas y nada más.

kasgar2
Así que volvimos al pueblo. Nos tomamos un té en el único bar que existía mientras los locales jugaban a cartas y al backgammon. Vida sencilla, tranquila, de pueblo de montaña donde el tiempo circula lentamente. Nos fueron de maravilla esos dos días paseando por las montañas, sin la mochila a cuestas y disfrutando de noches estrelladas como pocas se han visto.

Imágenes, Inextinguishable, Traces

Sin ningún aumento de precio te facilitamos la reserva de tu viaje:

Puntúa este artículo
3 Comentarios
  1. Nehomar Maldonado 30 marzo 2010
  2. Quique 30 marzo 2010
  3. Nehomar Maldonado 7 abril 2011