Trekking en los Andes: La travesía de Santa Cruz


Imagino que los fieles lectores de Viajablog recordarán el completo artículo que escribió Quique sobre su experiencia en el trekking de Santa Cruz, en los Andes peruanos. Bueno, pues precisamente ahora mismo me encuentro en Huaraz; base clásica para el inicio de este trekking que yo también realicé y recién terminé ayer.

Al leer el artículo de Quique y sopesar las posibilidades decidí hacerlo por mi cuenta, alquilando tan sólo el equipo -incluyendo cocina, Quique, no es bueno sobrevivir a sandwiches por 4 días- y siguiendo los pasos que mi amigo comentaba para llegar a Cashapampa, uno de los puntos de inicios de la travesía.

Hasta aquí los dos hicimos lo mismo, pero a partir de ese punto, todo fue diferente. La razón fundamental fue una que aprendí y ya no olvidaré: nunca os subáis a la montaña al final de la temporada de lluvias.

Aquí cuando es temporada de lluvias no es “sal con paraguas no sea que…” No. Aquí es “sal con paraguas, chubasquero, la escafandra, las aletas de buzo y el teléfono del ejército porque como se ponga a llover…¡te las verás canutas!”

Os relato cómo fue el tema.


Día 1: Cashapampa – Llamacorral

El día comenzó bien cuando en el taxi -compartido con otras cinco personas más y el conductor…echad cuentas- conocí a un chico belga que buscaba compañía para el mismo trekking que yo. Cristoph, que vive en Lima y además ya lo había hecho hacía unos años, resultó ser un gran compañero de caminata y me ayudó mucho en todo momento.

Comenzamos a caminar tan contentos con el cielo un poco nublado. Tras un par de horas comenzó a lloviznar y ya no pararía hasta la mañana siguiente. Cada cierto tiempo encontrábamos barro en el camino y era como un Tetris: mirando el tema para ver dónde pisar para pasar. Algunas veces se podía evitar meter la zapatilla, otras no. Eso sí, el paisaje espectacular mientras podíamos disfrutarlo cuando la lluvia nos daba un respiro. Decenas de cascadas nos abordaban a ambos lados de la angosta garganta que íbamos atravesando.

Tras 8 horas de caminata acampamos en Llamacorral y tan sólo nos dio tiempo a cocinar pasta con tomate y atún y a cenar a la tienda porque ya llovía. Siguió toda la noche.

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Día 2: Llamacorral – Taullipampa


Como un milagro no esperado amaneció bien y salimos contentos por el sol. Bueno, pues parece que el sol no estaba contento con nosotros y a eso de las 11 a.m. nos abandonó y ya no volvió hasta 2 días más tarde.

En el camino nos encontramos unas lagunas preciosas, cascadas, desfiladeros… Un paisaje increíble. Esta vez menos barro, hasta que llegó el momento cumbre del día. Algo que podríamos titular: “pisando mierda desesperadamente”.

Llegaba un desvío en una pradera inmensa, con sus vaquitas y tal. Quique nos avisaba en su crónica que teníamos que dejar el río a la derecha y no seguir el camino del ganado. Si no, después cruzar el río para volver al lado izquierdo sería misión complicada. Así que, éso hicimos. Quique comentaba que tendríamos que quitarnos las botas por unos segundos para pasar por el primer tramos con agua. Si fueron unos segundos: concretamente fueron 3000 segundos!.

Cincuenta minutos con los pies descalzos pisando la pradera, que en otro tiempo sería de tierra firme, pero que al final de la temporada de lluvias no era más que un auténtico pantano. Para mas inri del hedor eterno (para los no cinéfilos, que se miren en alguna web de cine el título “Dentro del laberinto” con David Bowie).

Nos quitamos las zapatillas y comenzamos a pisar hacia el lado izquierdo. Era una mezcla de hierba, vacas, barro, agua y mierda…mucha mierda. De vaca, cabra, saltamontes…ché, ¡lo que sea!

Todo estaba permitido mientras fuera mierda. Al principio el agua estaba fría pero después de 5 minutos nos parecía hasta templada. Lo malo del barro es que no sabíamos cuán profundo era y, aunque en general era de poca profundidad, hubo un par de veces que nos bloqueamos y tuvimos que meternos hasta la rodilla. En cuanto al tema escatológico: al principio lo esquivábamos, pero era imposible, estaba por todos lados, así que pisamos heces como quien anda por la playa de San Juan de Alicante (que no la del Postiguet, que sería más parecido): y tan felices.

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Poco después comíamos riéndonos recordando el episodio. Aún no llovía. Seguimos caminando y se puso a llover. Otras 8 horas de trekking diario y acampamos a los pies del Taullajiru, o éso decía la gente, porque cuando llegamos con la niebla no se veía ni a 100 metros. Cocinamos bajo el techito de la tienda, cenamos y nos pusimos a dormir a las 8 mientras oíamos la lluvia caer. Había varias tiendas más allí, pero con la noche tan buena que hacía no se organizó ni partidita de dominó ni veo, veo ni nada. Así que Casimiro hizo acto de presencia a las 19.59 y todo el mundo a sobarla, o lo que fuera, porque a 4.200 metros y con lluvia hacía un frío de mil demonios y todo el mundo en posición fetal para retener calor en la tienda.

Día 3: Taullipampa – Algún lugar antes de Huaripampa


Conseguí dormir algo y a la mañana siguiente salimos a las 6.30 a.m. porque los guías nos dijeron que era la mejor hora para no pillar lluvia en la subida al paso de Punta Unión, a 4750 metros y lugar cumbre del trekking.

Aquí sí que os digo: MERECIÓ LA PENA. ¡Qué vistas teníamos! desayunamos mirando embobados las montañas que la noche anterior no habíamos podido ver y emprendimos la marcha con ilusión. Fue el día más duro.

Subimos de 4.200 a 4.750 metros en 2 horas y media. Las vistas desde arriba eran increíbles y éramos los primeros de todo el campamento en pasar por allí. A una hora de la cima empezaron las primeras nieves y al final la cosa se complicó. Estábamos pisando en nieve, el camino era más difícil de seguir y el frío empezaba a pegar fuerte. Además, el esfuerzo se notaba más por la altitud. Yo soporté el tema muy bien en cuanto a dolores de cabeza u otros síntomas, pero está claro que la respiración no es la misma. Así que subí como el bus de la Uni: parando a cada poco.

Al llegar al paso no pudimos disfrutar mucho de las vistas porque la lluvia hizo acto de presencia. El descenso fue el único punto del trekking en el que sentí algo de miedo. Al otro lado del paso había más nieve que en el ascenso y resulta que se hacía sobre escalones estrechos por unos 40 metros. Bajamos con manos y pies casi.

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Los dedos se me congelaron por unos minutos pero en media hora estaban como nuevos. Bajaba como las tortugas pero con un caparazón aun mas pesado. Ahí maldije los kilos de más que llevaba en la mochila. Finalmente, conseguimos bajar sin sobresaltos y a seguir bajando sobre una lluvia inclemente. Pudimos comer bajo un poco de sol (10 minutos) y seguimos por barro y lagunas hasta una laguna que nos pareció buen lugar de acampada. Llegamos a las 5 de la tarde y llovía cántaros. Cocinamos de nuevo a cubierto y cenamos rápido en mi tienda y a intentar dormir sin mucho éxito debido a la humedad que se filtró a la tienda.

Día 4: Algún lugar antes de Huaripampa – Vaquerías

El último día fue mucho más leve, pasando por aldeas con niños a los que les dí mis caramelos y galletas y salieron corriendo chillando para compartir con sus hermanos.

Después iniciamos una última subida por hora y pico para llegar al pueblo de Vaquerías. La sensación fue algo así como cuando España ganó la Eurocopa este verano. Christoph y yo disfrutamos al sol de un zumo de naranja y enseñábamos a un niño -Jordi, se llamaba, por cierto- mientras esperábamos el taxi (sí, compartido con cinco, sí…) que nos llevara a Huaraz. En el camino pinchamos pero ya todo estaba bien.

Habíamos llegado sano y salvos y por fin podríamos descansar.

Siendo sincero: nunca más me subo a la montaña en época de lluvias. El paisaje era estremecedor, bellísimo, pero no lo pude disfrutar más de la mitad del tiempo, y eso no llena. Eso sí, si amas la aventura: ésta claramente lo fue.

Bueno, ahora ya tenéis dos versiones del mismo trekking en viajablog: la mía y la de Quique. ¿Sabrías indicarme cuáles son las siete diferencias?.

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Una respuesta
  1. Quique 15 abril 2009