Tsampa, una delicia culinaria del Tíbet

Ingredientes del Tsampa del Tibet

Ingredientes del Tsampa del Tibet

Cuando la gente me pregunta qué es lo más raro que he comido durante mis viajes, seguro que quieren oir algo distinto a los típicos avestruz o cocodrilo y esperan una respuesta como escorpiones o perro o algo similar. Sin embargo nadie se imagina que mi respuesta va a ser Tsampa.

Y no es ningún animal exótico ni tampoco una poco apreciada parte de bípedo o cuadrúpedo alguno. No, el Tsampa tiene como ingredientes algo tan aparentemente inofensivo como son la harina y mantequilla – que lo mismo sirve en la cocina que para fabricar las velas de los monasterios budistas – de yak.

Ayer mi amiga Carmen escribía en Diario del Viajero un artículo sobre el Aarul, una especie de queso hecho a base de leche agria, hervida y dejada secar al sol. Amante del queso, ella estaba convencida de que le gustaría el sabor de esa especialidad de Mongolia. Pero conforme iba probando variedades – de cabra, de camello, de caballo, más fuertes… – y se acumulaban sabores y olores en el paladar y fosas nasales, su opinión al respecto iba cambiando como el color de su cara.

Su experiencia me hizo recordar mi primera y duradera impresión del Tsampa. En mi caso, nunca he sido amante de comer la mantequilla a puñados, así que eso no anticipaba un buen desenlace de mi experiencia si el apreciadisimo plato – por los locales, claro – de la gastronomía del Tibet contaba con ese ingrediente.

El Tsampa es harina tostada – normalmente de cebada – que se mezcla con el también típico té con mantequilla de yak salada y al que se le puede añadir azúcar. Si la idea del bod cha – Té + mantequilla salada – os parece poco apetecible, imaginaos lo que resulta de la mezcla.

Lee también:  Pescado, marisco y arroces de calidad en la Playa Muchavista de Alicante

Cuando estuve en el Monasterio de Drepung, a unos 7 km a las afueras de Lhasa, unos monjes entablaron conversación con nosotros y terminamos invitados a tomar algo con ellos en su habitación.

Velas, monje budista y avistu en Tibet

Velas, monje budista y avistu en Tibet

Cada uno recibió un cuenco en el que se vertió mantequilla de Yak, algo de azúcar, unos puñados de harina de cebada y agua caliente. Usando los dedos, fueron mezclando todos los ingredientes y repitieron alguno de ellos para alcanzar la consistencia adecuada en la masa que tenía aspecto de polvorón navideño.

Yo intenté imitar sus movimientos y técnica, pero fue en vano. Avergonzado de mi inutilidad acabé cediendo mi cuenco para que ellos, en unos minutos de gráciles movimientos, me lo acabaran devolviendo con un aspecto similar al del Tsampa que ellos habían mezclado con más arte.

Ante sus curiosas miradas, me llevé un trozo a la boca, mastiqué, sonreí y moví afirmativamente la cabeza para indicar mi satisfacción mientras intentaba aguantar las arcadas. Arena con sabor a mantequilla salada, esa es la manera más aproximada de describir lo que me había llevado a la boca.

Los minutos que me llevó acabar el cuenco se hicieron interminables, pero no quería ofender a los anfitriones que compartían con nosotros su hospitalidad. En pequeños bocados, pero que se me antojaban enormes hasta que conseguía empujarlos garganta abajo, fui terminando mi ración de Tsampa. Durante el resto de los días que pasé en Lhasa, cada vez que entraba en un templo, intentaba no acercarme demasiado a las velas, no por no quemarme, sino porque su olor no le trajera un mal recuerdo a mi estómago.

Lee también:  Dónde comer en Cantabria: Tradición y vanguardia

Si viajas por Tíbet y pruebas el Tsampa no te quedes sin contarnos tu experiencia porque a lo mejor a tí si que te gusta.

Y otro día hablaremos de, porque es una gastronomía nómada y de subsistencia, la procedencia de los trozos de carne que le echan en Mongolia a sopas y caldos.

Foto cabecera | Tamorlan
Foto Velas de mantequilla de yak, monje budista y avistu | Isabel on the trail

Sin ningún aumento de precio te facilitamos la reserva de tu viaje:

Puntúa este artículo